Los polos opuestos de Suecia: una fuerte ultraderecha en un nuevo Gobierno de izquierdas 3

DEMOCRACIA: En septiembre de 2013, Noruega se olvidaba por un momento del atentado que perpetró un exmiembro del ultraderechista Partido del Progreso y que dejó 77 muertos y más de un centenar de heridos, para mantener el camino ascendente de una formación contraria a los valores que profesa su nombre. Un año después, la extrema derecha sueca sigue su estela y se consolida, aunque lo hace en un contexto distinto: con una coalición de izquierdas que echa del trono al centro-derecha.

Tamara Fariñas R.

Simpatizantes del partido ultraderechista de Jimmie Åkesson en un mitin el pasado mes de mayo en Estocolmo | Fuente: Frankie Fouganthin

Simpatizantes del partido ultraderechista de Jimmie Åkesson en un mitin el pasado mes de mayo en Estocolmo | Fuente: Frankie Fouganthin

Las últimas elecciones europeas fueron un duro golpe, aunque no inesperado, para la socialdemocracia en toda su geografía. El ascenso de la extrema derecha en diferentes países, que obligó a la coalición en unos comicios que dieron la victoria al grupo ‘popular’, preocupó y sigue preocupando en todo el viejo continente.

En 2013, la derrota de los laboristas noruegos abría las puertas en el Gobierno a un Partido del Progreso (Fremskrittspartiet), de carácter ultraderechista, a pesar de que un exmiembro de la formación había sido el culpable de los atentados de Utøya, en los que murieron 77 personas, en su mayoría jóvenes, y más de un centenar resultaron heridas. Poco importaron las advertencias y el temor en Europa: la extrema derecha se consolidó con fuerza y se instaló en el Gobierno noruego.

Poco después Europa vivió una situación similar y las Elecciones Europeas se convirtieron en un caldo de cultivo de los partidos, principalmente euroescépticos y, en menor medida pero de una forma preocupante, las formaciones ultraderechistas. El Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia, el Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP), el Partido de la Libertad holandés y una larga lista de formaciones que luchan, principalmente, por los derechos de los nacionales con un tinte claramente xenófobo fueron los vencedores de los últimos comicios de Europa que, si bien es cierto tienen una tasa de participación relativamente baja, son el ejemplo de una problemática que no se debe dejar de lado.

La derecha xenófoba y, en particular la escandinava, tiene un discurso bien preparado que ha ganado adeptos con las crisis económicas que han ido haciendo mella en los estados de Bienestar. En este sentido, se pueden distinguir tres ejes a los que, desde este tipo de formaciones, como la de los Demócratas Suecos (Sverigedemokraterna), partido ultraderechista disfrazado de tolerante, apelan continuamente. Por un lado, la relación entre la entrada de inmigrantes y el aumento de las tasas de desempleo; por otro, la inmigración hacia países con buen acceso a generosos servicios sociales y, por último, la amenaza que supone, la llegada masiva de extranjeros, a los valores culturales de la sociedad sueca, una sociedad que en este aspecto es relativamente cerrada.

El caso de Suecia

En este contexto, se podría pensar que en los países escandinavos no sea frecuente relacionar el desempleo con la inmigración debido, principalmente, a las bajas tasas de desempleo, si se comparan con el resto de Europa. No obstante, no es así. Suecia, con un paro que oscila en torno al 9% —cifra que, en España por ejemplo, se considera en situación de paro cero pero que, por el contrario, triplican la tasa de empleo neto del país escandinavo—, ha incluido en el discurso de su extrema derecha esta vinculación, eso sí, de forma más pasional que real, convirtiendo a los inmigrantes en cabeza de turco de muchos males, entre ellos, el mal más común: el desempleo (Bjørklund y Goul Andersen, 1999). Pero nadie hasta el momento ha sido capaz de publicar ningún dato empírico que demuestre que el desempleo, tanto a nivel individual como a nivel social, vaya asociado con el apoyo a los partidos populistas de extrema derecha.

Por otro lado, la generosidad de los sistemas de bienestar escandinavos sienta la base del segundo eje en el que hacen hincapié este tipo de formaciones, aspecto que dejó claro el propio Sverigedemokraterna en el vídeo de campaña que utilizó en las anteriores elecciones de 2010, y con el que consiguió entrar en el Parlamento superando la barrera del 5% de los votos, requisito necesario para contar con representación en el Riksdag.

Spot: La política es cuestión de prioridades. El 19 de septiembre, tú decides si recortamos en las pensiones o en inmigración.

No obstante, una vez más, este tipo de discurso tampoco cuaja en la sociedad, ya que se ha demostrado que, aunque entre las ventajas que se plantean los inmigrantes al escoger su país de destino se encuentra, desde luego, el acceso a mejores servicios sanitarios o de educación, no se realiza única y exclusivamente en base al sistema de bienestar que posee, sino a «otros factores tradicionales como los económicos, la cercanía o el idioma» (Pedersen, Pytlikova y Smith, OCDE, 2004).

El tercer eje, y en el que más se ha centrado la extrema derecha sueca para las últimas elecciones, que tuvieron lugar el pasado 14 de octubre, es la amenaza cultural a la que se enfrenta el país receptor de inmigrantes culturalmente diferentes. «La llegada de un número ‘excesivo’ de individuos con culturas ajenas a la autóctona supone un peligro para la supervivencia de los valores, estilo de vida y tradiciones de ésta […], discurso que se ha visto progresivamente complementado con el de la necesidad de defender la sociedad y los valores ‘occidentales’ frente a la amenaza que se considera representa el Islam» (Hernández-Carr, 2011), percepción que se ha podido ver aumentada debido al uso equívoco de términos por los medios de comunicación (Mesa, 2010).

Así, Demócratas Suecos, dirigidos por Jimmie Åkesson, político que en numerosas ocasiones ha sido definido como un auténtico ejemplo de lobo con piel de cordero, se ha centrado en este último punto para dirigir su campaña en 2014.

Spot: Preocuparnos por nuestro país, nuestra cultura, nuestra historia, no es racismo. Tampoco el querer acabar con los crímenes de honor, la mendicidad y el tráfico de personas es racismo: es humanidad.

Quizás la sociedad sueca ha sabido frenar el ascenso de su extrema derecha –un partido nacido directamente de una organización vinculada al nazismo– más que en otros países durante los últimos cuatro años, pero el discurso escogido por el partido de Åkesson ha conseguido adentrarse profundamente en la percepción de los suecos y, osmótica y paulatinamente, ha aumentado su apoyo popular. Así, del 5,7% de los votos que le dieron acceso a 20 escaños en 2010, ha pasado a alcanzar un 12,9%, sentando a casi medio centenar de políticos ultraderechistas en el Riksdag sueco.

Comparando estos datos con los resultados generales de los comicios, podría afirmarse que Suecia se ha ido políticamente polarizando. Frente al ascenso de esta formación de tinte ultraderechista se encuentra el nuevo Gobierno, dirigido por Stefan Löfven, antiguo sindicalista y líder socialdemócrata que se convierte en primer ministro en lo que ha llamado un «Gobierno feminista de izquierdas» en el que incluirá, por primera vez en la historia del país nórdico, a ministros del partido de los Verdes.

En este contexto habrá que esperar a que el nuevo Gobierno sueco empiece a dar pasos para comprobar la influencia que conseguirá en el poder, ya que la polarización en el Parlamento puede dificultar la toma de decisiones, como ocurre con más claridad en algunos Parlamentos latinoamericanos. La distancia ideológica que existe entre el presidente y la media ideológica de la Cámara, más extrema este año que en Gobiernos anteriores, puede poner en peligro la estabilidad de un Gobierno que sustituye a la coalición de centro-derecha, y que lo ha hecho, además, en minoría, otro hándicap para Löfven (García Montero, 2009).

MÁS INFORMACIÓN:

PEDERSEN, Peder J., PYTLIKOVA, Mariola y SMITH, Nina. “Selection or Network Effects? Migration Flows into 27 OECD Countries, 1990-2004”, Discussion Paper, IZA (2004).

MESA, Laura (ed.). La imagen del mundo árabe y musulmán en la prensa española. Sevilla, Fundación Tres Culturas del Mediterráneo (2010).

HERNÁNDEZ-CARR, Aitor. “La derecha radical populista en Europa: discurso, electorado y explicaciones” en Revista Española de Investigaciones Sociológicas (REIS), n.º136. Madrid: CSIC.

GARCÍA MONTERO, Mercedes. Presidentes y Parlamentos. ¿Quién controla la actividad legislativa en América Latina? Madrid: CIS (2009).

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