Conflicto en el este del Congo: ¿un pueblo víctima de su propia riqueza? 6

SERIES: El conflicto en la República Democrática del Congo es uno de los conflictos armados más complejos en su análisis. En primer lugar, sus causas son múltiples y están ligadas a otros conflictos como el de Rwanda y Burundi, además múltiples actores han participado del mismo – milicias, bandas armadas, grupos de autodefensa, grupos rebeldes y ejércitos nacionales – y la facilidad con la que se han transformado las alianzas y dinámicas entre estos es abrumadora. Síntesis sobre la evolución del conflicto en el este de la RD Congo en las últimas décadas, y análisis sobre las posibles alternativas para el mantenimiento y la consolidación de la paz en esta región.

 

Juliana Ospina Serna

RD CONGO UN MAP JULY 2011

Mapa de la República Democrática del Congo. Fuente: UN Departement of Peacekeeping Operations, July 2011

Conflicto Armado Interno Internacionalizado

La actual República Democrática del Congo ha sido un país explotado y expoliado desde la colonia belga, cuando el país es adjudicado a Leopoldo II de Bélgica como parte de sus “propiedades personales”. En  1960, luego de promover la independencia del país de la Corona Belga, el Movimiento Nacional Congolés – MNC –  llega al poder, con  Joseph Kasa-Vubu como Presidente y Patrice Émery Lumumba como Primer Ministro. En 1961, Lumumba es asesinado luego de un golpe de Estado perpetrado por Mobutu Sese Seko, quien permanece en el poder durante tres décadas, explotando para beneficio propio gran parte de los recursos naturales del entonces llamado Zaire. A lo anterior se suma la invasión de países extranjeros, con el objetivo principal de beneficiarse de la explotación y comercialización de dichos recursos, enorme riqueza con la que cuenta el suelo y subsuelo de esta región del mundo.

En 1994 se pone fin al genocidio en Rwanda, y el Frente Patriótico Ruandés – FPR – toma el poder en Kigali; aproximadamente un millón de hutus – entre ellos extremistas que participaron del genocidio – se refugian con el beneplácito de Mobutu en el este de Zaire, en la región de los Kivus. (Royo, 2009: 9; Escola de Cultura de Pau, 2012b)

Es en esta región oriental donde en 1996 las fuerzas rebeldes – con Laurent-Désiré Kabila como líder – conformadas con la ayuda y participación directa del FPR y de pie de fuerza proveniente de Uganda y Burundi, inician una rebelión que culmina con la salida de Mobutu Sese Seko del poder. Los principales intereses que movían tal participación del FPR eran la riqueza en minerales en esa región del Congo, y la posibilidad de intervenir en los campos de refugiados hutus en Kivu del Norte, con la certeza de que desde allí los genocidas hutus estaban tramando un plan para recuperar el poder en Rwanda. En efecto, es allí donde surgen las milicias hutus ruandesas, llamadas Fuerzas Democráticas para la Liberación de Rwanda – FDLR – conformadas entre otros por personajes hutus que participaron en el genocidio de Rwanda y que buscan recuperar el poder en este país. (Royo, 2009: 8-10)

Los rebeldes de Kabila, acompañados por tropas ruandesas y ugandesas, se toman Kinshasa en 1997. Al llegar al poder, Kabila cambia el nombre de Zaire por República Democrática del Congo – RDC. Pero no sólo modifica el nombre del país, sino además sus alianzas políticas; es así como declara la oposición política como ilegal, y exige a las tropas ruandesas y ugandesa que le apoyaron abandonar el país. A causa de esto, se presenta en 1998 una revuelta del ejército congoleño en el este de la RD Congo.

Laurent-Désiré Kabila, Patrice Émery Lumumba, Joseph-Désiré Mobutu: Tres líderes de la historia congoleña. Fuente: Archivo BBC

Laurent-Désiré Kabila, Patrice Émery Lumumba, Joseph-Désiré Mobutu: Tres líderes de la historia congoleña. Fuente: Archivo BBC

Los rebeldes se agrupan en la Coalición Congoleña para la Democracia – RCD[1] por sus siglas en francés – apoyados por Rwanda y Uganda, mientras que el ejército de Kabila cuenta con el apoyo de Zimbawe, Namibia, Angola y Chad. Kabila es asesinado en el año 2001. En realidad, a diferencia de la primera guerra en 1996, que constituye una alianza africana contra el régimen de Mobutu, la segunda guerra – iniciada en 1998 – muestra una división entre aquellos que buscan la permanencia de Kabila, y aquellos para los que dicha permanencia ya no representa ningún beneficio. (De Villers, 2005: 48)

Esta invasión conjunta de tropas extranjeras, principalmente ugandesas y ruandesas, provocó pues el estallido del conflicto en la RD Congo. Es por esto que la llamada Segunda Guerra del Congo – que comienza en 1998 y culmina en teoría con los diálogos de paz en el año 2002 – ha sido catalogada como la “Primera Guerra Mundial Africana”, dada la magnitud de la misma y el número de países del continente africano involucrados. (Melmoth, 2007: 78) En consecuencia, el conflicto en la RD Congo ha tenido episodios a la vez de guerra civil como de conflicto internacional, por tanto es considerado como un conflicto armado interno internacionalizado. (Escola de Cultura de Pau, 2012a: 31)

Joseph Kabila, Presidente de la República Democrática del Congo, e hijo de Laurent-Désiré Kabila. Fuente: Archivo BBC

Así pues, desde 1996 la guerra y los episodios de violencia han sido continuados, con períodos de tensa calma, y réplicas de considerable intensidad. Uno de estos períodos de “tensa calma” se da entre 2002 y 2003, durante el Proceso de Paz. A partir de 2003, entra a regir un Gobierno de transición de Unidad Nacional, con Joseph Kabila a la cabeza – hijo de Laurent-Desiré Kabila – quien es elegido democráticamente en 2006 en el marco de las primeras elecciones democráticas en este país después de 46 años.

La situación en el este de la RDC: la disputa por la posesión de la tierra en la región de los Kivus

Es claro pues, como ya se ha mencionado, que la región oriental de la RDC es el foco principal del conflicto congoleño. El factor étnico ha sido determinante, dadas las constantes disputas de origen étnico en la densamente poblada Kivu del Norte, entre las comunidades que se reconocen como autóctonas – Bahunde, Banyanga, Banande – y los Banyarwanda, población étnica de origen ruandés – compuesta tanto por hutus como por tutsis – que habita estas tierras desde tiempo remoto, pero a los cuales se les considera “no nativos”, por tanto se les dificulta acceder a la nacionalidad congolesa. La provincia de Kivu del Sur, por su parte, es una provincia menos poblada, y la división principal está dada entre los grupos étnicos denominados autóctonos en esta región – como los Bafulero o los Babembe -, los Banyamulenge, migrantes tutsis provenientes de Rwanda – pero que no se autoidentifican como tutsis –, y los Barundi provenientes de Burundi, considerados como no autóctonos. (Royo, 2009: 8)

Es así como la nacionalidad y los derechos que se derivan de ésta, están a la base de las disputas étnicas en esta región del país. En efecto, algunos privilegios concedidos por el Gobierno de Mobutu a las poblaciones Banyarwanda (en particular la componente tutsi de esta población) y Banyamulenge, han incentivado las rivalidades de estos grupos. Sin embargo, las disputas y enfrentamientos se han dado sobre todo por el  acceso a la tierra – en una zona con una densidad de población considerable – y la participación política de estas comunidades. La tensión en torno a lo étnico se incrementa a inicio de los años noventa debido a los enfrentamientos entre hutus y tutsis durante la guerra y el genocidio en Ruanda. (Prunier, 2008; De Villers, 2005: 57)

Es importante tener en cuenta que los grupos étnicos son construcciones históricas y sociales influenciadas por las relaciones de poder y el acceso desigual a los recursos, más no constituyen entidades fijas definidas por los rasgos físicos o la genealogía, a pesar de que su uso está ligado a la idea de reagrupamiento “natural”. Lo que ocurre entonces es que la palabra etnia se inscribe dentro de la construcción de una frontera étnica, con base en la instrumentalización de la etnia como la reproducción de un esquema del colonizador a partir de discursos esencialistas y antropomórficos. (Cf. Streiff-Fenart, Poutignat, Barth, 1995)

Así pues, el grupo étnico se define con relación al otro, en la relación con el otro, más no define una población como tal, sino una categoría dentro de la que se ubica ese otro para diferenciarlo. El conflicto en esta región no se reduce a su dimensión étnica, pero tal dimensión ha servido a los actores políticos y armados para movilizar al pueblo en torno a la defensa de una supuesta identidad. Es decir, la identidad étnica juega un rol importante en el conflicto, más no como una causa primera, sino como una fuerza de movilización política. (De Villers, 2005: 56) (Cf. Amossy, Herschberg, 1997)

La región de los Kivus se ha visto perjudicada por una serie de dinámicas históricas que han erosionado el sistema tradicional de Párrafo ampliado 1distribución de la tierra. Como consecuencia, una de las más claras alternativas para lograr participar en el sistema económico y de distribución impuesto en los Kivus durante los años de conflicto ha sido pertenecer o apoyar alguno de los grupos armados. (Jourdan, 2006: 180) En efecto, las condiciones en la zona oriental de la RD Congo son una clara manifestación de la fragmentación de los poderes locales que se ha presentado en esta zona durante las últimas décadas y que ha transformado esta región en un “territorio sin Estado”. (Melmoth, 2007: 79) Durante la Segunda Guerra del Congo, la administración ya no estaba en manos del Gobierno central, ni siquiera del Gobierno provincial, sino en manos de los grupos armados rebeldes.  En el caso de los Kivus, la RCD se encargó de sustituir el poder estatal, imponiendo sus propios parámetros de justicia y “buen gobierno”. (Melmoth, 2007: 80)

Diamantes y minerales: riqueza y tragedia de la RD Congo

El conflicto en la RD Congo muestra la dinámica que se desarrolla alrededor de la lucha entre gobiernos y empresas multinacionales por el control de los recursos minerales del subsuelo congolés. La explotación de los recursos naturales no puede ser considerada la única causa del conflicto, pero sí un elemento fundamental en la perpetuación y la acentuación del mismo. Es imposible negar, en el caso del Congo, que las rivalidades políticas y las tensiones en torno a lo étnico y lo identitario han contribuido también al desarrollo del conflicto. Pero, como ya se ha mencionado, el factor étnico ha sido utilizado como discurso por parte de los actores políticos para exacerbar el odio y movilizar a la población.

Niños trabajando en mina de Coltán - Fuente: Mvemba Dizolele/dizolele.com

Niños trabajando en mina de Coltán – Fuente: Mvemba Dizolele/dizolele.com

Es así como la etnia y la identidad han servido de justificación para llevar a cabo actos atroces que tenían como fin último la consecución del poder y/o la apropiación de tierras para la explotación y la comercialización informal de minerales como el coltán, uranio, petróleo, diamantes, oro, entre otros. El coltán, en particular, es uno de los recursos minerales más codiciados por la industria de nuevas tecnologías. Se calcula que el 80% de las reservas a nivel mundial de este metal se encuentra en la RD Congo, por tanto su explotación artesanal – para la cual se utilizan menores que trabajan en condiciones paupérrimas – y su comercialización es fácil y rápida, dados los niveles de demanda de Coltán en el mercado internacional. (Vandeburie, 2007: 58, 65)

Es posible afirmar que el conflicto armado en la RD Congo ha sido financiado y promovido por aquellos actores, entre ellos las compañías multinacionales dedicadas a la comercialización de minerales como el coltán,  interesados en acceder a la tierra – principalmente aquellas ubicadas en la región oriental – y adquirir el control absoluto de la explotación de la riqueza mineral con la que cuenta este país.  Se podría hablar por ejemplo del tráfico de armas financiado por el comercio ilegal de diamantes, y de la exacerbación del odio étnico entre tribus rivales con el objetivo de perpetuar la inestabilidad política y social en la RD Congo.

Los diferentes grupos armados han aprovechado los vacíos de poder para proseguir con sus actuaciones violentas y han impedido, por medio de la violencia y el éxodo, que las comunidades en las regiones con mayor concentración de recursos naturales dispongan de los mismos, o por lo menos se vean beneficiados de su explotación.

Es manifiesta entonces la incapacidad estatal de responder ante la magnitud del conflicto que lleva más de dos décadas, así como el alto grado de connivencia por parte del Estado con ciertos actores que perpetran crímenes abominables contra la población civil. Esto hace parte de la estrategia que por años se ha implementado para hacer la respectiva repartición del «botín». En consecuencia, el control estatal no cubre todo el territorio ni el conjunto de las esferas del poder, permeadas de una u otra forma por la sed de riqueza.

Mujer víctima de violación en recuperación en el hospital de Goma, Kivu del Norte. Foto: AP/Gary Knight

Mujer víctima de violación en recuperación en el hospital de Goma, Kivu del Norte. Fuente: AP Photo/Gary Knight

Se estima que este conflicto ha cobrado entre cuatro y cinco millones de víctimas mortales desde 1996 (Escola de Cultura de Pau, 2012b). Además, es uno de los conflictos en el mundo donde la violencia sexual y crímenes relacionados con el género son el pan de cada día. De hecho, el uso de la violencia sexual como estrategia de guerra de manera generalizada y a gran escala en la región oriental de la RDC, posiciona al Congo dentro de los países con uno de los índices más altos de violaciones en el mundo. (UNAIDS, 2009) La violencia sistemática contra la mujer constituye un arma de guerra que no sólo degrada a la mujer como individuo, sino que descompone su base social desde su principal pilar, la familia.

Reactivación de la violencia en 2012

Según la Escola de Cultura de Pau de la Universidad Autónoma de Barcelona, el conflicto en el este de la RD Congo fue uno de los conflictos con mayor intensidad en el año 2011, a causa de las acciones armadas perpetradas por las milicias Mai Mai y el FDLR, y de los enfrentamientos entre estos grupos y el Ejército Congoleño, en mayor medida en Kivu del Sur, y en menor medida en Kivu del Norte. (Escola de Cultura de Pau, 2012a: 29; Escola de Cultura de Pau, 2012b) Esto es una manifestación de que la reconstrucción en RD Congo – luego del proceso de paz que finaliza en  2003 – no ha estado acompañada por reformas políticas y sociales de fondo, y que los crímenes cometidos en este país por los diferentes actores permanecen sumidos en la impunidad. En  2012 se presentaron nuevos episodios de violencia, principalmente en la región de los Kivus, como consecuencia de los enfrentamientos entre las Fuerzas Armadas Congolesas – FARDC – y el grupo armado Movimiento 23 de marzo – M23 –  con presencia en esta región y apoyado por Rwanda y Uganda. La situación es aún más álgida en Kivu del Norte, en donde el M23 se tomó la capital, Goma, en noviembre de 2012. Ante los hechos, la comunidad internacional empezó a presionar a las partes involucradas para que accedieran a dialogar, e instó al M23 a retirarse de Goma. Esta situación condujo a las partes a que iniciaran conversaciones de paz en diciembre de 2012, y la ONU decidió sancionar tanto al M23 como al FDLR por las atrocidades cometidas en esta zona del país. (Escola de Cultura de Pau, 2012b)

La presencia de grupos armados, tanto de la RD Congo como la intervención de tropas extranjeras, propicia la continuidad del conflicto y el resurgimiento constante de episodios de violencia. (Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, 2013: 2) Ante esta situación, la ONU ha promovido la firma de un nuevo acuerdo-marco en la región que establezca unas nuevas condiciones de juego para los actores nacionales y regionales que han intervenido en el conflicto de la RD Congo, haciendo un llamado a la comunidad internacional a participar como veedora y garante.

El Marco para la paz, la seguridad y la cooperación en la República Democrática del Congo y la región

El 24 de febrero de 2013 se firma en Addis Abeba un acuerdo entre Estados de la región de los Grandes Lagos, llamado Marco para la paz, la seguridad y la cooperación en la República Democrática del Congo y la región de los Grandes Lagos[2]. El papel de la ONU en la firma de este acuerdo fue de gran importancia, ya que el Secretario General impulsó la creación del mismo, la participación de los diferentes actores estatales y organismos multilaterales, y además apoya activamente el proceso de implementación. El objetivo de este Marco para la Paz es fortalecer las instituciones democráticas, introducir medidas que favorezcan la construcción del Estado congoleño y que faciliten la consolidación de unas condiciones de desarrollo sostenible en el país, con el fin último de evitar los ciclos de violencia que se han venido presentando reiteradamente en el este de la RD Congo.

En este acuerdo se establece un mecanismo nacional de supervisión, liderado por el presidente de la RDC, Joseph Kabila, así como un mecanismo de supervisión a nivel regional – el 11+4 – en el que participan actores estatales como la República Democrática del Congo, Angola, Burundi, la República Unida de Tanzania, Rwanda, la República Centro Africana, el Congo, Sudáfrica, Sudán del Sur, Uganda y Zambia. Contará con la participación, como garantes, de las Naciones Unidas, la Unión Africana, la Comunidad del África Meridional para el Desarrollo – SADC – y la Conferencia Internacional sobre la Región de los Grandes Lagos. También cuenta con el apoyo de actores internacionales como la Unión Europea, Bélgica, Francia, los Estados Unidos de América y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. (Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, 2013: 3)

Sin embargo, para algunas ONG congoleñas este esfuerzo es insuficiente. Para la Red Nacional de ONG de Derechos Humanos de la República Democrática del Congo – RENADHOC[3] –  este acuerdo no marca ninguna diferencia ni valor agregado respecto al acuerdo firmado en diciembre de 2006 en Nairobi, y que entró en vigencia en el año 2008 – el Pacto sobre la Seguridad, la Estabilidad y el Desarrollo en la Región de los Grandes Lagos[4]firmado además por los mismos Estados. Para RENADHOC la ONU debería sancionar a los gobiernos de Uganda y Rwanda por los crímenes cometidos en RD Congo de manera repetitiva y sistemática durante las últimas décadas. Exigen además que la comunidad internacional aúna esfuerzos para evitar que las atrocidades que ha padecido el pueblo congoleño queden en la impunidad y para evitar más crisis humanitarias en este país.

Buscando una salida definitiva al conflicto en el este de la RD Congo: ¿Posibles alternativas?

En efecto, la firma de este nuevo acuerdo-marco es un paso relevante en la estabilización de la RD Congo, pero deben implementarse medidas adicionales. Además, la comunidad internacional debe ser vigilante y la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo – MONUSCO – debe ser fortalecida.

Joseph Kabila, Ban Ki-moon y Paul Kagame en New York para la Joseph Kabila, Ban Ki-moon y Paul Kagame en New York para el 67° Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU,  27 de septiembre de 2012. Fuente: UN Photo/Eskinder Debebe

Joseph Kabila, Ban Ki-moon y Paul Kagame en New York para el 67° Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU, 27 de septiembre de 2012. Fuente: UN Photo/Eskinder Debebe

Las condiciones actuales en RD Congo son diferentes a las de 1998. En esta época el Congo no contaba con la presencia de un pie de fuerza de la ONU para el mantenimiento de la paz, ni con el apoyo de este organismo para la consolidación de la misma y la protección de la población civil. Hoy, RD Congo cuenta con la presencia de cascos azules de la ONU, con la MONUSCO en el terreno; de esta manera la ONU tiene la posibilidad de ejercer por medio de sus informes y recomendaciones un cierto grado de presión política sobre los actores del conflicto – en particular sobre Rwanda y Uganda, para que mantengan una posición de observador, aislada y sin intervención – y la comunidad internacional en general.

La comunidad internacional, especialmente los países donantes, tiene que continuar ejerciendo presión sobre el Gobierno en Kigali y el Gobierno de Kampala, exigiendo que no se inmiscuyan más en los asuntos de la RD Congo. De igual forma, el Gobierno congolés debe promover el dialogo con los diferentes actores, además de implementar adecuadamente acuerdos y políticas en pro de la depuración y consolidación de las instituciones políticas y militares, principalmente en el este del país.

A nivel nacional, el Gobierno de la RDC debe renegociar los contratos de extracción minera, lo cual le permitiría al Estado asumir el control sobre la adecuada explotación de los recursos naturales bajo parámetros justos con las comunidades en las regiones de explotación. También es importante la implementación de medidas a largo plazo que favorezcan la reconstrucción del país y la consolidación de la paz, entre ellas brindar atención psicosocial y médica a las mujeres, niñas y niños víctimas de violencia sexual, pues esto constituye una herramienta clave en la reconstrucción del tejido social.

PARA MÁS INFORMACIÓN:

–        AMOSSY, Ruth ; HERSCHBERG-PIERROT, Anne  (1997) Stéréotypes et clichés. Nathan, París.

–        Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (2013) Informe especial del Secretario General sobre la República Democrática del Congo y la región de los Grandes Lagos – S/2013/119. [En línea] http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=S/2013/119

–        DE VILLERS, Gauthier (2005) “La guerre dans les évolutions du Congo-Kinshasa”, en Afrique contemporaine, n° 215, p. 47-70.

–        Escola de Cultura de Pau (2012a) “Capítulo 1: Conflictos Armados”, en Alerta 2012! Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz, p. 29-79. Icaria Editorial / Escola de Cultura de Pau, Barcelona, España.

–                                                         (2012b) “Conflictos Armados: RD Congo (este)”, en Base de Datos de Conflictos y Construcción de Paz de la ECP [En línea] http://escolapau.uab.es/conflictosypaz/ficha.php?idfichasubzona=77&paramidioma=0

–        JOURDAN, Luca (2006) “Congo : recherche ethnographique dans un drôle de guerre”, en Civilisations, n° 54, p. 179-190.

–        KEMPF, Isabell (2010) “La prevención del genocidio y la lucha contra la impunidad en la región de los Grandes Lagos en África”, en Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, n° 109, p. 119-128. [En línea] http://www.observatori.org/paises/pais_57/documentos/Grandes_Lagos.pdf

–        MELMOTH, Sébastien (2007) “République démocratique du Congo : décentralisation et sortie de conflit”, en Afrique contemporaine, n° 221, p. 75-85.

–        United Nations Organization Stabilization Mission in the DR Congo – MONUSCO [En línea] http://monusco.unmissions.org/

–        PRUNIER, Gérard (2008) “The eastern DR Congo: dynamics of conflict”, en Open Democracy [En línea] http://www.opendemocracy.net/article/war-in-the-dr-congo-group-nation-power-state

–        Réseau National des ONGs des Droits de l’Homme de la République Démocratique du Congo – RENADHOC (2013) Communiqué de Presse N° RDC/RENADHOC/19/2013 [En línea] http://www.renadhoc.org/renadhocPaixSecuriteCooperation.pdf

–        ROYO ASPA, Josep María (2009) “La guerra de la RD Congo: más allá de sus recursos”, en Quaderns de Construcció de Pau, n° 11. Escola de Cultura de Pau, Barcelona, España.

–        STREIFF-FENART, Jocelyne ; POUTIGNAT, Philippe (1995) Théories de l’ethnicité (incluye BARTH, Frederik. “Les groupes ethniques et leurs frontières”), P.U.F. Collection Le sociologue, París.

–        The Joint United Nations Programme on HIV/AIDS – UNAIDS (2009) 16 días de activismo: las víctimas olvidadas del conflicto en el Congo [En línea] http://www.unaids.org/es/resources/presscentre/featurestories/2009/december/20091209unhcr/

–        VANDEBURIE, Julien (2007) “Le rôle de l’État dans la genèse des conflits liés aux ressources naturelles : le cas du Congo-Zaïre”, en Ecologie & politique, n°34, p. 57-68.


[1]. Nombre original en francés: Rassemblement Congolais pour la Démocratie

[2]. En francés: Accord-Cadre pour la Paix, la Sécurité et la Coopération pour la République Démocratique du Congo et la Région Africaine des Grands Lacs.

[3]. Nombre original en francés: Réseau National des ONGs des Droits de l’Homme de la République Démocratique du Congo – RENADHOC.

[4]. En francés: Pacte sur la Sécurité, la Stabilité, et le Développement dans la région des Grands-Lacs.

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