El independentismo catalán, más allá del ruido mediático 1

MUNDO: El auge independentista del nacionalismo catalán ha sido objeto de observación nacional e internacional. ¿A qué se debe este apogeo y cómo se desarrollará?

Lea también: La nación catalana y la nación española: conflicto entre dos relatos imaginarios

 Cristina Saiz Brugés

Manifestación por las calles de Barcelona en favor de la independencia de Catalunya durante la Diada. Fuente: teinteresa.es

Manifestación por las calles de Barcelona en favor de la independencia de Catalunya durante la Diada. Fuente: teinteresa.es

Situándonos en 2010, en un contexto donde la crisis empezaba a dejar huella y con una Generalitat endeudada, Artur Mas ganó las elecciones con un programa más soberanista de lo que se vestía el anterior y un hegemónico pujolisme y mediante su punto estelar, el pacto fiscal – autonomía financiera para Cataluña -. Por pujolisme se entiende el gobierno de Convergència i Unió (CiU) que estuvo liderado por Jordi Pujol desde la transición española hasta 2003, delimitando así un sistema de partidos hegemónico (Sartori, 1976), y marcado por un nacionalismo catalanista conservador y autonomista. CiU aceptó y ayudó a forjar el sistema territorial saliente de la Constitución Española de 1978, el sistema autonómico, la viabilidad del cual pone hoy en duda.

La Diada de Catalunya del 11 de septiembre de 2012 fue histórica para el pueblo catalán y es el factor desencadenante del proceso. Con una asistencia multitudinaria se celebra una manifestación bajo el lema “Catalunya nou estat d’Europa”, claramente marcada por los gritos independentistas.

«En Cataluña se piensa que existe un expolio fiscal causado por el Gobierno central»

Son muchos factores los causantes del clamor popular pero destaca una idea que, desde hace un tiempo, impera en toda  Cataluña  y que se plasma en esa manifestación. Ésta es la viabilidad del sistema de financiación autonómico y el sistema de solidaridad económica interterritorial del estado español. Sobre el popularmente llamado “Café para todos”, en Cataluña se piensa que existe un expolio fiscal causado por el gobierno central y es, sobre todo desde que la crisis económica ha generado graves estragos en todo el país, cuando se ha difundido la frase de “España nos roba”. No se pretende aquí juzgar la veracidad o no de dichas afirmaciones mediante datos concretos, sino sólo apuntar cómo tal percepción social ha sido cada vez más generalizada. A esta idea se le suma una crispación originada en torno a la aprobación del Estatut de Catalunya de 2006, que fue sustancialmente cambiado respecto al que aprobó el Parlamento autonómico, recortado posteriormente por el Tribunal Constitucional y desencadenante de una numerosa manifestación titulada “Som una nació, nosaltres decidim”.

Se explica así el cambio que durante los últimos años ha experimentado el nacionalismo catalán. Tradicionalmente basado en lo cultural y lo histórico para reclamar derechos pasa, en la actualidad, a centrarse exclusivamente en lo económico y fiscal para reivindicar un estado propio. La concepción extendida de que mediante la construcción de un estado propio, sin negar nunca las dificultades que esto conlleva, se solventarán los problemas económico-sociales de Cataluña se ha convertido en la premisa máxima para todos los actores del nacionalismo catalán, habitualmente fracturado en lo que se refería a la autodeterminación. Además, la gestión del Partido Popular en el gobierno ha ayudado a crear esta ventana de oportunidad para el nacionalismo que ve, en cada acto proveniente desde fuera, una ofensiva contra su pueblo.

El fracaso de la reunión que tuvo lugar entre Mariano Rajoy y Artur Mas, quien creía haber captado y personificado el mensaje de la manifestación para negociar un pacto fiscal ya aprobado en sede parlamentaria autonómica el pasado verano, hizo precipitar el proceso. Mas convocó elecciones anticipadas y dio comienzo a su intento de aglutinar en un único líder lo que en campaña se llamó “La voluntad del pueblo de Cataluña”, pretendiendo así conseguir una amplia mayoría para iniciar el proceso de autodeterminación.

La pancarta "Catalunya, nou esrar d'Europa" iniciaba la manifestación de la Diada 2012. Fuente: Carlos Montañes.

La pancarta “Catalunya, nou estat d’Europa” iniciaba la manifestación de la Diada 2012. Fuente: Carlos Montañes.

Las elecciones de Cataluña del 25 de noviembre de 2012  se presentaron meramente en términos nacionales y los partidos políticos basaron sus programas electorales en su apoyo o no a una consulta independentista. Curiosamente, el resultado de las elecciones, marcadas por una alta participación del 69,56%, fue inesperado. Los sondeos previamente publicados se alejaron de lo que sucedió ya que para el electorado entraron en juego otros ejes y no sólo el nacional. CiU resultó castigado por su gestión en el gobierno y pasó de tener 62 a 50 diputados, es decir,  no consiguió aunar a todo el electorado independentista, al mismo tiempo que perdió parte del electorado que conseguía cuando se presentaba como un partido transversal.

A partir del nuevo escenario político, se forja un pacto de gobierno entre el partido mayoritario y Esquerra Republicana de Catalunya, partido independentista que en 2012 se convierte en segunda fuerza con 21 escaños tras aumentar un 126,4% el número de votos respecto a los obtenidos en 2010, y que es, a su vez, el líder de la oposición. El pacto de gobierno le es útil a CiU para una posterior y difícil gobernabilidad, mientras que para ERC es el medio para conseguir su máximo objetivo, un referéndum para la independencia de Cataluña.

Sin entrar en el estudio de la legalidad de una consulta de autodeterminación jurídicamente vinculante, ni en el marco legal que lo ampara, ¿cómo se desarrollará el proceso a partir de ahora?

El escenario político institucional y social para el soberanismo.

En lo que respecta al escenario político catalán, el primer paso está dado. El pasado 23 de enero se aprobó en el Parlament una declaración de soberanía con 85 votos favorables. Estos fueron 50 de CiU, 21 de ERC, 13 de Iniciativa per Catalunya Verds – Esquerra Unida i Alternativa (ICV-EUiA), partido ecosocialista defensor del derecho a decidir de Cataluña pero no nacionalista, y un voto de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), partido comunista e independentista. La declaración afirma que Cataluña dispone de legitimidad para ejercer el derecho a decidir como sujeto político y jurídico soberano que es. Votaron en contra de esta los 19 diputados del Partido Popular (PP), los 9 de Ciutadans (C’s) y los 15 diputados del Partit Socialista de Catalunya (PSC). Además, dos diputados de la CUP se abstuvieron mientras que los 5 diputados restantes del PSC no ejercieron el voto, debido a su oposición a la decisión del partido al cual representan. El PSC se posicionó durante la campaña como la alternativa federalista a la vía independentista declarando, posteriormente en el debate de investidura, su futura abstención en todo lo relacionado con la autodeterminación. Sin embargo, esto no se ha cumplido. El papel del PSC en el debate nacional es embarazoso debido a que es un partido fracturado respecto a esta cuestión. Mientras en su seno existe una facción catalanista, el partido mantiene, a su vez, una dependencia con el PSOE a nivel nacional. Los socialistas han manifestado su oposición a este primer eslabón del proceso alegando que la declaración vulnera la Constitución Española.

La declaración de soberanía representa un asentamiento de las bases para la promulgación de una consulta popular para la independencia de Cataluña, celebración que puede tener lugar en 2014 según los nacionalistas. Por lo tanto, la consulta es viable en sede parlamentaria autonómica y la opción independentista dispone allí de un apoyo suficiente en término de mayorías parlamentarias (aunque en este caso se excluya del análisis a ICV-EUiA por no declararse independentista).

«El nacionalismo catalán debería buscar apoyos en los partidos estatales para una reforma constitucional que permitiese un referéndum vinculante»

A nivel parlamentario español la viabilidad de la consulta es más complicada. El nacionalismo catalán debería buscar apoyos en los partidos estatales para una reforma constitucional que permitiese un referéndum vinculante, la cual requiere una aprobación por dos tercios de las dos cámaras parlamentarias.

Por lo que refiere a la ciudadanía, el futuro se vislumbra ambiguo. La sociedad catalana está fracturada, más que en términos sociales, que también, en términos nacionales. Una parte de la sociedad muy ilusionada con el proyecto, los independentistas tradicionales y los nuevos, contextuales y volátiles, pueden dar mayoría a la opción soberanista.

Por otro lado, hay parte de la población que se opone a ello. Mientras que la parte restante, minoritaria, se muestra indiferente o indecisa sobre los temas nacionales. Por lo que tenemos una sociedad dividida a la vez que muy politizada.

Las últimas elecciones no deben ser tomadas como muestra para prever el resultado de una posible consulta, ya que no se centraron únicamente en el conflicto nacional. Asimismo, las anteriores consultas populares sobre la independencia, celebradas en más de 500 municipios catalanes, tampoco son útiles debido a que se cerraron con una participación del 19%, impidiendo así una proporción suficientemente representativa.

Los datos del CIS reflejan un auge  del nacionalismo catalán en el pasado año. En primer lugar, se muestra un aumento del sentimiento nacionalista catalán en los dos últimos años (Gráfico 1). Y en segundo lugar, al observar las preferencias sobre la organización territorial, vemos como un 41% de los encuestados estaría a favor de que Cataluña pudiera convertirse en estado independiente, mientras un 26% desearía disponer de más autonomía (Gráfico 2).

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Fuente: elaboración propia

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Fuente: elaboración propia

Así pues, vemos que ni en el seno mismo de Cataluña es tan determinante el posicionamiento proindependentista. Si bien es cierto que ha ido en aumento desde el giro económico del nacionalismo, éste convive con otros sentimientos y preferencias. Se demuestra, una vez más, el alejamiento de una clase política, la nacionalista catalana en este caso, con respecto a una ciudadanía muy plural.

PARA MÁS INFORMACIÓN:

Sartori, G. Parties and Party SystemsA Framework for Analysis. Cambridge University Press, 1976.

CIS, Preelectoral de Cataluña. Elecciones Autonómicas, 2012. Estudio 2.965. Octubre, 2012.

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Un Comentario

  1. Hay un posicionamiento social que tal vez debería tenerse en cuenta, ya que es abundante a la vez que racional: el desencanto, la sensación de que no hay mucho que este país, España, pueda ofrecer a las futuras generaciones de jóvenes catalanes – y españoles.
    Más allá de desigualdades fiscales, invasión de competencias políticas o aberraciones como las que se están cometiendo desde el más alto nivel político a día de hoy, somos muchos los jóvenes que no vemos en España la posibilidad de prosperar intelectualmente y económicamente por las consecuencias que las aberraciones mencionadas anteriormente acarrearán.Ya no se trata de situaciones o hechos del pasado que hayan podido suceder, sino de mirar hacia el futuro.
    Lo digo como una persona que tras reflexionar sobre Catalunyas y Españas, me he dado cuenta de que ningún nacionalismo es bueno – absolutamente ninguno -, pero es muy comprensible que sean muchos los que en Catalunya dedidan dar la espalda al resto del estado y mirar hacia el mar y a las montañas con la esperanza de que tal vez, y sólo tal vez, si se van de casa les irá mejor. En el resto de la península el sentimiento es el mismo, con la diferencia de que Catalunya está más cerca de la puerta.

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