La crisis económica e institucional en Eslovenia, ¿indignados o zombis? Responder

Corrupción en las altas esferas, políticas de recortes, crisis económica e institucional… no hablamos de España, hablamos de Eslovenia. Este país del centro de Europa sufre una situación cada vez más parecida a los países del sur. ¿Cómo reaccionará su ciudadanía?

Carlos Blanco Torres.

El lector escribe

EPP Congress Bonn

Janez Janša, ex-primer ministro de Eslovenia. Fuente: European People’s Party

Las crisis económica e institucional que vive Eslovenia han llevado a miles de ciudadanos a las calles para expresar su descontento. Ante esta situación, el primer ministro del país ha reaccionado llamándolos “zombis y fascistas de izquierda”.

Eslovenia vive la crisis económica más grave de su joven historia como país independiente, acompañada por una crisis política desatada por casos de corrupción en las altas esferas institucionales. La sociedad ha comenzado a organizarse, en forma similar a lo que ocurre en otros países europeos, pero: ¿lo hace con vocación de cambio permanente o sólo contra la vieja élite? ¿Son “indignados” o, como dijo el polémico ex-primer ministro Janez Janša, “nada más que zombis”?

España, Grecia, Portugal, Italia… países inmersos en mayor o menor medida en una crisis que amenaza con llevarse por delante un modelo de Estado, el del bienestar, a través de los recortes de las prestaciones sociales y de los derechos de la población adquiridos por anteriores generaciones. El hecho de que todos formen parte de la periferia europea, el tan denostado “Sur”, ha ayudado a generar una corriente de opinión, especialmente fuerte en Estados septentrionales como Países Bajos o Finlandia, según la cual existe cierta incapacidad en aquéllos países bañados por el Mediterráneo para organizar eficientemente sus recursos. Se crea así la necesidad, casi por predestinación, de implementar políticas de austeridad que permitan a los primeros  poner en orden sus cuentas, reduciendo su déficit público bajo estricta supervisión de las instituciones de la UE.

Esta forma de presentar la situación esconde una realidad, la de que la crisis ha afectado a la actividad económica de todos los países europeos (existen felices excepciones, como Polonia o República Checa), empezando por Islandia e Irlanda, para acabar en Hungría o Eslovaquia. Por el camino, Francia, y también Eslovenia.

Imagen3Eslovenia, república ex-yugoslava del tamaño de Galicia y con una población ligeramente superior a la de Barcelona, es un pequeño país con una triple identidad geográfica y cultural: Eslovenia es centroeuropea, pero también mediterránea y balcánica. Considerada una “historia de éxito” por su transición desde la antigua federación socialista a país independiente integrado en las estructuras europeas y transatlánticas (el primer país de la región en conseguirlo), sufre hoy, tras 20 años de avances políticos, económicos y sociales, el mayor retroceso de su historia en dichos campos.

El reducido tamaño del país tiene su reflejo en las estrechas dimensiones de su economía, que se basa en la exportación como herramienta de crecimiento. Esta característica ha provocado que Eslovenia sea especialmente vulnerable a los efectos de la crisis, global primero, europea después, y de la eurozona en último término, que ha golpeado con dureza a la actividad económica del país desde 2010. Los datos definitivos de 2012 no son nada alentadores: contracción del 2,2% del PIB (35.470 millones de €) y del 2% en el PIB per capita (17.244 €), subida del 2,9% de los precios y una tasa de desempleo que roza ya el 10%. En Eslovenia, el descenso de la actividad económica es superior a la media de los países UE desde que comenzó la crisis en 2008.

Ante esta situación, el Gobierno de coalición salido de las elecciones legislativas de 2011, liderado por el conservador Janez Janša (Partido Demócrata, SDS) diseñó una serie de medidas en línea con los planes de Bruselas: reforma de las pensiones y del mercado laboral, creación de un “banco malo”, constitucionalización de la regla de oro fiscal y privatización del vasto sector empresarial público (a través de la creación del Holding Soberano de Eslovenia, HSE), acompañado todo ello por la aprobación de los presupuestos más restrictivos de la historia del país. En cualquier caso, sólo las reformas de las pensiones y del mercado laboral han conseguido salir adelante debido al rechazo social que han generado las otras iniciativas, con el “banco malo” y el HSE acumulando retrasos en su puesta en marcha.

Imagen4El caso del HSE es especialmente sintomático de la situación del país. En Eslovenia, a diferencia de otros Estados con los que comparte un pasado socialista, todavía no se ha producido una ola definitiva de privatizaciones que abarque con amplitud al sistema empresarial público (lo que es motivo de orgullo de gran parte de la población). El Estado mantiene el control de forma directa o indirecta, sobre empresas energéticas (Petrol), de telecomunicaciones (Telekom Slovenija), bancos (Nova Ljubljanska Banka), etc. El Gobierno pretendía acabar con esta situación creando el HSE, encargado de gestionar el proceso de venta de dichas empresas clasificándolas según se consideren estratégicas (donde el Estado mantendría una participación del 50%+1), importantes (25%+1) o en cartera (sin mínimo específico). No obstante, tal objetivo levantó considerables temores de que se estuviese encubriendo una venta al por mayor de los activos estatales, con la consiguiente oposición de sindicatos y población y la celebración de un referéndum sobre la Ley de creación del HSE. Al final, el Tribunal Constitucional hubo de intervenir, rechazando la convocatoria de la consulta, pero el proyecto no levanta cabeza desde entonces. Es más, la primera acción promovida por la futura primera ministra Alenka Bratušek (Eslovenia Positiva, PS) ha sido paralizar indefinidamente los planes de privatización iniciados por el Gobierno conservador de Janša,

El pequeño tamaño de Eslovenia también se traduce en otro problema de candente actualidad: la corrupción y el nepotismo. En un país donde “todos se conocen”, las designaciones a dedo, el cumplimiento de favores y el clientelismo están a la orden del día. No es raro que las principales figuras políticas estén relacionadas, incluso familiarmente, lo que provoca que a las diferencias políticas se añadan en muchos casos las personales. Ejemplo último, y más poderoso, de la viciada atmósfera institucional es la crisis de Gobierno desatada a principios de año por la publicación, por parte de la independiente Comisión para la Prevención de la Corrupción de un documento en el que, tras analizar el estado de las finanzas de los líderes parlamentarios, se recogían irregularidades y violaciones de la legislación anticorrupción por parte del por entonces líder de la oposición Zoran Janković (PS, y alcalde de Liubliana) y del primer ministro Janez Janša.

Protestas contra la corrupción en Maribor. Fuente: Jumpin'Jack

Protestas contra la corrupción en Maribor. Fuente: Jumpin’Jack

Ante estas revelaciones, los socios de coalición del SDS comenzaron a maniobrar para evitar verse salpicados por el escándalo que acababa de iniciarse: poco a poco, en un proceso que ha durado dos meses, abandonaron la coalición dejando al Gobierno en minoría y se unieron a los partidos opositores de izquierda (PS y el Partido Socialdemócrata, SD) durante la presentación -a finales de febrero- de una moción de censura constructiva. El resultado no ha sido otro que la caída definitiva de Janša (tras apenas un año en el poder) y la designación de la líder de PS, Alenka Bratušek, como encargada de la formación del nuevo Gobierno. Ello añade un elemento más de incertidumbre sobre cómo, cuándo y en qué medida pondrá en marcha Eslovenia las reformas que tan repetidamente se piden desde la UE.

Al revuelto clima político hay que añadir el hastío de una sociedad que, cansada de ver recortes en los servicios públicos, de sufrir un descenso en su poder adquisitivo, de soportar el aumento del desempleo y de no contar con un futuro esperanzador, ha comenzado a movilizarse al calor de algunos casos de corrupción especialmente bochornosos.

Así, a principios de diciembre de 2012, la población de Maribor (segunda ciudad en importancia y tamaño de Eslovenia) se echó a la calle al grito de Gotof je! (¡váyanse!), protestando contra la gestión del alcalde Franc Kangler y contra su propia figura, cada vez más discutida según aumentaba diariamente el número de denuncias interpuestas contra él por supuesta corrupción. Diez días después, Kangler se vio obligado a dimitir en lo que fue el primer gran éxito de las movilizaciones de la sociedad eslovena. Desde entonces, se han producido numerosas concentraciones de protesta en todo el país, derivando en ocasiones aisladas en actos de violencia (en Liubliana se llegaron a reunir hasta 30.000 personas, más del 10% de la población de la ciudad), y una huelga general con seguimiento masivo. La incapacidad de gestionar este descontento por parte del Gobierno de Janša, que despreció a los manifestantes calificándolos de “zombis” y acusándolos de ser “fascistas de izquierdas”, ha provocado el reforzamiento del movimiento de “indignados”: aunque con un fuerte sentimiento contra el Gobierno de Janša, por primera vez las protestas se producen contra la clase política en su conjunto, sin atender a quién ostenta qué cargo.

No obstante, está por ver si los últimos eventos (caída en desgracia de Janša, nuevo Gobierno de centroizquierda liderado por Bratušek) provocarán una bajada de intensidad en el tono de las protestas ciudadanas, lo que demostraría que más que un levantamiento contra las élites gobernantes, lo acontecido en los últimos meses ha sido una demostración del rechazo que genera la persona del Primer Ministro, echando por tierra el argumento que defiende que la separación entre izquierda y derecha está desapareciendo y, por tanto, las bondades de tal proceso. En definitiva, ¿es algo puntual o realmente hay un cambio de conciencia? Los que claman contra el Gobierno y las medidas de austeridad, ¿son “zombis” o “indignados”?

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A este extremo se refirió a principios de marzo el filósofo esloveno Slavoj Žižek, cuando señaló que los ciudadanos no necesitan “más unidad, sino más diferenciación”. De este modo, Žižek postula que la aparición de los “indignados” introduce un nuevo elemento en la  ecuación política del país que niega la supuesta base común de los dos polos políticos eslovenos: “el levantamiento ha acabado con el juego de espejos de las dos élites que compiten por el poder; la vieja izquierda quiere abanderar las protestas, mientras que la derecha hace lo propio al entender que el descontento es hacia un sistema edificado por la izquierda. La tarea del movimiento de indignados no es sólo echar a Janša, culminará con la creación de un polo alternativo de izquierdas”.

Gran parte de los ciudadanos, desencantados con su élite gobernante, reclama ahora, tal como pasó a finales de la década de los ’80 con el Partido Comunista, una renovación completa del sistema. Las previsiones económicas para 2013 y 2014 no son nada halagüeñas, y junto a la inestabilidad política, con la más que probable celebración de elecciones anticipadas durante la primavera, pueden provocar que de ellas salga un Gobierno todavía más débil que el actual. Del mapa desaparecen las dos figuras que más odio provocan en la calle, Janša y Janković, y habrá que ver si gracias este lavado de cara los partidos tradicionales reciben el beneplácito de los votantes o si, por el contrario, se produce un voto de castigo (aunque el también tradicional SD lidera todas las encuestas de intención de voto). Un Parlamento atomizado e ingobernable pondrá a prueba la capacidad de los políticos eslovenos para sacar al país de la crisis, reconstruir la confianza de los ciudadanos en las instituciones y satisfacer las demandas de sus votantes.


[1] Datos de la Oficina de Estadísticas de la República de Eslovenia, publicados el 28 de febrero de 2013. Se pueden consultar en:
http://www.stat.si/eng/tema_ekonomsko_nacionalni.asp (inglés).

[2] Entrevista en el diario DELO, 2 de marzo de 2013. Se puede consultar en: http://www.delo.si/arhiv/ne-potrebujemo-vec-enotnosti-ampak-vec-razlike.html (en esloveno).

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