Elecciones en Egipto, la historia parece repetirse Responder

DEMOCRACIA: El reciente referéndum para aprobar la nueva constitución, impulsada por los Hermanos Musulmanes, parece reforzar prácticas arquetípicas de los regímenes no democráticos que lo precedieron; precisamente esos regímenes que el primer gobierno democrático de la historia de Egipto decía venir a erradicar.

Gonzalo Galarraga

Policías alrededor del Tribunal Constitucional egipcio junto a un cartel de Mohamed Morsi. Fuente: Reuters

Policías alrededor del Tribunal Constitucional egipcio junto a un cartel de Mohamed Morsi. Fuente: Reuters

Desde el golpe de estado que derrocó la Monarquía de Faruq I en 1952 y dio nacimiento al estado egipcio moderno, todos sus presidentes han llevado adelante una combinación entre elecciones y asambleas constituyentes. Dicha así, esta afirmación sería una obviedad si no fuera porque durante los 60 años que transcurrieron desde esa fecha hasta el 2012 ninguno de ellos fue democráticamente electo.

Como nos relata la especialista Gema Martín Muñoz, las elecciones que inició el Nasserismo en 1957 “se celebraron siempre de manera irregular con el objetivo preciso de sancionar determinadas reorientaciones políticas del régimen”[1]. Y es precisamente esta combinación entre elecciones y referéndums en el corazón de regímenes no democráticos con un alto grado de institucionalidad lo que ha distinguido al país de los faraones en las últimas décadas.

La llegada al poder de Mohamed Morsi en 2012, tras las primeras elecciones democráticas de la historia egipcia, parece no haber modificado este sello de origen.

El afán fundacional de los gobiernos de Nasser- 1956 a 1970-, al Sadat -1970 a 1981- y Mubarak- 1981 a 2011-  contó con su correlato en la confección de constituciones como materialización de los cambios de rumbo político que impulsaban y, por tanto, de las coaliciones en el poder que lo sustentaban. Sin embargo, estas constituciones, al igual que las elecciones para designar las más altas autoridades del país, no perseguían como finalidad la institucionalidad ni la representatividad democrática de Egipto.
egipto

El reciente referéndum realizado en dos etapas, el 15 y 22 de diciembre de 2012, tuvo por finalidad aprobar la nueva constitución y fue impulsado por los Hermanos Musulmanes, núcleo duro del partido gobernante “Libertad y Justicia”. Esta consulta, parece reforzar las prácticas arquetípicas de los regímenes no democráticos que lo precedieron. Precisamente esos regímenes que el primer gobierno democrático de la historia de Egipto decía venir a erradicar.

Como decíamos, en el país árabe más grande de África las elecciones y las constituciones han desarrollado múltiples funciones
relacionadas con la búsqueda de estabilidad política del régimen pero muy alejadas de los principios y mecanismos democráticos.

Tendemos a creer que las elecciones suponen necesaria e indefectiblemente un paso hacia la democracia. Esto es así, solo si se lo compara con un régimen donde las mismas no existían.

Sin embargo, Egipto ha demostrado que la realización de elecciones y referéndums constitucionales, lejos de impulsar la democracia, pueden formar parte de una ingeniería institucional que facilite la pervivencia de regímenes no democráticos.

Nueva constitución, viejos vicios

Más allá del cariz islamista, la nueva constitución nace con dos características deudoras de sus antecesoras no democráticas: la baja participación y la ausencia de consenso con las fuerzas políticas de la oposición.

Con una participación que rondó el 30%[2] del padrón electoral y el abandono de la Asamblea Constituyente de todos los representantes de las fuerzas liberales, naseristas, izquierdistas y de la minoría copta, la primera constitución de la democracia parece venir a confirmar estos errores del pasado.

La naciente democracia egipcia, pretende instituirse sobre la base de un referéndum, al igual que lo ha hecho Al Sadat – 15 de octubre 1970 – y Mubarak – 13 de octubre de 1981 – , pero del mismo modo que ellos busca cimentar su poder abandonando la pluralidad en el gobierno y buscando limitar la participación ciudadana.

Dos diferencias fundamentales entre los referéndums constituciones antes mencionados y el actual es que ha sido convocado por autoridades democráticamente electas y que los Hermanos Musulmanes han dejado de ser los eternos relegados, en términos de representación política, para pasar a ser quienes excluyen a otras fuerzas políticas relevantes.

Recuento de votos de la segunda vuelta del referéndum sobre la nueva Constitución egipcia. Fuente: EFE/ KHALED ELFIQI

Recuento de votos de la segunda vuelta del referéndum sobre la nueva Constitución egipcia. Fuente: EFE/ KHALED ELFIQI

Justamente por ser “la” constitución democrática egipcia, debemos poner el acento en su representatividad. Si entendemos que históricamente la participación política en las elecciones ha sido restringida, veremos la gran oportunidad que se perdió con el referéndum del 15 y 22 de diciembre, donde el “sí” ganó por el 60%, pero en el que votó solo el 30% del padrón electoral. Para simplificar, solo 3 de cada 10 egipcios legalmente autorizados para votar han asistido al referéndum y – de ellos – solo el 60 % lo apoyó. A su vez, el padrón electoral, donde se inscriben las personas “legalmente autorizadas para votar” ha sido históricamente manipulado por razones políticas negando el derecho político al voto a amplios sectores de la población.  Este parece ser el nudo gordiano que el actual gobierno no desea desatar.

Conclusiones

 La joven democracia egipcia se encuentra transitando horas cruciales, jaloneada por arraigadas prácticas antidemocráticas y la posibilidad de una radicalización religiosa que abandone el pluralismo.

Las protestas populares que obligaron a dar marcha atrás al decreto del Presidente Morsi de avanzar sobre otros poderes del Estado, blindándose contra las supervisiones del Tribunal Constitucional, alberga la esperanza de una sociedad movilizada ante los intentos de volver a constituir un poder ejecutivo todopoderoso.

Sin embargo, aún existen importantes sectores de poder, como las Fuerzas Armadas, que no parecen decididas a apoyar un proceso democratizador profundo. Proceso que, por otra parte, el Partido gobernante tampoco parece querer encarar.

En definitiva, son muchos los indicadores de que la “primavera árabe” en Egipto no está predestinada a convertirse en una primavera democrática. Para ello, debemos entender que las elecciones son un requisito necesario pero no suficiente para el desarrollo de la democracia. Ninguna nación lo ejemplifica mejor que Egipto, que en 1883 se convirtió en la primera nación africana en llevar adelante elecciones y sin embargo, hasta 2012 ninguno de sus gobiernos podía ser calificado de democrático.


[1] Gema Martín Muñoz “Política y Elecciones en el Egipto Contemporáneo (1922-1990) pp. 258

[2] Fuente: BBC “Islamistas Egipcios Cantan Victoria en el Referendo” Domingo, 23 de diciembre de 2012.

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