Extrema derecha, la nueva vieja amenaza de Europa

MUNDO: Los discursos nacionalistas y radicales de los partidos de extrema derecha promueven intolerancia, sentimientos xenófofos y rechazo a las minorías étnicas. ¿Por qué Europa despierta esta vieja amenaza?

Tamara Fariñas R.

Miembros de Amanecer Dorado realizando el saludo nazi. El tercero por la izquierda es el secretario general de la organización, N. Michaloliakos. Fuente: Ethnos.gr.

Desde que comenzó la gran crisis económica en 2008, Europa se ha vuelto a encontrar con una vieja amenaza conocida, de la que no había oído hablar hacía tiempo. La extrema derecha está alcanzando posiciones muy privilegiadas en muchos países europeos, posición que va desde el ámbito social hasta el político y que afectan, no sólo a la agenda gubernamental sino que, en muchos casos, también a la vida diaria. No son pocos los países del continente que están viendo cómo viejas formaciones políticas,  o nuevas organizaciones basadas en otras ya desaparecidas, están obteniendo una representación en los gobiernos de diferentes países más que significativa.

¿De qué extrema derecha estamos hablando?

La década de los ochenta vino acompañada de la aparición de lo que Aitor Hernández-Carr considera una «ola populista» de extrema derecha muy fuerte. Este populismo de derecha radical ha tenido durante mucho tiempo como cuestión central la inmigración, y a pesar de que no se ha desarrollado en todos los países europeos, como en Portugal, sí lo ha hecho en muchos de ellos, alcanzando cotas de influencia muy altas. La nueva extrema derecha europea se conforma en organizaciones que, según autores como Ivo Hernández o Héctor Hurtado, invocan continuamente al «referente de “pueblo”, a la “comunidad” y a la propia “nación” como supuestos elementos centrales de sus discursos y políticas». Esto hace que se promuevan actitudes de intolerancia, sentimientos de nacionalismo xenófobo y un férreo rechazo a las minorías étnicas.

Nativismo: los Estados deberían ser habitados exclusivamente por miembros del gurpo nativo, es decir, por «la nación». Todo elemento no-nativo es una amenaza para el país. C. Mudde.

En una etapa en la que los procesos de globalización estaban teniendo gran intensidad como eran los ochenta, en Europa comenzaban a germinar fuertes grupos políticos que, en contra de estos procesos de desplazamiento de límites territoriales y desaparición de fronteras, buscaban el endurecimiento de las políticas de inmigración. A pesar de que estas formaciones son sustancialmente diferentes, todos coinciden en el eje central de su discurso, y que es lo que el politólogo neerlandés Cas Mudde denomina «nativismo»: la idea de que los Estados deberían ser habitados exclusivamente por miembros del grupo nativo, es decir, por «la nación», y que todo elemento no-nativo, sea persona o idea, es una amenaza para el país. Este nativismo se ha visto expresado en los diferentes partidos políticos de extrema derecha en Europa de diferentes maneras.

La mayor parte de los partidos de corte nacional-populista asentados en los gobiernos europeos consideran su mayor problema la inmigración. La ola de flujos migratorios de la época de los ochenta causada, en gran medida, por los conflictos sociopolíticos del Tercer Mundo es la base discursiva de la extrema derecha europea, por lo que los acontecimientos que estas formaciones consideran el inicio de todos sus problemas son los procesos de globalización. Gracias a ello, muchos partidos ultra del viejo continente disfrazan sus programas políticos con una retórica antiglobalización, la cual favorece su percepción entre la ciudadanía. Otros partidos son menos sutiles a la hora de demostrar su posición y sus programas están plagados de políticas basadas en la expulsión de minorías extranjeras y en la creación de fronteras capaces de evitar la entrada masiva de inmigrantes, considerados por los ultraderechistas como la causa de todos los males de la nación. Así pues, el miedo a lo ajeno, a lo desconocido o, en este caso a lo extranjero, se utiliza como base para la creación de discurso de la inseguridad ciudadana causada por el inmigrante. Otras cuestiones que se utilizan en este mismo sentido suelen ser la violencia o la delincuencia, creando una alarma social que termina por percibir a las minorías inmigrantes como las causantes de los disturbios. La cuestión xenofóbica no siempre se muestra de la misma manera, ni hacia el mismo colectivo; aunque uno de los puntos en los que más coinciden las formaciones de extrema derecha es la islamofobia, no siempre se decantan estos organismos por escoger a este chivo expiatorio, como ocurre por ejemplo, en Hungría, donde la minoría hacia la que apuntas las políticas de exclusión y expulsión es la etnia gitana.

¿Qué está ocurriendo en Europa?

La extrema derecha ha entrado en los gobiernos europeos con mucha fuerza en los últimos años. Aunque en la actualidad el caso más preocupante es el de Grecia, no es éste un caso aislado.

Líder de Los Verdaderos Finlandeses, Timo Soini. Fuente: Reuters.

Líder de Los Verdaderos Finlandeses, Timo Soini. Fuente: Reuters.

A pesar de que en el sur de Europa están siendo preocupantes los resultados electorales, es necesario recordar que la extrema derecha en Portugal es minoritaria, ya que el Partido Nacional Renovador ha estado siempre por debajo del 1% de los votos, y que en España las diferentes formaciones de extrema derecha como España 2000 o Alianza Nacional tampoco tienen suficientes votantes. En España en particular, el voto de la extrema derecha lo suele absorber el Partido Popular. En Italia toma fuerza la Lega Nord, que promueve la creación de un delito de inmigración clandestina y que obtuvo en las últimas elecciones cerca del 10% de los votos, dándole un alto número de escaños. Amanecer Dorado (Χρυσή Αυγή) en Grecia obtuvo 18 diputados en las últimas elecciones legislativas helenas, una cifra peligrosa aunque más baja que la anterior (21 diputados en los anteriores comicios, también en 2012, que se tuvieron que repetir tras la imposibilidad de la creación de un Gobierno). El Hrvatska stranka prava croata (Partido por los Derechos), prohibido durante la etapa comunista, sigue teniendo una baja representación, pero al superar el 2% de los votos en las últimas elecciones, consiguió sentar a un parlamentario en su Gobierno.

El Српска радикална странка o Partido Radical Serbio, que en 2003 ya había conseguido más de un 25% de los votos, y que en 2007 fue el partido más votado del país, lucha por lo que llama una Gran Serbia y en Hungría, el Movimiento por una Hungría Mejor (Jobbik Magyarországért Mozgalom) está dando mucho que hablar, con sus políticas en contra de los gitanos y, sobre todo, por la propuesta de creación de una lista de judíos que pudieran ser peligrosos para la seguridad nacional. Hungría ya había sido sancionada por la FIFA por promover actitudes y gritar cánticos antisemitas desde las gradas de su estadio.  Suiza y Austria tampoco se quedan fuera de esta ola de extrema derecha que asola el continente europeo; Austria lo hace con más de 50 escaños repartidos en dos partidos y Suiza, con 54 consejeros del Partido Popular de Suiza (Schweizerische Volkspartei).

A pesar de ser a los que menos atención se les prestó hasta el pasado 2011, los nórdicos están a la cabeza en fortaleza política de extrema derecha. Finlandia consiguió con los Perussuomalaiset o Verdaderos Finlandeses casi un 20% de los votos colocándose como tercera fuerza política; Suecia, con poco más de lo necesario para obtener representación política, sentó a 20 parlamentarios del Sverigedemokraterna (Demócratas Suecos) en el Gobierno y Dinamarca, con más de un 13% de los votos convierte al Partido Popular Danés (Dansk Folkeparti) en el tercer partido más votado. Noruega, con casi un 23% de voto a la extrema derecha, empezó a estar en el punto de mira de las informaciones internacionales después de que en 2011 un exmilitante del Fremskrittspartiet o Partido del Progreso, la extrema derecha noruega, asesinara en la isla de Utøya a 77 personas, en su mayoría adolescentes de las juventudes del Partido Laborista y bombardeara el centro de Oslo.

La extrema derecha avanza, sin cesar, según la crisis va haciendo mella en la sociedad europea. Sin lugar a dudas, una vieja amenaza que el continente ya conocía y a la que, después de mucho tiempo, debe volver a enfrentarse.

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