Conflicto de Corea: geopolítica, geoestrategia e imaginario 6

MUNDO: El contencioso geopolítico que desde hace más de 60 años enfrenta a las dos Coreas no sólo es clave para comprender los códigos geoestratégicos de los seis Estados participantes y el imaginario geopolítico que subyace detrás de ellos, sino que su análisis nos permite también observar las relaciones de poder existentes y el rearme que se ha producido en la zona a lo largo de las últimas décadas, el cual puede constituir una seria amenaza para la estabilidad política y militar en la región Asia-Pacífico.

Miguel Candelas Candelas

El paralelo 38 divide a los coreanos y marca la frontera del último conflicto de la Guerra Fría. Fuente: Alternavox

Las últimas noticias procedentes de la Península Coreana (maniobras militares conjuntas entre Corea del Sur y Estados Unidos, nueva prueba nuclear de Corea del Norte, escalada verbal de los gobiernos de ambos Estados, recomendación norcoreana de retirada de embajadores extranjeros de Pyongyang) parecen apuntar a un claro aumento de la tensión entre Corea del Norte y Corea del Sur. Sin embargo, lo cierto es que dicha tendencia se produce en la región desde los últimos años, en los que se ha producido un rebrote de las hostilidades con especial virulencia entre las dos Coreas debido a motivos que obedecen a los movimientos que se han producido tanto en Seúl como en Pyongyang. Además, la muerte del líder supremo norcoreano Kim Jong Il en diciembre de 2011 y la posterior entronización del heredero Kim Jong Un (de tan sólo unos 30 años de edad), unida a los ensayos nucleares y a las pruebas de misiles ICBM (Intercontinental Balistic Misiles) realizadas por su cúpula militar, revitalizan de nuevo el conflicto y lo sitúan en primer plano de la actualidad en materia de seguridad internacional. Por ello, resulta oportuno ahondar en los códigos geopolíticos de cada uno de los Estados involucrados en el contencioso, en aras de prever su posible comportamiento, no sólo en los próximos meses, sino también a medio y a largo plazo, en un conflicto que dura ya más de medio siglo y tiene todas las papeletas para proseguir a lo largo de muchos años más debido a la posición geoestratégica que ocupa Corea en el globo, según las estrategias de seguridad nacional de las principales potencias.

Brzezinski y el imaginario geopolítico dominante

Según la concepción geopolítica crítica de John Agnew[1], los códigos geopolíticos de los principales Estados están influidos por la denominada imaginación geopolítica moderna, una construcción social de las relaciones espaciales marcada por el determinismo geográfico y la teoría realista. Esta teoría, cuyos orígenes epistemológicos van desde Maquiavelo a Hobbes, pasando por Morgenthau o por Kennan, concibe el planeta como un espacio geográfico cerrado (a modo de tablero de juego) en el que compiten los Estados en una situación de anarquía internacional, y cuyo comportamiento por ende es egoísta y racional. Buscan siempre el aumento del poder o la simple supervivencia, por lo que dichos postulados son escépticos respecto a la cooperación internacional y al papel que desempeñan las organizaciones íntergubernamentales, concibiéndolas los Estados únicamente como instituciones para utilizar en su propio beneficio a costa de los demás. En el ámbito de la geopolítica, dos son los principales autores que han contribuido a la extensión de dicho imaginario, creando dos modelos geopolíticos (en realidad uno heredero del otro) que hoy en día influyen en el comportamiento de los Estados: el modelo geopolítico de Mackinder y el modelo geopolítico de Brzezinski.

Para Mackinder[2], la historia geopolítica de la humanidad era la historia de la lucha entre una potencia marítima amenazada y una potencia continental dominante, en una concepción eurocéntrica y civilizatoria en la que Asia es vista siempre como una amenaza para Occidente (persas, árabes, mongoles, otomanos, rusos, etc). Cita1 Para Brzezinski[3] (autor neo-mackinderiano y que sigue esencialmente la misma lógica maniquea), el orden mundial sigue disputándose entre una potencia marítima dominante (que controla el cinturón exterior de poder), y la amenaza proveniente de la gran mole continental euroasiática, si bien se distingue de Mackinder en que no limita dicha amenaza a un solo Estado, sino que considera que existen unos “jugadores estratégicos dinámicos” que aspiran a ampliar su esfera de influencia en la política mundial. Así pues, Brzezinski destaca dos tipos de jugadores claves en la geopolítica mundial (relacionados únicamente con Estados, lo que también nos muestra que sigue un enfoque de realismo político dentro de las relaciones internacionales): los jugadores estratégicos dinámicos y los pivotes geopolíticos. Los primeros, son los Estados anteriormente mencionados, que poseen poder y recursos y tratan de aumentar su esfera de influencia a costa de otros Estados, mientras que los segundos constituyen Estados que no ostentan un gran poder, pero cuya situación geográfica, estratégica y privilegiada los hace codiciados para los jugadores dinámicos, y si basculan de uno u otro lado, pueden provocar una desestabilización del sistema mundial y una reconfiguración del orden geopolítico. Seguidamente, Brzezinski ofrece una lista detallada de ambos tipos de jugadores, en los que observamos de nuevo una visión dual con respecto al antagonismo entre Estados Unidos y Eurasia, ya que los jugadores estratégicos dinámicos (los que Estados Unidos debe considerar como una posible amenaza) son Francia, Alemania, Rusia, China e India, es decir, los cinco grandes Estados euroasiáticos.  En cambio, considera que Gran Bretaña, Japón e Indonesia no tienen pretensiones de derivar en dinámicas ofensivas. Por su parte, los pivotes geopolíticos son Ucrania, Azerbaiyán, Turquía, Irán y Corea, los cuales garantizan la estabilidad y suponen un “muro de contención” hacia las amenazas a la hegemonía (imperio chino, alianza euro-rusa, fundamentalismo islámico, etc).

Construcción histórica del conflicto de Corea

Respecto al conflicto que nos ocupa, la teoría realista siempre ha justificado la crisis de Corea utilizando una perspectiva historicista, analizando cómo desde el siglo XVI las potencias han luchado por su dominación. El primer ejemplo puesto es el de Toyotomi Hideyoshi, shogun de Japón a finales de aquel siglo, que tras unificar el país trata de invadir Corea para extender el dominio nipón aprovechando su supremacía marítima en el mar de Japón, obtenida gracias a los avances náutico-tecnológicos mostrados por los misioneros cristianos hispano-portugueses llegados a las costas de Kagoshima décadas antes. Ante esta amenaza, el poder reinante en Corea, la dinastía Joseon, no tiene más remedio que convertirse en reino vasallo de China, la otra potencia regional dominante, para defenderse de la agresión de Toyotomi y mantener una precaria independencia formal. Dos siglos más tarde, Corea se encuentra de nuevo en la disputa entre ambas potencias, que se enfrentan en la Guerra Chino-Japonesa de 1894. Un año más tarde, se firma el Tratado de Shimonoseki, acuerdo en el que Japón certifica su victoria obteniendo el control de la Península Coreana (formalmente anexionada al territorio nipón en 1910). Es  justamente a partir del dominio de dicha base peninsular cuando Japón inicia su gran expansión imperial por el continente asiático, que le llevará a ocupar Manchuria, Indochina, Malasia y gran parte de la propia China continental. Curiosamente, justo hacía menos de 6 años que Mackinder acababa de publicar su modelo geopolítico, y era una época en la que las élites japonesas buscaban aprender de Occidente para usar sus conocimientos y teorías en su propio beneficio.

Más tarde, tras el final de la II Guerra Mundial, dos nuevas superpotencias (una continental y otra marítima) que emergen victoriosas de la contienda bélica se disputan el control de la Península Coreana con mucha vehemencia. Ya a comienzos de 1945 y ante la progresiva retirada de las tropas japonesas, EEUU (potencia marítima) y la URSS (potencia continental) dirigen sus tropas rápidamente hacia Corea para tratar de anticiparse a su adversario respectivamente, teniendo lugar la ocupación soviética del norte y la ocupación estadounidense del sur, en lo que constituye el nacimiento de las dos Coreas y el inicio del conflicto actual. Stalin crea en la zona la República Democrática Popular de Corea, estableciendo a Kim Il Sung como presidente, y EEUU hace lo propio con el territorio del sur, creando la República de Corea (Corea del Sur) y situando a Sighman Rhee en el poder, ambos regímenes dictatoriales, y estableciéndose el paralelo 38 como frontera. Como señala el historiador e internacionalista Juan Carlos Pereira[4], tras una serie de incidentes fronterizos Corea del Norte pasa al ataque e invade el sur, y EEUU lleva el contencioso al Consejo de Seguridad de la recién creada ONU para buscar una resolución rápida que le permita crear una coalición que repela el ataque, viéndose favorecida por la abstención del representante soviético.

La guerra que se desarrollará durante los siguientes tres años muestra de nuevo la influencia ideológica del modelo de Mackinder en la

Según Brezinski, los actores dinámicos (China y Rusia) podrían suponer una amenaza para la hegemonía de la potencia global (Estados Unidos) si le arrebatan el control de alguno de los pivotes geopolíticos (Corea). Fuente: Edición propia

Según Brzezinski, los actores dinámicos (China y Rusia) podrían suponer una amenaza para la hegemonía de la potencia global (Estados Unidos) si le arrebatan el control de alguno de los pivotes geopolíticos (Corea). Fuente: Edición propia

geopolítica práctica, con unos Estados Unidos (junto a sus aliados de la coalición) acantonados en la región meridional de Pusán, defendiendo desesperadamente ese último reducto continental, y cómo tras producirse el desembarco aliado en Inchon y el consiguiente viraje de la guerra con la pinza sobre Seúl y Pyongyang y la llegada de las tropas estadounidenses a las riveras del río Yalú (en la frontera con China), Mao Zedong entra en escena y envía nada más y nada menos que a un millón de soldados chinos para auxiliar a los últimos reductos de resistencia norcoreanos, y de este modo, ambos ejércitos comunistas reconquistan toda Corea del Norte y llegan incluso a tomar Seúl durante algunos meses, aunque al final perderán dicha ciudad. Con la firma del armisticio de Panmunjong a finales de 1953, ambos Estados retornarán a sus fronteras originales a ambos lados del paralelo 38, tras tres años de guerra. Como observamos, el hecho de que por una parte el general McArthur llegase a plantear a Truman la posibilidad de utilizar armamento atómico para conservar fuese como fuese su enclave surcoreano, y que por otra, Mao enviase un contingente de tal magnitud para defender el pequeño Estado norcoreano, demuestra cómo el control de la península involucró de manera completa a ambos bloques enfrentados en la recién iniciada Guerra Fría, que a pesar de sus diferencias ideológicas coincidían en un mismo imaginario geopolítico.

Tras la firma del armisticio (que dista mucho de ser una paz completa) no ha vuelto a haber un enfrentamiento militar abierto entre las dos Coreas, pero las potencias han implementado su capacidad militar y operativa. Tras la desintegración de la URSS, el final de la estabilidad bipolar de la Guerra Fría y la llegada del nuevo orden posterior a 1991, la lucha geopolítica en torno al pivote coreano queda conformada por los seis actores que anteriormente hemos plasmado en el mapa aplicado del modelo de Brzezinski.

El comportamiento de los seis actores principales 

Pasemos a continuación a analizar el comportamiento de dichos seis actores estatales principales: Corea del Norte, Corea del Sur, China, Rusia, Japón y Estados Unidos, así como sus dinámicas discursivas, atendiendo a sus códigos geopolíticos, sus estrategias con respecto al desafío nuclear y el papel que juegan en las Six-party Talks (como foro a seis bandas en el que se reúnen los susodichos Estados desde el año 2004). Sin lugar a dudas, el hecho de que cuatro de las nueve potencias nucleares existentes en el mundo pertenezcan a este bloque de potencias enfrentadas por el control y la influencia sobre la península coreana, hace que el conflicto se agudice entre los seis Estados.

1 – Corea del Norte:

El régimen de Pyongyang es sin duda el peor posicionado en  dicho contencioso, ya que se trata de un Estado residual en un orden geopolítico mundial capitalista, del mismo modo que el régimen de Franco fue un residuo del fascismo tras la II Guerra Mundial. Por ello, después de 1991 Corea del Norte trató de salir del aislamiento internacional estableciendo relaciones diplomáticas con otros Estados, y buscando soluciones a sus problemas de abastecimiento, para lo cual su programa de enriquecimiento de uranio obtenía un doble beneficio: por un lado se presionaba a otros Estados como Japón para que enviasen suministros (programa KEDO), mientras que por otro se lograba obtener el poder de disuasión militar ante un eventual ataque. Sin embargo, en el año 2002 la administración Bush se posicionó totalmente en contra de su programa de enriquecimiento de uranio, incluyendo al régimen de Pyongyang en el denominado “Eje del Mal”, a lo que Corea del Norte respondió retirándose del Tratado de no Proliferación Nuclear (TNP) en 2003. De este modo tuvo vía libre para intensificar su programa atómico, libre de restricciones internacionales, el cual terminó de eclosionar en 2006 con la realización de su primer ensayo nuclear. Más tarde, las pruebas de misiles Taepodong-2 en 2009, el hundimiento de una corbeta surcoreana en 2010 el intento de poner en órbita el satélite Kawangmyongsong-3 en mayo de 2012 y la nueva prueba nuclear de febrero de 2013 han venido a confirmar dicha nueva dinámica, y como ante las invasiones occidentales de Irak o Libia, la mejor solución para salvaguardar la independencia es hacerse con un arsenal nuclear, combinándolo eso sí con una política de plazos, para seguir buscando ayudas económicas puntuales. Del mismo modo, su situación de pivote en el imaginario geopolítico, le garantiza que China siempre seguirá manteniendo su independencia mientras Pyongyang siga ofreciéndole su estatus de Estado-tapón entre la frontera China y las tropas estadounidenses estacionadas al sur del paralelo 38.

2 – Corea del Sur:

El gobierno de Seúl durante los años de la dictadura de Rhee y sus sucesores obedeció a los códigos geopolíticos estadounidenses, que marcaban una posición rígida para los aliados dentro de la política de bloques de la Guerra Fría, pero a finales de los años 80, ante la perspectiva de que el bloque comunista caería, se produjo una transición a la democracia que dio lugar a nuevos gobiernos independientes que impulsaron la Sunshine Policy, entendida como la política de acercamiento hacia Corea del Norte, para tratar de buscar una posible futura reunificación (a modo de la Ostpolitik alemana de los años 70), la cual desembocó en la cumbre de Jefes de Estado en el año 2000 (Kim Dae Jung-Kim Jong Il), y en la que se retiraba a Corea del Norte del Libro blanco de amenazas, al tiempo que se producían reuniones militares en la isla de Jeju para hablar de la zona desmilitarizada y se reconectaban las vías de los ferrocarriles. Cita2Igualmente, Seúl planteó la autonomía militar para 2010, lo que sin duda suponía una grave amenaza para el mantenimiento del dominio estadounidense sobre el pivote geopolítico, y provocó que las relaciones bilaterales entre EEUU y Corea del Sur se enfriasen. Sin embargo, en las elecciones presidenciales de 2008 llegó al poder el conservador Lee Myung Bak con el apoyo estadounidense, provocando de nuevo el estrechamiento de lazos entre los dos países y la reapertura de las hostilidades con Pyongyang, hasta el punto de prohibir los libros de ideología izquierdista entre los militares surcoreanos bajo justificaciones de índole nacionalista. Dentro de esta línea conservadora, Che y Kang[5] señalan que Corea del Norte no va a iniciar inmediatamente una guerra contra Corea del Sur, pero supone una amenaza muy peligrosa para Corea del Sur y Occidente. Dentro de esta ideología conservadora y proatlantista, se insiste en la idea de que Seúl se encuentra solamente a 80 km de la frontera con Corea del Norte, de modo que la artillería norcoreana podría alcanzar fácilmente la capital, y una invasión terrestre situaría a los carros de combate en menos de una hora a las puertas de la ciudad, lo que contribuye a aumentar el miedo de muchos surcoreanos.

3 – China:

Para el realismo político, China (en plena expansión económica y militar) es el principal oponente de Estados Unidos en cuanto a su presencia en la Península de Corea se refiere. Por ello, es el principal soporte del aislado régimen de Pyongyang, y como se mencionó anteriormente, también lo habría sido en el pasado, respondiendo con contundencia en el momento en el que el Japón de Hideyoshi o los Estados Unidos de Truman trataron de dominar Corea y de aproximarse  a la frontera que marca el río Yalú. Según esta visión, el gobierno de Pekín habría sido el creador de las conversaciones a seis bandas sólo para buscar una salida pacífica para Corea del Norte que le permitiese sobrevivir, en una coyuntura en la que primero Afganistán (2001) y después Irak (2003) habían caído por oponerse a la geopolítica estadounidense, en los años de mayor virulencia de la política exterior de Bush. No obstante, el rearme nuclear de Corea del Norte sería una espada de doble filo para los intereses de China, ya que una escalada nuclear en la región (tanto Corea del Sur como Japón tienen suficiente tecnología y poder económico como para dotarse de la bomba) podría serle contraproducente. No obstante, sí que es cierto que esta dependencia de Corea del Norte con respecto a China sigue siendo palpable en la actualidad, al suponer el comercio de Pyongyang con Pekín más del 80% del total del comercio exterior norcoreano. Un claro ejemplo de esta dependencia lo encontramos en el hecho de que la cúpula militar norcoreana buscase la aprobación de China antes de nombrar heredero a Kim Jong Un, tal como señala Giné Daví[6].

4 – Rusia:

El segundo de los actores geoestratégicos dinámicos (según Brzezinski) es Rusia. Este país siempre habría buscado mantener una cierta influencia sobre el pivote geopolítico coreano.  El propio Kim Il Sung fue colocado por Stalin como gobernante títere, y tal como señala Sánchez Andrés[7], durante la etapa soviética las relaciones entre Moscú y Pyongyang fueron muy estrechas, y la URSS proporcionaba a Corea del Norte un 70% de la electricidad y un 50% de los productos químicos. Posteriormente, tras un enfriamiento de las relaciones tras el final de la Guerra Fría (y de lo que Pyongyang se resintió mucho en términos de suministros), el interés geoestratégico ruso hacia Corea se retomó en el momento en el que la Federación Rusa recuperó su protagonismo en la escena mundial, ya con Vladimir Putin en el poder. Rusia, en su faceta de actor geoestratégico dinámico, considera a Corea del Norte también como un muro de contención al poder hegemónico de Estados Unidos, y en los últimos años ha intensificado su relación bilateral con el pequeño país comunista, en aras de crear un gran bloque de poder continental que haga frente al poder exterior estadounidense. La Organización de Cooperación de Shanghai (OMC) que aglutina a Rusia y a China junto a las repúblicas de Asia Central, sirve como base justificadora a la teoría realista, que lo sitúa como el mejor ejemplo de cómo los actores geoestratégicos dinámicos buscan oponerse al poder de los EEUU, y en caso de Rusia, el intento de volver a influir sobre sus antiguos satélites.

5 – Japón:

Japón, cuyo dominio sobre la Península Coreana desapareció después de Hiroshima y Nagasaki, paradójicamente siguió beneficiándose de la confrontación por Corea entre las nuevas superpotencias emergentes, ya que las empresas japonesas se enriquecieron enormemente gracias a los tres años de contienda bélica. Además, como resultado de esta nueva geopolítica ideológica, EEUU incluyó a Japón como aliado (y ya no como enemigo vencido) dentro de su política de contención, posibilitando el inicio del denominado “milagro económico” japonés. Durante la Guerra Fría, la amenaza exterior que Japón percibía era la proveniente de la URSS, de modo que sus fuerzas de defensa se concentraron en la isla de Hokkaido esperando un ataque ruso desde la península de Sajalín, pero tras el ocaso soviético y el inicio del programa nuclear norcoreano, Japón (único país del mundo que ha sufrido un holocausto atómico) modificó sus códigos geopolíticos, y su política exterior derivó desde 1991 en una implementación de sus fuerzas de autodefensa, convirtiéndose en el quinto ejército más poderoso de Asia. Además, Japón es sin duda el país más beligerante frente al régimen de Pyongyang en las conversaciones a seis bandas, y el gobierno nipón ha desplegado en múltiples ocasiones su escudo antimisiles amenazando con derribar cualquier cohete procedente de Corea que sobrevuele su territorio. A pesar del programa KEDO (en el que Japón fue el mayor contribuyente) de ayuda humanitaria a Corea del Norte a cambio de que detuviese sus actividades nucleares, y de la cumbre de Jefes de Estado en Pyongyang (Koizumi-Kim Jong Il) en 2002, que abría una posible tercera vía nipona, Japón aún no ha normalizado sus relaciones diplomáticas con Corea del Norte, y el reciente lanzamiento del cohete Kwangyongsong-3, ha reafirmado aún más sus lazos con EEUU, por lo que dicha tercera vía parece poca plausible a tenor de los acontecimientos.

6 – Estados Unidos:

Y finalmente, para el imaginario político realista, Estados Unidos es la potencia que más se juega en la crisis de la Península Coreana, ya que según esta concepción el país de las barras y las estrellas debe conservar su supuesta hegemonía, la cual tiene que ver esencialmente con el control de los pivotes geopolíticos, entre los que como ya se ha señalado, se encuentra la República de Corea. De hecho, el país debe su propio nacimiento y existencia a la contraofensiva lanzada por las tropas estadounidenses durante la guerra, y se constituye como el enclave desde el que Estados Unidos puede contener las posibles alianzas de las potencias continentales dinámicas, y no en vano, tiene más de 20.000 soldados desplegados en territorio surcoreano. Por ello, Washington se ha opuesto frontalmente a la Sunshine Policy de 2000, y a los consiguientes acercamientos entre las dos Coreas, del mismo modo que mostró su disconformidad con la cumbre norcoreano-nipona de 2002, y vio con mucha desconfianza el establecimiento de la Organización de la OCS en 1999, como primer acercamiento entre China y Rusia, que ahora operan con objetivos similares en las conversaciones a seis bandas. Del mismo modo, según muchos autores realistas, la alianza japonesa con China no sería previsible a corto plazo pero sí que podría efectuarse a medio o largo plazo, avivando ese fantasma “continental-oriental” del que ya hablaba Mackinder para establecer una geopolítica maniquea. Como señala uno de estos autores, B. Reiss[8], la obtención del arma atómica por parte de Pyongyang obliga a que el gobierno de Obama vuelva a aplicar una política de disuasión y de contención, en la que la revitalización de las alianzas con Corea del Sur y Japón ha de ser fundamental. De nuevo, observamos como el modelo geopolítico de Brzezinski se utiliza para justificar la política intervencionista estadounidense.

Cuatro de los nueve Estados que poseen armamento nuclear en el mundo están directamente involucrados en el conflicto de Corea. Fuente: Reuters

Cuatro de los nueve Estados que poseen armamento nuclear en el mundo están directamente involucrados en el conflicto de Corea. Fuente: Reuters

En concusión, la crisis en la Península Coreana no sólo es un conflicto político circunscrito a los dos pequeños Estados coreanos situados al norte y al sur del paralelo 38, sino que también involucra a las 4 grandes potencias regionales de Asia-Pacífico. Sin embargo, el conflicto se ha intensificado artificialmente por parte de las estrategias de seguridad nacional de cada uno de los actores, al construirse una visión geopolítica de choque ineludible, una concepción que es parte intrínseca de la imaginación geopolítica moderna y del pensamiento dominante y hegemónico del realismo político. Del mismo modo, si tratamos de superar este imaginario, observamos cómo es probable que la escalada de la tensión obedezca a cuestiones más ocultas y subliminales, relacionadas con el deseo de las élites de reforzar su poder en el seno de sus propias sociedades, buscando eludir tal vez problemas de índole interior avivando el fantasma de un enemigo exterior. Y es que, como bien señala la sociología militar, el jefe en guerra se vuelve omnipotente sobre sus súbditos. Por consiguiente, no parece que en las mentes de los líderes políticos se encuentre la prioridad de buscar una solución definitiva y permanente al conflicto, ya que en términos de estrategia política parece que resulta más rentable mantener el contencioso en estado latente, con picos puntuales de tensión como en este momento. Lo que está claro, es que los coreanos llevan siglos sufriendo las consecuencias de una imaginación geopolítica que les sitúa como un goloso pastel a repartir entre grandes depredadores, tal como reza un antiguo proverbio del país: cuando dos ballenas se pelean, los que sufren son los camarones.

PARA MÁS INFORMACIÓN 

[1] AGNEW J. 2005: “Geopolítica: una re-visión de la política mundial”, Trama Editorial, Madrid.

[2] MACKINDER, J. H. 1999: “el pivote geográfico de la historia”, Geopolítica(s), Vol 1, nº 2, Pág 301-319 (original de 1904).

[3] BREZINSKI, Z. 1998: “el tablero euroasiático”, el gran tablero geopolítico mundial, la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégico, Paídos, Barcelona.

[4] PEREIRA, J. C. 2003: “1950-1953: la guerra de Corea”, La evolución de la guerra fría, Historia de las Relaciones Internacionales contemporáneas, Pág 435-436, Arial, Barcelona.

[5] CHA, D. V, KANG, D. D. 2003: “The Korean crisis”, Foreign Affairs, Vol 136, Issue 1, Pág 24-28, May/Jun.

[6] GINÉ DAVÍ, J. 2010: “Veleidades sucesorias en Pyongyang”, Centro español de investigaciones coreanas (CEIC), en http://www.uclm.es/area/fae/ceicws/seccion.asp?id=doc

7 SÁNCHEZ-ANDRÉS, A. 2010: “relaciones político-económicas de Rusia con la península de Corea”, Real Instituto Elcano, en http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/economia+internacional/ari124-2010

[8] REISS, B. M. 2009: “Corea del Norte y el nuevo paradigma de seguridad” Real Instituto Elcano, en http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/asia-pacifico/ari95-2009t

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    Las últimas noticias procedentes de la península coreana (maniobras militares conjuntas entre Corea del Sur y Estados Unidos, nueva prueba nuclear de Corea del Norte, escalada verbal de los gobiernos de ambos Estados, recomendación norcoreana de retirada de embajadores extranjeros de Pyongyang) parecen apuntar a un claro aumento de la tensión entre Corea del Norte y Corea del Sur. Sin embargo, lo cierto es que dicha tendencia se produce en la región desde los últimos años, en los que se ha producido un rebrote de las hostilidades con especial virulencia entre las dos Coreas debido a motivos que obedecen a los movimientos que se han producido tanto en Seúl como en Pyongyang. Además, la muerte del líder supremo norcoreano Kim Jong Il en diciembre de 2011 y la posterior entronización del heredero Kim Jong Un (de tan solo unos 30 años de edad), unido a los ensayos nucleares y a las pruebas de misiles ICBM (Intercontinental Balistic Misiles) realizadas por su cúpula militar revitalizan de nuevo el conflicto y lo sitúan en primer plano de la actualidad en materia de seguridad internacional. Por ello, resulta oportuno ahondar en los códigos geopolíticos de cada uno de los Estados involucrados en el contencioso, en aras de proveer su posible comportamiento, no solo en los próximos meses, sino también a medio y a largo plazo, en un conflicto que dura ya más de medio siglo y tiene todas las papeletas para proseguir a lo largo de muchos años más debido a la posición geoestratégica que ocupa Corea en el globo, según las estrategias de seguridad nacional de las principales potencias.

  2. Corea del Norte salvo sus relaciones con China tiene un enfoque realista. Los estados bajo este sistema buscan sin descanso el poder y la seguridad, ya que existen en un sistema de auto-ayuda. Buscan seguridad, prestigio y, sobre todo, la autonomía, porque en un mundo en el que nunca se puede confiar en nadie, nadie quiere ser interdependiente
    Los liberales creen en la interdependencia, piensan que es el camino a la paz, pero los realistas tienden a ser muy escépticos acerca de la interdependencia, por qué ? ¿quién quiere ser mutuamente dependientes en un mundo que es muy peligroso ?. El amigo de hoy puede ser el enemigo de mañana. No hay policía, no hay un gobierno mundial; todo el mundo vela por si mismo.

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