Populismo, más que un concepto exclusivo de la izquierda chavista 2

A FONDO: Lo más probable es que quien comunica sobre populismo sólo esté haciendo notar su animadversión ideológica frente a un gobierno, una persona o un cambio político. En política esto sucede de forma recurrente. Prácticamente todos los presidentes latinoamericanos de izquierdas han sido tachados de populistas más de una vez, mientras que líderes de derechas como Berlusconi o Uribe pasaron solapados.

Eduardo Alvarado Espina

populismo

Ante la muerte del ex presidente de Venezuela –Hugo Chávez- se ha hecho más recurrente, por parte de varios medios de comunicación y dirigentes políticos venezolanos y extranjeros, calificar sus sucesivos gobiernos como populistas, sin llegar a explicar jamás a que se refieren con este término.

Cita 1

Si nos situamos en las concepciones que ofrecen la ciencia política o la sociología, lo que más encontramos es controversia y un gran vacío al intentar concebir un concepto que sea aceptado, no ya sólo por la doctrina, sino que por la realidad. En general, un rasgo característico persistente en la literatura sobre populismo es la reiterada dificultad para dar un significado preciso al concepto (Laclau; 2005)[1]. Esto coincide con la precaria definición que se da al momento de invocarlo para describir a alguien, a un partido o, incluso, a un régimen. Se cae reiteradamente en la descripción intuitiva; en concederle características muchas veces contradictorias para referirse negativamente a determinados espacios geográficos y líderes políticos.

Una de las argucias que utiliza la literatura para definir el populismo, es soslayar todo intento de conceptualización coherente, para sólo entregar rasgos relevantes del mismo. Uno de los intelectuales que se ha dedicado a este tipo de estrategias es Gino Germani, quien llega a señalar que «el populismo probablemente desafíe cualquier definición exhaustiva» agregando además que éste «generalmente incluye componentes opuestos, como ser el reclamo por la igualdad de derechos políticos y la participación universal de la gente común, pero unido a cierta forma de autoritarismo a menudo bajo un liderazgo carismático» (Germani; 1978)[2] Si se siguiesen las pistas que ofrece Germani, muchos fenómenos sociales y políticos podrían ser rotulados de populistas, desde los movimientos pro derechos civiles en Estados Unidos –y quienes lo apoyaron desde el Congreso- hasta la revolución Iraní de los Ayatolas en 1979.

Es por ello que resulta menester establecer, desde un comienzo, cuales son las razones intelectuales para la utilización de un término muletilla –que nada explica por sí mismo- con la intención de identificar un modelo o una práctica política con elementos que parecen ser anacrónicos y emotivos.

Algunas aproximaciones teóricas.

La expresión «populismo» puede caer en la vaguedad descriptiva de hechos o situaciones que se le atribuyen sin requerir un nexo coherente entre ellas. Uno de los referentes, dentro de la literatura que analiza el fenómeno populista, es Margaret Canovan[3]. Su trabajo en este ámbito destaca por lo dispersa que puede llegar a ser la descripción del populismo, al incluir, dentro de la misma idea, fenómenos tan dispares como el movimiento populista estadounidense, los narodniki (amigos del pueblo) rusos, los movimientos agrarios europeos o el peronismo en Argentina, entre otros.

Además, los textos sobre populismo han dedicado gran parte de sus páginas a emparentar este término con los movimientos rurales o urbanos, de carácter anticapitalistas e ideología socialista, que evocan al pueblo como el poder supremo frente a cualquier otro criterio (Laclau; 2005). Sobre esto, Margaret Canovan nos ofrece un extenso listado en su obra más conocida sobre este fenómeno (Canovan; 1981). En general, las variaciones teóricas del populismo siguen más o menos el mismo padrón descriptivo y contradictorio cuando se pretende definirlo. Autores como Wiles, Minogue o MacRoe (Laclau; 2005) lo corroboran con sus trabajos.

Pues bien, el concepto populismo parece arroparse de requisitos que no le conceden un cuerpo homogéneo que lo defina. Lo que más se utiliza son rasgos descriptivos que erróneamente –o de manera intencional- lo asocian a movimientos sociales y políticos con una supuesta «ideología populista». No obstante, dichas argumentaciones hacen más referencia a una práctica retórica reaccionaria frente a una situación social.

Populismo es más bien una lógica política (Laclau; 2005) y no un tipo de movimiento con alguna ideología en particular. Dicha lógica política está relacionada con la institución de lo social, la cual surge de demandas sociales que pueden provocar un cambio de orden estructural, «construyendo fronteras internas y de identificación de un otro institucionalizado» (Laclau; 2005). Cuando se presentan estas situaciones estructurales, se está en presencia de un populismo.

No obstante, esta lógica política no explica la odiosa utilización que se hace del populismo como referencia a aquellas posturas que no se acogen a las convenciones o formas que definen las estructuras políticas. Un modelo que consigue otorgar –al fenómeno populista- un signo de infamia. Así, desprovisto de contenido efectivo, este término indicará simplemente que el locutor reprueba este objeto condenable, según los términos fijados por los buenos modales (Hermet; 2003)[4]. Siendo así, resulta necesario incorporar otros dos elementos que colaboran con el momento de emergencia de un fenómeno populista –de acuerdo a Laclau- son el Nombrar y el Afecto.

El nombrar tiene que ver con la fluctuación de todo discurso populista. Ya sea –su comunicador- de izquierdas o de derechas, la alocución oscilante y vaga que contiene todo lenguaje populista tiene la intención de identificarse con lo heterogéneo y fluctuante que es una sociedad en un momento de quiebre social. Por su parte, el afecto tiene que ver con una «discontinuidad radical entre un objeto y el que le sigue, y esta discontinuidad sólo puede ser concebida en términos de una catexia diferencial» (Laclau; 2005). En lenguaje político lo anterior se traduce en que una demanda, en un momento determinado, adquiere una centralidad inesperada, alcanzando un nombre de algo que la excede. Para ejemplificarlo, una demanda de mayor seguridad ciudadana y más mano dura con la delincuencia, sería un fenómeno de carácter populista.

Cita 2

Ahora bien, si retomamos algunas de las características que se le achacan al populismo, es significativo detenerse en este aspecto que un lugar común entre algunos comunicadores y políticos: la interpelación directa al pueblo que se salta las decimonónicas instituciones de representación. En este sentido se puede decir que, citando a Guy Hermet, el «populismo no rechaza exactamente el principio de representación querido por la democracia. Lo simplifica, le da una tonalidad emocional, rechazando las mediaciones complicadas, sin la obligación de que un tribuno providencial exprese la voz del pueblo es esta perspectiva (Hermet; 2003)». En este sentido, la retórica populista actúa como catalizador directo de las demandas políticas y sociales, en función de una estructura societal que requiere de la heterogeneidad y la emotividad que las conduzca. Esto mismo es lo que concluía Canovan en su trabajo Populismo, cuando advirtió que «el populismo sólo constituye una forma de acción política polémica, de contornos muy vagos, que de un discurso centrado en el pueblo […] pretende provocar una fuerte reacción emocional en el público al cual se dirige (Canovan; 1981)».

De izquierdas a derechas

Como obliga el lugar común, el populismo se ha asociado a regímenes que no cumplen con los requisitos de responsabilidad fiscal, privatizaciones y desregulación financiera, que tanto defienden los apologistas neoliberales. Es por ello que ir en contra de ello o no obedecer con dichos predicamentos es situarse en la vereda del populismo.

Además, el populismo se utiliza como un recurso tan repetitivo que se le ha ido vaciando de contenido significativo. Quizás porque aludir al “espectro” del populismo solo sirve para señalar al público lo que debe evitar como al demonio, sin hacerlo avanzar en la comprensión de la ciudadanía (Hermet; 2003).

Cuando se evoca el vocablo populismo se hace para descalificar a un régimen o a una figura política que parece no cumplir con los cánones convencionales del orden social acordado por los grupos oligárquicos. Es así, como se le atribuyen rasgos populistas a casi todos los movimientos de izquierdas –no partidos ni dirigentes políticos tradicionales- que surgen en un momento de quiebre social. Pero rara vez se verifica el porqué un fenómeno retórico, oscilante y emocional se potencia en un momento en que el sistema político tradicional ha quebrado la cohesión y/o la confianza de los ciudadanos.Es por ello que lo más probable es que el comunicador del mensaje esté demostrando una animadversión hacia quien dirige el adjetivo, más que un conocimiento cabal del término. Esto ha sucedido –y sucede- de forma recurrente con gobiernos como el de Hugo Chávez, de Evo Morales, de Cristina Fernández o de Rafael Correa –incluso a Lula y a Bachelet se les rotuló de populistas cuando fueron candidatos en sus respectivos países- mientras que a otros como Álvaro Uribe, Vicente Fox o Silvio Berlusconi, que utilizaron los recursos populistas para ascender al poder, nunca se les definió con ese apelativo.

Cita 3

En síntesis, populismo termina siendo un concepto vacío, algo identificable con el lugar común, el tópico coloquial o el adjetivo descalificativo de turno, más que con una teoría explicativa de ciertos comportamientos políticos dentro de determinadas circunstancias. Algo más cercano a la retórica que a la ideología, una apelación a la forma como fondo sin ningún tipo de constatación de lo que se afirma. Quizás sólo se utiliza para señalar que «el otro es populista porque yo no lo soy».

En fin, una vez planteadas todas las derivaciones, descripciones y enunciaciones que se han hecho del populismo, resultaría bueno hacerse una pregunta retórica al respecto, como por ejemplo ¿En qué se emparenta el populismo con que se define al régimen de Hugo Chávez en Venezuela y el del movimiento cinco estrellas de Pepe Grillo?


Para más información consultar:

[1] Laclau, Ernesto, “La razón populista”, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005.

[2] Germani, Gino, “Autoritarismo, fascismo y populismo nacional”, New Brunswick, New Jersey, Transaction Books, 1978.

[3] Dentro de los trabajos desarrollados en este campo destacan, «Populism», Londres, Junction Books, 1981 y «The People», Polity Press, 2005.

[4] Hermet, Guy, «El populismo como concepto», Revista de Ciencia Política Universidad Católica de Chile, Volumen XXIII, N° 1,Pp. 5-18, 2003.

Anuncios

  1. Pingback: El tablero político en Chile después de las primarias « Política Crítica

  2. Pingback: Ecuador: ¿Tiene la Revolución Ciudadana quién la defienda? « Política Crítica

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s