No hay gays en Palestina: el colectivo LGTB como instrumento del imperialismo israelí 1

GÉNERO: Israel ha levantado un monumento en conmemoración a los homosexuales asesinados durante el Holocausto. Coincide con avances en la lucha por el matrimonio igualitario, con el posicionamiento a favor del presidente Shimon Peres y con la equiparación de beneficios fiscales entre parejas homo y heterosexuales. ¿Es acaso Israel la meca gay de Oriente Medio, como a veces se pretende sugerir?

Loreto Ares*

Una protesta | Fuente: http://blog.adl.org/international/a-round-up-of-israeli-apartheid-week-events

Una protesta para detener el ‘pinkwashing’ en Palestina | Fuente: Israel & International ADL.org

Cuando se habla de la situación de la comunidad LGTB —lesbianas, gays, transexuales, bisexuales y otras sexualidades no normativas— en un Estado en concreto, se acude a

aspectos legales relacionados directamente con el colectivo. Por ejemplo, en el caso de Israel, se indicaría que las parejas de hecho están reconocidas legalmente para personas del mismo sexo, así como la adopción, el reconocimiento del matrimonio igualitario contraído en otros países, o la garantía de no discriminación en el ámbito laboral.

En estos momentos, Israel está de actualidad en el ámbito de la diversidad afectivo-sexual, tras unas declaraciones del presidente, Shimon Peres, en las que, en el mes de diciembre, demostraba su apoyo a la igualdad total de derechos para personas homosexuales y heterosexuales. Coincidían, además, con la inauguración de un monumento a los gays asesinados en el Holocausto, el primero de este tipo en Israel, erigido concretamente en Tel Aviv, la ciudad más conocida por el activismo y la cultura gay en todo el Estado.

Todas estas medidas —políticas de no discriminación, matrimonio igualitario, turismo gay-friendly…— están enfocadas a la variable LGTB. Pero, ¿acaso existen personas únicamente LGTB? Es decir, ¿qué sujetos son aquellos cuya única faceta identitaria es la de una sexualidad no normativa? Serán aquellos sujetos para quienes el resto de facetas estén determinadas por el privilegio: tanto en el género como en la condición legal, la raza, la religión, la salud…  La interseccionalidad es la perspectiva que desde la teoría y desde el activismo se aproxima a la lucha por la igualdad considerando simultáneamente diferentes variables de opresión.

Sin considerar una lucha interseccional, por ejemplo, no se entiende por qué despertó tantas críticas que precisamente la semana del Orgullo Internacional LGTB del Estado israelí fuera organizada en 2006 bajo el lema Amor sin fronteras; o que se utilice una imagen de dos militares del Ejército israelí dándose la mano para promocionar la defensa de la diversidad afectivo-sexual.

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Pancarta de la protesta durante el día del Orgullo Gay en Israel. | Fuente: Mondoweiss.

Muchos activistas palestinos hablan de pinkwashing para referirse al lavado de imagen que lleva a cabo el Estado de Israel utilizando para ello al colectivo LGTB. Así, la persona LGTB palestina que vive en los territorios ocupados o en el mismo Israel se ve obligada a elegir entre su identidad palestina y su identidad LGTB si quiere ser reconocida por muchos israelíes, tal y como explica en una entrevista Rauda Morcos, cofundadora de Aswat, asociación de mujeres lesbianas palestinas.

Aswat fue el primer grupo de activismo queer y lesbiano de Palestina y fue fundado ya hace diez años. Desde hace seis, Morcos ya no es la coordinadora, pero sigue siendo la cara visible. Al Qaws, dirigido por Haneen Maikey, es otro grupo palestino LGTB e integra a hombres y mujeres, mientras que Aswat se identifica políticamente como grupo de mujeres aunque también tenga personas transgénero —que no se identifican necesariamente como hombres o mujeres—, intersexuales, queer —un término paraguas que utilizan muchas personas con sexualidad no normativa para distanciarse de identidades binarias como hombre/mujer, hetero/homosexual…—, etc.

Cuando Morcos habla de activismo palestino LGTB, se exaspera por el hecho de que la lucha contra el patriarcado dentro y fuera de su comunidad se vea ralentizada por el tiempo perdido resolviendo malentendidos sobre lo que significa ser palestino, o visibilizando y combatiendo el racismo y la islamofobia en los colectivos LGTB —y no LGTB— occidentales. La filósofa poscolonial Gayatri Spivak denunció en uno de sus más famosos ensayos cómo «los hombres blancos quieren salvar a las mujeres oscuras de los hombres oscuros». Así, la retórica neocolonial e imperialista que utiliza al colectivo LGTB para fabricar enemigos transnacionales podría ser «heterosexuales blancos que quieren salvar a LGTB oscuros de los heterosexuales oscuros». Además, las personas LGTB blancas que quieran verse reconocidas por sus compañeros heterosexuales, tendrán que compartir este discurso imperialista e imponer las mismas agendas activistas occidentales en otros Estados con fines civilizatorios. Esta retórica se conoce como «homonacionalista» y ha sido denunciada por académicos como Jasbir Puar —también hablan Joseph Massad o Jin Haritaworn de «imperialismo gay»—.

La importancia de la interseccionalidad radica en la necesidad de activismos contra todas las variables de opresión y no sólo contra una para evitar que un discurso que, en principio, es de liberación, reproduzca dinámicas opresoras en otros aspectos como, por ejemplo, las retóricas racistas en las que cae muchas veces un discurso pretendidamente feminista sobre el velo.

En el Estado español también son habituales este tipo de discursos en los medios de comunicación, en la política y en los activismos. Entre los comentarios más habituales, encontramos dos narrativas diferentes: la primera, presente en discursos elaborados desde determinadas perspectivas feministas, destacan por un discurso que se fija en un solo eje y que describen un patriarcado universal que afecta por igual a todas las personas. La segunda narrativa, que proviene de discursos más alejados de la perspectiva feminista, se caracteriza por la instrumentalización de ésta a la hora de trazar al árabe o al extranjero como enemigo.

En general, las dos perspectivas fomentan la visión estructuralista dicotómica del mundo: naturaleza/cultura, barbarie/civilización, islam/occidente, odio/tolerancia, incluso islam/homosexualidad, obviando la posibilidad de que haya musulmanes LGTB salvo que sean presentados como víctimas sin voz.

Rauda Morcos concuerda con la lectura que tanto Jasbir Puar como Joseph Massad hacen de las imposiciones neocoloniales del movimiento LGTB occidental. Sin embargo, también parece un poco harta de teorías y teóricos. «Aswat no es un grupo de académicas, y yo no voy a conseguir nada escribiendo libros mientras observo desde fuera. Quiero estar pegada a la tierra, quiero contribuir a un cambio real desde dentro». Mientras Israel sigue utilizando la bandera gay como ejemplo de civilización, entre los palestinos que tratan de sobrevivir cada día a la ocupación también se encuentran los palestinos LGTB.

MÁS INFORMACIÓN:

GERSTNER, David A. Routledge International Encyclopedia of Queer Culture. Nueva York: Routledge, 2011.

MORCOS, Rauda. “Queering Palestina Solidarity Activism” en Montages: 2004.

*Loreto Ares es doctoranda en la Universidad Carlos III de Madrid, con una tesis sobre cine árabe con perspectiva queer. Ha publicado diferentes artículos sobre homonacionalismo, feminismos y cultura popular. Compagina su labor académica con activismos varios y diversos trabajos precarios.

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