El UKIP, la xenofobia y la fragmentación de la clase obrera 4

DEMOCRACIA: La ola de xenofobia que se está propagando por el viejo continente ha generado mucho interés entre politólogos, medios, y  público en general.  En vísperas de las elecciones europeas, parece que el United Kingdom Independence Party (UKIP), junto con varios otros partidos de Europa, están a punto de asestar un golpe al proyecto europeo.  La principal táctica para derrumbar al UKIP ha consistido en descreditar a sus miembros por medio de una cadena de acusaciones de racismo y xenofobia.  Sin embargo, esto ha evitado el debate  sobre las motivaciones económicas del partido, las que parecen ser igual de importantes.

Matthew Robson

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Desde hace unos meses que el United Kingdom Independence Party (UKIP) provoca ciertas reticencias en la vida política de Reino Unido. Mientras pueden resultar prematuros los pronósticos que otorgan una espectacular votación en las próximas elecciones europeas, de lo que no cabe duda es de que el partido ha  incrementado un importante  apoyo en los sondeos. De hecho, el más reciente sitúa con un 29% al UKIP, justo detrás del Labour Party con un 27%, y delante del Conservative Party que cuenta con un 23%.  Y eso que el partido de Nigel Farage ha tenido un declive de un 5% en la intención de voto, desde el sondeo hecho entre el 28 de abril y el 6 de mayo.

Es posible que este  modesto descenso se deba a la intensificación  de las críticas emanadas de los medios de izquierdas.  La serie de ataques ha consistido, sobre todo, en rastrear los sitios de social media en búsqueda de comunicados dañinos a los intereses de las personas pertenecientes al partido.  La verdad es que no ha resultado tan laborioso el trabajo. Las principales acusaciones son las de opiniones racistas, xenófobas y homófobas.  Por ejemplo, se informó de que el diputado del Parlamento Europeo de UKIP, Godfrey Bloom, había calificado de «bongo bongoland» los destinos que reciben ayudas económicas del Estado británico. Además, el candidato del distrito de Ealing, William Henwood, le había aconsejado al cómico británico negro Lenny Henry que «emigrara a un país negro».  La esclavitud fue un «acto de guerra» según Andre Lampitt, mientras que el concejal David Silvester cree que las inundaciones, las que hundieron grandes zonas del país, fueron provocadas por el matrimonio gay.

A pesar de estas denuncias , el nivel de apoyo indicado en los sondeos parece señalar cierta estabilidad, lo que significa que el UKIP es un partido que hay que tomar en serio.  El líder, Nigel Farage, y su partido, hacen todo lo posible para distanciarse de las revelaciones recientes, y más importante aún, cuenta con un mensaje que está llegando al electorado. Es un mensaje simple, que sintoniza con una formula ya probada desde hace mucho tiempo y que puede descifrarse con facilidad con  nada más  mirar su publicidad electoral.  Los culpables de los problemas de Reino Unido son los inmigrantes y la Unión Europea; la última siendo la que constituye el marco político, jurídico y económico que permite la entrada de los inmigrantes europeos. El hecho de que la esposa del mismo Farage sea  alemana y de que sus hijos hablen alemán como lengua materna, instala en su discurso un toque de ironía con indicios claros de hipocresía.

El manifiesto del partido ofrece más ejemplos de una orientación abiertamente  xenófoba. Además de salir de la Unión Europea, el UKIP también aboga por la retirada de muchos de los derechos sociales fundamentales a  los inmigrantes, durante sus cinco primeros año en el país. Estas personas no podrían acceder a servicios básicos tales como la educación pública ni la asistencia médica pública.  La supuesta justificación para ello sería  que la inmigración está «fuera de control»,  a pesar de que el número de inmigrantes  parece ser igual al número de británicos que se va al extranjero. El manifiesto también afirma que los espacios verdes son «objeto de ataque» y que  grandes zonas naturales «se tendrán que sacrificar» para construir nuevas casas para los inmigrantes.  Dentro de estos ataques contra los inmigrantes destaca especialmente el dirigido hacia el pueblo rumano, el cual se rotula bajo el titular, «puerta abierta al crimen».

Por todo ello, las tácticas usadas por el UKIP son parecidas a otros partidos euroescépticos a lo largo de Europa.  Son los mismos que se pueden detectar dentro del bloque Europe of Freedom and Democracy, al que pertenece UKIP, y del cual son parte, entre otros partidos, el Perussuomalaiset (Finlandia), el Dansk Folkeparti (Dinamarca) y la Lega Nord (Italia). Se trata de la misma Lega Nord a la que pertenece Francesco Speroni, persona que ha alabado al asesino múltiple noruego Anders Breivik diciendo que «las ideas de Breivik son en defensa de la civilización occidental». También es el partido que difunde comunicados lamentando la existencia de inmigrantes y mostrando dibujos de la supuesta amenaza que constituyen. Uno de los vídeos más recientes de la Lega Nord pretende solucionar el problema a través de la manipulación,  al colocar aun grupo de «inmigrantes» ante la cámara llamando a sus compatriotas a que «no vengan a Italia a sufrir hambre».

«Enmascarada bajo la fachada del nacionalismo, esta lógica política aspira a la protección de «capital» contra las amenazas que provienen de fuera»

Volviendo al UKIP, la hostilidad mostrada hacia la UE y los inmigrantes no refleja el panorama completo. Si bien el manifiesto del partido, en gran parte, refleja la lógica excluyente del «nosotros» y «ellos», residen en él también las señales de una política racional ultraliberal. Las intenciones de «reducir impuestos», con una reducción en el impuesto de herencia, y bajar las «costes de negocios» apuntan a un neoliberalismo que parece cada vez más desacreditado como ideología política.  Farage, quien fundó el UKIP en 1993, no ha ocultado nunca su admiración por Margaret Thatcher y ha destacado a Milton Friedman como otra gran influencia. El famoso economista de la Escuela de Chicago, por supuesto, fue uno de los pioneros y defensores del capitalismo del libre mercado.

La relación ideológica entre nacionalismo y capitalismo no es de ninguna manera una fórmula política nueva.  De hecho los dos han ido siempre codo con codo, y así lo señala sucintamente Neil Davidson (2013) en cuanto a que «el nacionalismo es una consecuencia ideológica necesaria del capitalismo». Y hay razones importantes para pensarlo. Enmascarada bajo la fachada del nacionalismo, esta lógica política aspira a la protección de «capital» contra las amenazas que provienen de fuera.  En este sentido, el Estado «ha de poder distinguir entre los que reciben su protección y los que no» (Davidson, 2013) y una división clara entre estados nacionales es lo que puede facilitarlo.

En cambio, cuando las fronteras empiezan a disolverse, estos mismos intereses pueden sentirse vulnerables e incluso perjudicados.  Por lo tanto, el fortalecimiento de las fronteras del mismo Estado-nación puede traducirse en el fortalecimiento de algunos intereses capitalistas.  Este puede considerarse el primer motivo esgrimido para salir de la UE.  Pero para conseguir este objetivo, el apoyo de la clase obrera es imprescindible y es aquí donde encajan las apelaciones al patriotismo del pueblo y la explotación de los miedos a la inmigración masiva. Por ello,  la aplicación de un discurso nacionalista ha tenido dos objetivos. En primer lugar, ha servido para unir los intereses del«capital», y además, se ha utilizado para conseguir el apoyo necesario de una parte de la clase obrera.

La consecuencia inevitable de todo esto es que conduce a la fragmentación de la clase obrera.  El nacionalismo exacerbado por las fuerzas capitalistas consigue que la conciencia de la nación supere a la consciencia de clase, con el resultado final de usurpar las áreas del electorado que, de otro modo, serían el terreno de los partidos de izquierda. Los partidos, como el UKIP, son particularmente eficaces porque no sólo levantan la bandera de la identidad nacional, como un paraguas bajo el cual las personas pueden agruparse, sino que construyen una amenaza a las personas de Reino Unido. La amenaza agrega  un cierto grado de urgencia. Una consciencia fortalecida por un discurso xenofóbico, lo que funciona  nada más que como una táctica, un engaño que pretende jugar con la identidad británica ya construida. Pretende cambiar los sentimientos de orgullo e historia de la nación, por la de rabia y resentimiento. Un sentido de resentimiento que culpa a los inmigrantes por todos los problemas que existen o los que puedan crearse. Los primeros perdedores  de un discurso como este son naturalmente los inmigrantes, seguidos muy de cerca por la misma clase obrera.

El hecho de que los sondeos estén mostrando un nivel de intención de voto tan alto por UKIP indica que algo va mal con el contraataque de la izquierda.  El descuido del argumento económico puede ser la razón de ello. Definitivamente, es revelador que un 62% de los votantes no sepan nada de las políticas económicas del partido. La explicación por lo cual existe tanta ignorancia es de por sí interesante pero queda fuera del alcance de este breve análisis.  Basta decir que, por la razón que sea, parece que los ataques contra el UKIP se han centrado en los elementos discriminatorios a expensas de resaltar las políticas económicas neoliberales que propone. El campo de batalla de la lucha contra la xenofobia siempre ha sido la clase obrera, y sobre todo las personas que se sienten marginadas por los efectos negativos del sistema capitalista. Por eso no es suficiente denunciar los elementos xenófobos y racistas dentro del UKIP.  Hay que afirmar una y otra vez que este elemento es más una máscara, una fachada, una táctica utilizada para conseguir otros objetivos políticos.

En última instancia, lo que busca es la fragmentación de la clase obrera y  su subyugación a manos de la clase capitalista.  Hasta que esto sea implantado en la consciencia de las personas, siempre cabe la posibilidad de que algunos se pierdan ante un discursivo que puede parecer atractivo por su simplicidad.

 MÁS INFORMACIÓN

 Davidson, Neil (2013) Nationalism and Neoliberalism.  Variant issue 32.

 

 

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