Desafección política y accesibilidad democrática en España 1

L. Felipe Martín Gómez

Foto LFMOPINIÓN: Pasarán las crisis, los problemas económicos y sociales, se dejarán de ver desahucios o manifestaciones en las televisiones, dejaremos de estar pendientes de Europa e incluso olvidaremos qué es la prima de riesgo, pero ¿volveremos a creer en la política?

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…y haciendo memoria

La Transición Española fue sin duda un ejemplo político para el mundo. Su desarrollo y consolidación se dio en respuesta al desgaste particular en pro de una perspectiva general, aperturista, responsable y realista donde los objetivos pasaban por la representación y participación de todos y cada uno de los ciudadanos. Política con mayúsculas denominada por algunos era aquella forma de representación en la que el Estado de Derecho alcanzaba su climax demócrata, partícipe de la seriedad y del saber estar, de entender que por encima de las reglas del juego solo cabía el respeto y la responsabilidad.

felipeDurante los gobiernos socialistas de los años ochenta y noventa el tira y afloja de políticos y ciudadanos parecía mas sensible, donde la calle adquiría sentido en forma de respuesta parlamentaria aunque las circunstancias sociales del entonces también reflejaban una obligada respuesta en una joven e inmadura democracia. El centro-derecha (Partido Popular) supo heredar la cercanía democrática de la ciudadanía pero en su segunda legislatura dejó entrever una práctica que comenzaría a extenderse de manera fulminante a todas las esferas políticas y hasta nuestros días, no escuchar.

A lo largo del primer gobierno Zapatero se dan algunas leyes controvertidas para los conservadores como la aprobación del matrimonio homosexual o la ampliación del derecho al aborto. Leyes que despiertan en algunos desventurados un criterio anticonstitucional y antidemócrata, amenazando con nada más y nada menos que no cumplir con la ley, en un alarde de demasiado poder y de ausencia de cultura democrática. Este comportamiento se va haciendo cada vez más fuerte y generalizado en la clase política española, una plaga de soberbia y poder que termina entendiendo al adversario como enemigo, gobierno y oposición, político y ciudadano.

Desde 2007, según el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) los problemas de los españoles son claros y contundentes, el desempleo y la situación económica, pero a partir de 2009 e inmersos en una crisis sin precedentes se ve alterada una variable que apenas había sido relevante en el pasado, la clase política y los partidos políticos. La ciudadanía comienza a preocuparse de forma cada vez mas seria sobre la política española y sus políticos, con un ascenso imparable se sitúa como tercera preocupación de los españoles, muy por encima del terrorismo, la educación, la sanidad o las pensiones.

Suma y sigue, y tiempos de crisis

En mayo de 2010 comienza en España la gobernanza del decreto. Bajo gobierno socialista y atendiendo a las circunstancias económicas despega un proceso de retroceso social que llega hasta nuestros días, en el que el ciudadano no participa y se hace invisible, víctima de la borrachera de poder heredada por los malos hábitos de aquellos que se creyeron ricos y poderosos y que ejerciendo de políticos no supieron o no quisieron entender su “humilde oficio” de servicio a los ciudadanos.

De aquello de “las malas noticias nunca vienen solas” no iban a librarse nuestros políticos y, para colmo, 2013 se inaugura con unfelipe2 virus de corrupción sin precedentes en democracia. Varios frentes abiertos en prácticamente todos los partidos con representatividad en alguna de las escalas administrativas ocupan los informativos a diario, sumando como guinda del pastel los escalofriantes titulares del “caso Noós”, afectando de forma transversal a la casa real, y el “caso Bárcenas”, que cuestiona la financiación del partido popular desde sus más altas esferas, provocando un “circo mediático” cual novela de intriga.

Esta situación provoca que actualmente el CIS contemple a la corrupción como segunda preocupación de los españoles, una circunstancia que lejos de rellenar un informativo se une a una situación económica más que negativa, con un desempleo inadmisible, un imparable retroceso del estado de bienestar y una desafección política implacable. Ya no se cuestiona a una pandilla de políticos que no entendieron su trabajo o se creyeron “más papistas que el Papa”, se pone en duda a la lavadora del estado con una centrifugación cada vez más acelerada.

Hace casi dos años, cuando a raíz del movimiento 15M se leían todo tipo de eslóganes cuestionando a la mismísima democracia, hubo uno con el que mi compañera de “café político” estaba en total desacuerdo siendo muy partidaria de este movimiento. Se trataba de “Democracia Real Ya”. Sus más de cincuenta años le delataban, no era capaz de cuestionar ni un ápice de aquellos derechos democráticos por los que luchó su generación. Cuestionar la democracia a ese nivel era algo que no compartía pero las cosas han cambiado demasiado y hoy me traslada su indignación hablándome de lobos que se disfrazan de corderos.

¿Conocemos los límites?

Parece que cuando las cosas no pueden ir a peor solemos confundirnos, impasibles e impotentes nos situamos como espectadores de un “circo” con mucho entretenimiento pero con poca gracia, pero todo paciencia agota en algún momento. Si revisamos la historia de la humanidad y sus más sonoros acontecimientos podríamos afirmar con rotundidad que traspasamos los límites hace tiempo, que ya se tendría que haber dado algún tipo de “movilización” capaz de provocar cambios con sustancia en un trastocado sistema. Pero es el sentido democrático y su conocimiento contemporáneo el que nos muestra que incluso se puede salir de una situación política con tantas cuestiones.

Siendo optimistas, queremos entender que en algún momento volveremos a recuperar una perspectiva en la que nuestra atención hacia la actualidad no pase porque afecte de forma tan directa a nuestras vidas como individuos, miembros de esta sociedad conjunta, pero ¿y cómo ciudadanos? Seres demócratas que crean en su sistema, sus representantes, sus políticos.

La tarea del Estado en su conjunto ya no pasa por una estrategia de salir adelante, de pasar página algún día, de volver a fortalecer un sistema hoy quebrado y con una factura generacional que vertebra el Estado de bienestar. El cuestionamiento del sistema y la desafección política creada no es impune ante el ciudadano, rompe directamente con los pilares del Estado de derecho dejando sin sentido todo aquello que entendíamos como democrático. Si refugiándose en la situación social y económica del país no se trabajan los asuntos políticos “con mayúsculas”, pasará una crisis pero permanecerá otra.

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Un Comentario

  1. Pingback: Andalucía, la resistencia del último bastión socialista « Política Crítica

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