El conservadurismo de Castilla y León

Sergio Plaza Cerezo

Castilla y León, que ocupa una amplia meseta en la mitad norte de la Península Ibérica, ha sido feudo tradicional de la España más conservadora. Benito Pérez Galdós situó la trama de “Doña Perfecta” dentro el mundillo encorsetado y asfixiante de la capital de provincia. Tal vez se trate de su novela más inquietante, editada en los inicios de la Restauración. La película “Calle Mayor” (1956) vuelve a dicho escenario en la España franquista. Calle arriba, calle abajo era distracción principal de las fuerzas vivas. 

A pesar de la que ha caído, desde la consolidación de la democracia hasta Almodóvar, algunas cosas apenas han cambiado. La proximidad de Madrid convierte a Segovia en ciudad bipolar. Cuando los turistas se han marchado, los matrimonios maduros pasean por la calle Real a la caída de la tarde. La diferencia estética, marcada por rasgos como llevar el pelo largo, puede convertir al diferente en objeto de miradas. La convivencia con “el otro” es desafío principal en un mundo global; pero la tolerancia siempre resulta mayor en las grandes metrópolis.

El tañido de las campanas se escucha a todas horas, cual recordatorio del Antiguo Régimen. ¿Las ciudades se quedan ancladas en su periodo histórico de esplendor? El siglo XVI, con su industria textil y hasta nombre propio en francés –Segovie-, en el caso de Segovia, donde los aires de la Revolución Francesa tardaron en llegar. Los colegios religiosos –que forman duopolio- están omnipresentes en la conversación local; y, los temas hablados forjan sentido de comunidad. 

El éxito electoral de Vox en las elecciones a procuradores en Cortes de Castilla y León (2022), con un 17.6 por ciento de los sufragios, ha devenido en acceso de la extrema derecha a un gobierno autonómico, por primera vez en la historia de la democracia española. El Partido Popular (PP), fuerza de centro-derecha más votada, ha dado el plácet al percibir un coste electoral mínimo: el grueso de sus votantes no se oponía al matrimonio de conveniencia. 

Antes de tomar posesión como vicepresidente de la Junta, Juan García-Gallardo fue interrogado acerca del rechazo de Vox a la legislación sobre memoria histórica. Su respuesta, propia de otra época, exhibió tintes surrealistas: una llamada a pensar en aquello que “unía” a la ciudadanía, como el cuarto centenario de la canonización de Santa Teresa de Jesús. Me pregunto si el joven mandatario conoce la relación necrófila de Francisco Franco con el brazo incorrupto de Teresa de Ávila, guardado en su dormitorio del palacio de El Pardo durante muchos años. A partir del sesgo ideológico hacia la extrema derecha, el vicepresidente ya acumula varias declaraciones polémicas durante sus primeras semanas en el cargo. 

El conservadurismo innato de Castilla y León tiene raíces históricas y antropológicas. Los reyes medievales concedieron pequeños lotes de tierra y otras prebendas a los repobladores establecidos en la frontera con Al-Ándalus. Estos antecedentes explican dos consecuencias: la mentalidad de propietario, definitoria del campesino castellano; y el asociacionismo, heredado de la necesidad de cooperación entre vecinos para sobrevivir en medio hostil –y montañoso en ocasiones–. Castilla y León no es territorio para lucha de clases; por el contrario, la patronal enfatiza la baja conflictividad laboral como ventaja para invertir en la región. El control aristocrático de la repoblación anuló dicho igualitarismo en la parte meridional del país.  

Si en país guerrero aparecieron los “caballeros villanos”, el espíritu del hidalgo sobrevuela: una pequeña actividad por cuenta propia otorga aureola de “empresario” con mayúsculas. Los trabajadores autónomos que proliferan son epígonos del campesino con tierras. Sanabreses y segovianos casi monopolizaban el negocio del taxi madrileño, si bien se han ido jubilando. Los primeros, tan asociativos como sus vecinos gallegos, han liderado los tentáculos del poderoso grupo de presión vinculado al sector. Las conexiones de esta diáspora incluían las casas de comidas, actividad ligada a emigrantes de Sanabria en la capital. Algunos bares con horarios de cierre tardíos, regentados por estos paisanos, actuaban como imán para taxistas. Las emisiones radiofónicas eran compañeras en la soledad del vehículo: Luis del Olmo, ya retirado, leonés y conservador, habría sido su locutor preferido.

El PP siempre gobierna en el ejecutivo autonómico con sede en Valladolid. En amplios estratos de una sociedad gregaria, se trata del partido de “los de aquí”, algo parejo a lo que ocurre con el Partido Nacionalista Vasco (PNV) en la Comunidad Autónoma Vasca. Las redes clientelares favorecen la continuidad de un modelo donde resultan relevantes ciertas entelequias: las nueve diputaciones provinciales de Castilla y León. Se trata de instituciones herederas de la España descrita por Ortega y Gasset en su obra titulada “La redención de las provincias”. 

La política de cordón sanitario frente a la pandemia por covid-19 ha resultado severa en una comunidad autónoma muy envejecida. El acceso a Madrid quedaba vetado por cierre perimetral excesivo y distópico, algo que no ocurría desde la Guerra Civil Española, cuando las montañas del Sistema Central se erigieron en frontera entre la capital –republicana- y los extremos de Castilla y León –dentro de la que los militares sublevados llamaran “zona nacional”-. ¿Una metáfora del muro de Trump? El reflejo de cierto miedo subliminal a Madrid, conducto por donde acceden vientos de globalidad e inmigración. De forma irónica, se decía a los pies del acueducto romano que Madrid es un pueblo de Segovia, desde ciertas remembranzas medievales. 

La dualidad centro-periferia emerge en el interior de España; y conlleva resquemores. Castilla y León, con apenas 2.4 millones de habitantes y extensión superior a Portugal, simboliza la “España vacía”, temerosa ante la globalización, que expulsa capital humano. Muchos jóvenes cualificados identifican Madrid, metrópolis global que atrae talento, con un paquete completo: estudios de postgrado y empleo cualificado.  

Sergio Plaza Cerezo

Profesor de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, donde imparte
docencia de postgrado en dos programas de Máster: Análisis Político y Comunicación Social.

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