El Tíbet y la lucha de poder: de la teocracia tibetana al conflicto con China 1

CONFLICTO Y PAZ: ¡Tíbet, patria libre! es uno de los lemas que, en relación a la región del Himalaya más se ha podido escuchar, no sólo recientemente, sino durante muchos años. El conflicto de esta zona, gobernada por un Dalái Lama desde el exilio, forma parte de la Historia universal y, aunque el actual Dalái parece aceptar cambios en su política de gobierno, China sigue sin dar su brazo a torcer.

Tamara Fariñas R.

Cartel de la liberación de la región del Tíbet | Fuente: Sergio R. Núñez C.

Cartel de la liberación de la región del Tíbet | Fuente: Sergio R. Núñez C.

La cuestión de los Derechos Humanos en el Tíbet es y ha sido muy controvertida a lo largo de la historia. Este año, el nuevo Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Raad al Husein, encargado de examinar con regularidad la situación de los derechos fundamentales en diferentes estados miembro, podría visitar la región del Tíbet para comprobar esta cuestión. Esta visita es algo que debe debatir con las autoridades chinas, precisamente con las que esta región mantiene un conflicto que parece no tener fin.

Para entender este conflicto es necesario explicar diferentes conceptos, entre ellos el de budismo. No obstante, hacerlo en Occidente es muy complicado, tanto por la dificultad de entender ciertos aspectos del budismo en sí como por la ausencia de textos escritos que dejaran plasmada la historia de su momento. Los textos budistas son tardíos y al ser la única fuente existente, es necesario confiar ciegamente en ellos para comprender esta disciplina.

Introducción del lamaísmo en el Tíbet

El budismo es una corriente espiritual que no menciona la creencia de ningún dios creador o absoluto y, como muchas otras religiones, ha adoptado diferentes formas de prácticas, aunque ninguna entra en conflicto con otras distintas, ya que no entiende del concepto de «guerra santa». El Buda Gautamá fue quien, siendo fundador de esta corriente, reformó una situación de conflicto cultural y dio el impulso en el ámbito religioso dhármico —es decir, un ámbito que garantiza el orden social y permite que cada uno viva según los hábitos de su propia casta—. Fue él quien, según los textos, propagó la religión budista más allá de las fronteras indias.

El budismo mahāyāna —Gran Vehículo—, una de las tres principales ramas del budismo, se desarrolla de forma lenta y aunque no es una escuela «rival», se considera un movimiento separado. En esta rama, no obstante, la exaltación del buda provocó la fusión entre la esfera política y religiosa, y contribuyó a aislar los grandes monasterios, entre ellos el del Tíbet, para convertirlos en centros de poder. En esta escuela es donde empiezan a introducirse las creencias tántricas, desembocando en una teocracia en la región, invadida por el Ejército maoísta en 1951.

La religión se adentra en el Tíbet en el siglo VII y se convertirá en religión del Estado; a partir del siglo VIII es cuando llegan a la India diferentes vudús que van divulgando el budismo tántrico. No fue hasta 747 cuando se creó, de manos del monje budista Padmasambhava, el lamaísmo: una rama que sólo se mantiene en el sur de China y Japón de manera secundaria y en el Tíbet como religión principal.

El Tíbet es una región autónoma situada al suroeste de la República Popular de China, que fue independiente hasta el siglo X y que en el siglo XIII se mantuvo bajo el dominio del Imperio mongol. Una de las tribus mongolas respaldó al Gobierno religioso del Dalái Lama, principal religioso del lamaísmo, pero en el siglo XVIII China envió un comisionado para hacerse cargo del Gobierno. A principios del siglo XX Reino Unido llega a Lhasa, la capital tibetana, y convierte la región en un protectorado. Un año después, un nuevo tratado firmado entre Reino Unido, China y Rusia acaba con este régimen y le da la soberanía del Tíbet al régimen chino, hasta que dio comienzo la guerra civil y los militares dejan sin protección militar la región tibetana. El Dalái Lama aprovecha este vacío militar y en 1911 regresa y restablece su control. Dos años después, Mongolia y el Tíbet firman un acuerdo en el que reconocen su autonomía y mutua independencia de China. Mientras, la India decide reclamar este territorio después de su independencia, y sus reivindicaciones le llevan a entrar en guerra con China.

Así, el Tíbet se convierte en territorio amenazado, pero como consecuencia de su falta de herramientas de protección —no cuenta ni con medios, ni con diplomáticos ni con militares que puedan defender la independencia tibetana—, Mao Tse-tung acaba con el Estado lamaísta en 1951.

El Dalái Lama, líder religioso y político

El Dalái Lama en la universidad de Siracusa (EEUU) | Fuente: VOA

El Dalái Lama en la universidad de Siracusa (EEUU) | Fuente: VOA

«Dalái» y «lama» son dos términos que proceden del mongol y del tibetano: es el «maestro espiritual oceánico» o maestro de sabiduría. Los lamas, maestros budistas de la región, están situados en lo más alto de la escala social y gozan de grandes privilegios. Por su parte, el Dalái Lama está situado, dentro de la estratificación jerárquica religiosa del budismo, en el estadio más alto, en la posición más cercana a la reencarnación. El Dalái Lama es líder, tanto desde el punto de vista religioso como político.

Por los textos sobre budismo, se conoce que entre los siglos IV y XIII se dan diferentes enfrentamientos entre diferentes dinastías y tiene lugar una auténtica lucha de poder en el Tíbet. A finales del siglo XII, los mongoles, recién unificados bajo el emperador Gengis Kan condujeron una oleada de conquistas a lo ancho de todo el mapa. Gengis Kan coloca, a comienzos del siglo XIII, en el poder del Tíbet a Sakya Pandita, uno de los patriarcas de una de esas sectas aparecidas durante estos enfrentamientos: la escuela Sakya. Otra de las sectas será la de los Bonetes Amarillos, o la Gelugpa, que a comienzos del siglo XV fundó el monasterio de Gandem: futura sede del Dalái Lama. Es esta secta la que intenta llevar a cabo la restauración monástica y cuando se empieza a ver el cambio hacia la hierocracia, ese poder político al que también se le atribuye un origen divino, pero que no se ejerce por un solo sujeto como en la teocracia, sino que se hace a través de un sujeto plural, una casta de sacerdotes que ejerce el poder en nombre de dios (Elorza, 2001).

Será esta orden la que, efectivamente, reorganice el Estado para convertir los monasterios en centros de poder, tanto religioso como político. Nos encontramos en un momento en el que el Tíbet coloca su centro de poder en los monasterios, y con un poder político-religioso liderado por la secta Sakya, y es entonces cuando se crea la figura divina del Dalái Lama: es la creación de un kan mongol para dotar a un abad de una de las cuatro principales fortificaciones monacales más importantes de ese poder.

Lucha de poder bajo la soberanía china

Tras la invasión de Mao, en 1951, el budismo tibetano se encuentra en crisis: el Dalái Lama, con tan sólo 15 años, se ve obligado a reconocer la soberanía china y a exiliarse en India, donde forma un Gobierno desde el exilio y conforma un proyecto de constitución tibetana teocrático-democrática. Los tibetanos empiezan a ver su nacionalidad en proceso de extinción, mientras la Revolución Cultural de la década de los ’60 acaba con la destrucción de más de la mitad de los 3.700 monasterios: miles de monjes fueron ejecutados y muchos otros, obligados a casarse.

Los controles del régimen chino sobre las prácticas religiosas del Tíbet se relajaron tras la muerte de Mao y el Dalái Lama, desde su residencia india, sigue haciendo llamamientos para conservar la cultura y autonomía tibetanas, pero de forma pacífica. El Gobierno chino comienza a plantearse la negociación, siempre y cuando la región no recurra a su derecho de autodeterminación, por lo que en 1984, el Dalái cambia su objetivo: se olvida de la independencia pero exige, de forma pacífica, que China se mantenga al margen y permita que pueda haber un Gobierno interno en el Tíbet distinto al del resto del país, bajo un sistema democrático occidental. China no lo permite, pero Deng Xiaoping relaja más la presión y permite el culto libre del budismo, así como la reapertura de importantes monasterios.

Protesta en el Tíbet en 2008 | Fuente: Rom

Protesta en el Tíbet en 2008 | Fuente: Rom

Mientras el Dalái lanza una campaña pacífica por todo el mundo para exigir la creación de una entidad democrática en el Tíbet, en la región se producen grandes manifestaciones e incluso atentados terroristas, condenados por el propio líder. Esto eleva la tensión en la región, y el Partido Comunista Chino (PCCh) endurece su política.

Violación de los Derechos Humanos

Los tibetanos todavía viven bajo una situación compleja, con arrestos arbitrarios y detenciones ilegales, y siguen siendo víctimas de violación de los derechos humanos de forma continua. La libertad de expresión se ha restringido al límite y el control de la información es máximo, tanto que el Gobierno chino tiene vetados muchos blogs escritos por monjes tibetanos, y ha conseguido que grandes empresas como Google o Yahoo! coloquen filtros dentro de sus fronteras para evitar que la información de la situación del Tíbet llegue a la sociedad china.

Entre 2011 y 2012, cerca de una veintena de monjes budistas decidieron ir más allá de las reivindicaciones pacíficas del Dalái Lama y, como consecuencia de la férrea censura china y del silencio internacional ante el conflicto sino-tibetano, denunciaron sus injusticias quemándose a lo bonzo. Amnistía Internacional lo sigue denunciando, pero la respuesta del Gobierno chino a esta situación ha sido la de continuar las detenciones en masa, encarcelamientos e incluso ejecuciones. En una ocasión, más de 300 monjes del monasterio de Kirti, en la provincia de Sechuan, fueron detenidos para ser sometidos a la «educación patriótica».

Mientras el Gobierno chino lleva a cabo esta campaña de reeducación a través de inspecciones sorpresa en los monasterios, desapariciones forzosas y casos de tortura, y mientras el jefe del PCCh de Tíbet considera el conflicto como una «guerra contra el sabotaje secesionista del Dalái Lama», los budistas llegan a puntos insospechados por luchar por sus derechos.

La situación es realmente compleja a nivel internacional, ya que sería necesaria una reorganización del poder en la región tibetana, de carácter democrático y no teocrático o hierocrático, para una posible independencia. Actualmente, el número de habitantes tibetanos originarios es muy reducido y suelen ser monjes budistas. La cuestión sería conocer hasta qué punto estarían dispuestos a perder sus privilegios por un cambio en la dominación y en la organización del poder en forma de independencia democrática.

MÁS INFORMACIÓN:

ECKEL, Malcolm D. Entender el budismo: orígenes, creencias, prácticas, textos sagrados, lugares sagrados, traducido por Maite Rodríguez Fischer. Barcelona: Naturart S.A., ed. Blume, 2004.

ELORZA, Antonio. De la teocracia a la religión política. México: Centro de Investigación y Docencia Económicas, 2001.

ELORZA, Antonio. “La formación del Estado lamaísta”, en Historia16, n.º 212. Madrid.

ESTEVE MOLTÓ, José Elías. “Los derechos humanos en el Tíbet y la exigencia de responsabilidades penales internacionales” en Tíbet. Catalunya: Institut de Drets Humans de Catalunya y Agència Catalana de Cooperació al Desenvolupament.

ESTEVE MOLTÓ, José Elías. El Tíbet: la frustración de un Estado. Valencia: Tirant Lo Blanch, 2004.

RIES, Julien. Las enseñanzas del budismo. Donostia: ed. Nerea, 2008.

ROMÁN, María Teresa. Un viaje al corazón del budismo. Madrid: Alianza Editorial, 2007.

SUSANNA I LÓPEZ, Èlia. “El conflicto del Tíbet: análisis histórico y violaciones de los derechos humanos” en Tíbet. Catalunya: Institut de Drets Humans de Catalunya y Agència Catalana de Cooperació al Desenvolupament.

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