El chavismo ¿en la unidad de cuidados intensivos? 1

MUNDO: Con su principal líder en extrema gravedad y la incertidumbre de una sociedad venezolana que demanda respuestas efectivas e inmediatas, el movimiento chavista vive su momento más complejo a la espera de un sombrío desenlace.

Sebastián Anich Jadue

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El presente de la revolución

El comandante Hugo Chávez Frías, de 58 años, militar y Presidente de Venezuela hace 14 años, se mantiene en estado grave producto de una insuficiencia respiratoria tras ser operado en La Habana. Un cáncer que lo aqueja hace ya varios años es el responsable de la precaria condición de salud del mandatario.

El pasado 7 de octubre fue reelecto como Jefe de Gobierno por cuarto período consecutivo. El 10 de enero debía asumir esta nueva etapa, pero todavía se encuentra hospitalizado en Cuba con pronóstico reservado. El máximo exponente de la llamada “Revolución Bolivariana” parece estar perdiendo la lucha por sobrevivir y continuar de este modo la senda política que tanto ha promovido en toda América Latina.

La Asamblea Nacional venezolana conducida por Diosdado Cabello, hombre fuerte del chavismo, autorizó al Presidente para ausentarse de la ceremonia de toma de posesión, desencadenando las críticas opositoras que rechazan la legalidad de este acto y exigen que se declare la “falta temporal del Presidente”. Con dicha normativa se esperaría por 180 días el retorno del líder bolivariano, antes de llamar nuevamente a elecciones presidenciales definitivas.

El vicepresidente del país, Nicolás Maduro; ex conductor de metro, sindicalista, socialista apoyado por el régimen de los hermanos Castro y proclamado incluso por el propio Hugo Chávez para continuar al mando del chavismo, asoma como el más seguro competidor por la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.

Con una población de casi 29 millones de habitantes y siendo uno de los países más ricos de Sudamérica, gracias a que el 90% de su capital está basado en las exportaciones petroleras, Venezuela enfrenta una realidad política y social sumamente incierta. Los altos niveles de pobreza, corrupción y delincuencia continúan siendo sus mayores flagelos.

Tanto partidarios como detractores del chavismo deberán experimentar un gobierno acéfalo de poder, el que recién comienza a idear los pasos a seguir si el destino termina con la vida del “comandante”.

Un éxito en las urnas

La comunidad internacional se pregunta cómo un líder carismático de la envergadura de Chávez, ha mantenido y acrecentado su poder de manera democrática a través del sufragio. Para algunos, su forma de conseguir el apoyo ciudadano puede ser cuestionable, pero los datos reflejan una conquista social mayoritaria.

La revolución chavista ha generado diversos programas sociales, entre los que destacan las llamadas “misiones bolivarianas”
(educativas, alimenticias, misceláneas).  Un conjunto de prestaciones públicas en favor de los más pobres del país, las que son recibidas con gran entusiasmo.

«El chavismo, hasta el momento, continúa dependiento sólo de Hugo Chávez Frías»

En los últimos comicios, el chavismo ganó en 20 de 23 gobernaciones y el apoyo de los militares sigue siendo robusto.

En Venezuela existe una historia de partidos de élite que gobernaban el Estado, muchas veces utilizando prácticas poco democráticas. Esto fue socavando las instituciones, dando paso a una desconfianza generalizada.

La política implementada por Hugo Chávez ha sido vista como una verdadera oportunidad para millones de venezolanos. Personas excluidas en el pasado se han sentido consideradas en la toma de decisiones. La oposición, en cambio, afirma que su administración ha sido el despliegue de un populismo desenfrenado y con profundos ribetes totalitarios.

La sociedad venezolana se encuentra completamente polarizada y dividida. Por un lado, están quienes respaldan las iniciativas del oficialismo, añorando el pronto regreso del mandatario; y por el otro, una oposición centrada en la imagen de Henrique Capriles, el más reciente competidor de Chávez. Este joven abogado y actual gobernador del Estado Miranda, pretende llegar al palacio de Miraflores.

El legado y sus seguidores

El chavismo, hasta el momento, continúa dependiendo sólo de Hugo Chávez Frías. No se ha institucionalizado como un proyecto concreto, amparado en la personalidad e impronta única de su creador. Les resultará difícil mantener la misma orientación del Gobierno sin esa cualidad individual que parece irremplazable.

Los actores que representan su legado se encuentran vulnerables; ansiosos de conducir la que ya se ha convertido en una dilatada
revolución.

El autoritarismo de los principales dirigentes oficialistas podría surgir como una necesidad imperiosa de mantener las riendas del gobierno. Si así ocurre, esta sería una actitud contraria al sendero común ideado por Chávez.

Más allá de seguir en la fase de “cuidados intensivos”, es tiempo de que el chavismo pase a la etapa de “tratamiento intensivo” si es que ambiciona perdurar en el tiempo y materializar el “socialismo del siglo XXI”.

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