Habemus Papam 1

Álvaro M. Barea Ripoll

DNIOPINIÓN: Si bien es pronto para analizar el papel de Jorge Mario Bergoglio al frente de la Iglesia de Roma, su carrera eclesiástica hasta la fecha nos da pistas de lo que probablemente sea el estilo de su papado. El perfil provisional del nuevo Papa se asemeja bastante al de Juan Pablo II.

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La elección del argentino Jorge Mario Bergoglio como nuevo Papa debe verse más allá de la clave nacional o regional. Si bien es el primer americano designado supremo pontífice de la Iglesia católica –que no el primer no-europeo, puesto que los primeros papas fueron realmente asiáticos—, la designación del nuevo Francisco I responde más al perfil del propio candidato que a su procedencia. Es un guiño a Latinoamérica, de donde son el 42% de los católicos del mundo, pero el cardenal Odilo Scherer estaba mejor posicionado para ocupar la silla de Pedro al liderar la diócesis más numerosa del país con más católicos del mundo. La elección de Bergoglio no responde tanto a un interés estratégico sobre América Latina –en un intento por frenar el avance del evangelismo que lleva tiempo ganándole terreno al catolicismo en esta región— sino a una realidad del catolicismo hoy en día.

Hace varias semanas nos preguntábamos en esta misma revista si la decisión del Cónclave iba a suponer un giro importante para la Iglesia. Ciertos vaticanistas plantean al nuevo Papa como un progresista moderado, pero es pronto para aseverar con hechos el estilo de papado que va a desempeñar Francisco I. Aun así, su carrera eclesiástica en Argentina hasta la fecha puede darnos alguna pista y, en este sentido, la oposición del clero argentino en años recientes a la promulgación de leyes como el matrimonio homosexual o el aborto lleva a pensar que la posición ideológica del nuevo Papa no es mucho más progresista que la de sus dos últimos antecesores, que mantenían la misma posición al respecto. De momento no resultaría osado plantear que va a darse un continuismo teológico –como por otra parte es de esperar en una institución con una historia tan extensa como la Iglesia católica— con alguna concesión en ámbito social, posiblemente relajando el papel de las conferencias episcopales nacionales en el proceso político de toma de decisiones en algunos países. Por otro lado, el nuevo Papa ya ha dado muestras de conexión con los fieles y de soltura en cuanto a imagen pública se refiere en apenas 24 horas de papado. Es por ello que podemos afirmar que la elección de Francisco I supone a priori una vuelta al estilo Wojtyla, sintetizando una imagen carismática del santo padre con una línea teológica lejana a aventurismos teológicos.

En el ámbito interno de la Iglesia, en los próximos tiempos resultará de gran interés –y de gran dificultad debido a la opacidad de la institución— estudiar la relación del nuevo Papa con las órdenes neoconservadoras del catolicismo. No hay que olvidar que Francisco I es el primer jesuita designado Papa y que los jesuitas, junto con los franciscanos y los benedictinos –las llamadas órdenes religiosas clásicas—, han ido perdiendo peso e influencia en el seno de la Iglesia a favor del creciente poder –fomentado desde la Santa Sede— de nuevas órdenes como el Opus Dei, el Camino Neocatecumental, los Legionarios de Cristo o Camino y Liberación; todas ellas con una línea ideológica conservadora o muy conservadora. Si bien las obligaciones de Francisco I son para con toda la Iglesia a partir de ahora, no sería descabellado pensar que intentará re-equilibrar la balanza mediante un trasvase de influencias desde las órdenes neocon a las órdenes clásicas.

Los retos del nuevo Papa son claros; están establecidos desde el día en que su antecesor –el ahora Papa emérito Benedicto XVI— anunciara su renuncia. Parece ser que cumple con el carisma y con la dosis suficiente de continuidad que se buscaban para retomar el alcance que tuvo Juan Pablo II; el tiempo dirá si Francisco I tiene la voluntad  y la capacidad de acabar la tarea de limpieza y reorganización interna que su antecesor directo –Benedicto XVI— comenzara.

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Un Comentario

  1. El nombramiento de un Papa argentino que apoyo la dictadura en su país, es un intento por controlar los gobiernos de izquierda en la región; en las filtraciones de Wikileaks ya se revelaron los acercamientos entre el Vaticano y el gobierno de Bush por este tema: “Sandoval nos repitió lo que algunos de nuestros interlocutores en el Vaticano están apuntando como preocupaciones sobre líderes de la izquierda de América Latina, Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Néstor Kirchner, Michele Bachelet, y tal vez López Obrador en México. Lo considera una tendencia peligrosa y nos preguntó si el presidente Bush podía ayudar”

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