Objetivos de Desarrollo del Milenio, una falsa declaración de intenciones 1

Con el final de la Guerra Fría y el proceso de descolonización se producen importantes cambios en la arena internacional que provocan un replanteamiento de las relaciones internacionales y por ende de la ayuda al desarrollo y de las interrelaciones de los Estados.

Sara Díaz ChapadoImagen

Para analizar cómo y por qué se establecen en el año 2000 los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), hay que remontarse varios años atrás y estudiar la historia de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) y la cooperación al desarrollo en general. A modo de resumen,  se puede decir que la cooperación y la ayuda al desarrollo siempre han estado ligadas a la política exterior de los Estados. Así, en el contexto de Guerra Fría la ayuda en algunos casos era utilizada de forma geoestratégica para beneficio de los intereses de los bloques, así como para imponer condiciones políticas a los países menos desarrollados que impidieran el ascenso del comunismo a nivel mundial. Con el final de la Guerra Fría y el proceso de descolonización se producen importantes cambios en la arena internacional que provocan un replanteamiento de las relaciones internacionales y por ende de la ayuda al desarrollo y de las interrelaciones de los Estados.

En este contexto, en los años 90 se imponen durante mucho tiempo la doctrina y las políticas económicas del «Consenso de Washington». La base de este acuerdo, que primero se pensó para América Latina y luego se extendió de forma generalizada, era, en lo que a desarrollo se refiere: «potenciar y creer que las políticas de apertura y liberalización de la economía contribuirían por si solas a un mayor crecimiento económico así como a una mejor repartición de sus frutos, pues un mercado integrado llevaría a una convergencia de rentas». Así, el desarrollo sostenible y la reducción de la pobreza serían consecuencia natural de la globalización, y los países o regiones que no se desarrollasen no lo harían, seguramente, por políticas internas fallidas.

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Programa de las naciones Unidas para el Desarrollo,
Informe sobre Desarrollo Humano 2005. La cooperación internacional ante una encrucijada: Ayuda al desarrollo, comercio y seguridad en un mundo desigual, PNUD, Nueva York, 2005, pp. 28-30.

Sólo hace falta echar un vistazo a la historia y a la realidad para recordar que las teorías de la «mano invisible» y la «autorregulación» de los mercados son cuentos con un triste final. En el gráfico adjunto se observa que la desigualdad internacional ha ido aumentando a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, especialmente desde finales de los 80 y principios de los 90, que es justamente cuando la caída del bloque del Este condiciona el escenario propicio para el auge de las ideas neoliberales. Lo que en realidad provocó esta desregulación de los mercados, privatización de empresas públicas, liberalización de los tipos de interés, etc; fue un aumento constatado empíricamente de las desigualdades, tanto a nivel internacional como en el interior de los países más pobres.

Ante esto, y por el surgimiento y la presión de diferentes movimientos antiglobalización o altermundistas que celebraron cumbres paralelas, va calando la idea de que para combatir la pobreza y la desigualdad las actuaciones debían ser globales y muy diferentes a las dominantes durante la década de los 90. Si bien las propuestas más conocidas de estos movimientos (tasa Tobin, condonación de la deuda externa, supresión del FMI y el Banco Mundial, libre circulación de personas…) nunca han llegado a implantarse; es indudable el efecto persuasorio que tuvieron en cuanto al establecimiento de la «agenda social» de la globalización o los llamados Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Estos objetivos fueron:

  1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
  2. Lograr la enseñanza primaria universal.
  3. Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer.
  4. Reducir la mortalidad infantil.
  5.  Mejorar la salud materna
  6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades.
  7. Garantizar el sustento del medio ambiente.
  8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.
ODM

Fuente: nmsocial.blogspot.com.es

Cercanos ya a 2015, fecha en la que deberían haberse cumplido diferentes compromisos en base a unos indicadores establecidos por las Naciones Unidas, podemos hacer un balance acerca del cumplimiento o no de los mismos. A la luz de los resultados se puede decir que existen avances muy sustanciales en algunos países, sin embargo, sigue habiendo una falta de financiación muy importante, cuestión que se agrava con la crisis económica actual. Algunos de los datos más destacables serían que si bien la pobreza extrema y la indigencia se han reducido considerablemente en los últimos años, disminución atribuible en gran medida al empeño de China, según datos del Banco Mundial; el número total de pobres se mantiene estable y las desigualdades han aumentado. Sin embargo, más allá de estos datos y de los propios indicadores, habría que preguntarse acerca de la utilidad de los propios objetivos, partiendo de la base de que constituyeron, sin duda, un paso adelante en el compromiso de la lucha contra la pobreza por el propio hecho de ser planteados.

No obstante, se puede separar la cooperación al desarrollo y por tanto los ODM del orden mundial hegemónico y del papel preponderante que ostenta Estados Unidos en la Organización de Naciones Unidas. Desde el Consenso de Monterrey y cumbres posteriores EE.UU. ha tratado de bloquear sistemáticamente un compromiso contundente con el cumplimiento de los ODM, evitando sara2incluir compromisos cuantitativos o redactándolos de forma que no se derive de ellos ninguna obligación sino un compromiso en abstracto; por el contrario ha incidido en el aspecto de las reformas internas que deberán llevar a cabo los diferentes Estados, o en los derechos de propiedad y el capital privado. La condición de la ayuda ha sido utilizada sistemáticamente por los países desarrollados para imponer reformas internas en los países receptores; esto, unido al problema de la deuda externa, convierte a la ayuda al desarrollo en muchas ocasiones en una forma de injerencia de los países ricos y organismos internacionales tales como el FMI o el BM, que acaba perjudicando a largo plazo a los países en desarrollo, y beneficiando a las empresas extranjeras asentadas en esos territorios. La ayuda nunca podrá ser eficaz si sigue siendo un instrumento de política exterior de los países ricos, y la clave está en otras políticas como la comercial, la agrícola, las relacionadas con la inversión extranjera directa, la migratoria… que en la mayoría de los casos son contradictorias con los planteamientos de desarrollo del milenio.

Las propias tesis del desarrollismo que parten de la base de que todos los países del mundo pueden llegar a desarrollarse a través de la industrialización, la ayuda, y reformas internas e institucionales, son cuestionadas por la teoría de la dependencia, que entiende que desarrollo y subdesarrollo son aspectos de un mismo fenómeno que interactúan y se condicionan mutuamente. Esta teoría critica el neocolonialismo económico y entiende que, mientras siga existiendo un intercambio desigual entre una periferia explotada dominada por un centro imperialista, no podrán combatirse en ningún caso la pobreza, las desigualdades y el subdesarrollo; pues, por buena intención que tengan estas políticas, se estará luchando contra las consecuencias y no contra las causas del problema.

En el contexto de crisis mundial, no sólo se han recortado drásticamente las partidas presupuestarias destinadas a la cooperación al desarrollo; sino que se observa como en los propios países del centro -la UE- se reproducen estas dinámicas de dependencia, en este caso de los países del Sur de Europa respecto a las instituciones europeas y los bancos alemanes.

El horizonte sería profundamente desesperanzador si no tuviésemos el ejemplo del bolivarianismo que viene pisando fuerte desdesara3 América Latina. La victoria de Hugo Chávez en Venezuela en 1998, junto con las posteriores de Evo Morales en 2005 en Bolivia y Rafael Correa en 2006 en Ecuador, están demostrando que se puede hacer política de una manera alternativa a la que el capitalismo y sus clases dominantes han realizado a lo largo del siglo XIX y XX. Estos modelos políticos se caracterizan por una refundación profunda del orden democrático que permite la participación de las clases populares en la toma de decisiones, y la recuperación de la soberanía del pueblo como base para generar desarrollo económico y combatir la pobreza y la desigualdad.

En los próximos años esta cuestión será fundamental. Las crisis estructurales como la actual determinan el principio y el fin de nuevos modelos y nuevas formas de ver el mundo. Cabrá la posibilidad de darle un verdadero impulso a la lucha contra las desigualdades mundiales o profundizaremos aún más en un modelo de pérdida de soberanía ante instituciones económicas y financieras internacionales. De nada nos valdrán unos nuevos objetivos que sigan contradiciéndose con la realidad y con aquellos que ostentan el poder a nivel mundial. Immanuel Wallerstein, uno de los principales teóricos de la dependencia, decía que «aunque el futuro será totalmente impredecible, estará marcado por la intervención humana, de cada uno de nosotros, por nuestros pequeños aportes». Quizás ha llegado el momento de quitarse esas «gafas occidentales», esa visión etnocéntrica, y para ver las nuevas vías que ya existen. Quizás ha llegado el momento, esta vez sí, de adquirir un compromiso firme contra la injusticia.

Para más información: 

-José Antonio Sanahuja (2007), “¿Más y mejor ayuda? La Declaración de París y las tendencias en la cooperación al desarrollo”, en Manuela Mesa (Coord.), Guerra y conflictos en el Siglo XXI: Tendencias globales. Anuario 2007-2008 del Centro de Educación e Investigación para la Paz (CEIPAZ), Madrid, CEIPAZ, pp. 71-101.

-J.Mª TORTOSA: “Para seguir leyendo a Wallerstein” en I. WALLERSTEIN: El futuro de la civilización capitalista, Barcelona, Icaria, 1997, 103-131.

– Informe sobre Desarrollo Humano 2005. La cooperación internacional ante una encrucijada: Ayuda al desarrollo, comercio y seguridad en un mundo desigual, PNUD, Nueva York, 2005.

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