En busca de los Derechos Humanos… Responder

DERECHOS HUMANOS: «No se trata de hacer que se apliquen los Derechos Humanos. Se trata de inventar las jurisprudencias en las que, para cada uno de los casos, esto no será posible», Gilles Deleuze.

Matthew Robson

Momento en el que Denis Mukwege recibe, en la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo, el premio Sájarov 2014 | Fuente: © Claude Truong-Ngoc / Wikimedia Commons

Momento en el que Denis Mukwege recibe, en la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo, el premio Sájarov 2014 | Fuente: © Claude Truong-Ngoc / Wikimedia Commons

La entusiasta ovación que acompañó al médico congoleño Denis Mukwege antes y después de recibir el Premio Sájarov 2014* fue la confirmación visual, en el caso de que permanecieran las dudas, de que la «Unión Europea defiende los Derechos Humanos».  Mukwege lleva mucho años trabajando con víctimas de la violencia sexual en la República Democrática del Congo (RDC), donde se han registrado los niveles más atroces de violencia contra civiles. Las cifras, estimadas por las Naciones Unidas, ascienden a los cientos de miles.  En su discurso de introducción, el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, rindió un gran homenaje al ginecólogo congoleño destacando su«personalidad fascinante», su carácter «modesto» y su «incansable compromiso» en luchar contra el «uso sistemático de la violación como táctica de guerra». El elogio al trabajo del médico africano parece estar bien fundamentado a la hora de reflejar sus logros. Lo que queda menos claro, a pesar de las aseveraciones y las presentaciones públicas ostentosas, es si la Unión Europea ha hecho todo lo que puede para defender los Derechos Humanos y poner fin al sufrimiento de gran parte de la población del RDC.

Antes de abordar esta pregunta —se argumenta más adelante que en realidad se trata de dos preguntas, la de los Derechos Humanos y la del sufrimiento— es necesario reflejar primero el concepto de los propios Derechos Humanos.  Hoy en día la escasa correspondencia entre los derechos abstractos por un lado, y las realidades cotidianas de muchas personas alrededor del mundo por otro, hace que sea difícil no ser cínico respecto al programa entero. Sus defensores seguramente restarían importancia a tales incongruencias por referencia al número creciente de los ONG que apoyan a los oprimidos, o tal vez por concebir que la de Derechos Humanos es una noción transitoria; el argumento radicaría en que estos valores, por lo menos, construyen la base de un código ético a través del cual se pueden juzgar comportamientos concretos. No importa tanto que se trate de algo por lo que hay que esforzarse ni que esté fuera de alcance en este momento.

Sea como fuere, es bastante fácil demostrar que el concepto de los Derechos Humanos se presta al abuso de quienes residen en las altas esferas del poder. Lo más obvio es la forma selectiva de aplicar el marco normativo a situaciones dispares; así, se ataca a algunos países y no a otros; a veces sirve como pretexto a la intervención militar y otras, solamente conlleva una crítica formal o una sanción; y se centran más en algunos derechos y menos en otros: no se habla tanto de los derechos sociales como derechos humanos universales; tal como el derecho a la educación, la vivienda o al cuidado médico. Además, al ser esencialmente una concepción occidental, estos estados ocupan una posición de sujeto privilegiado, desde la que actúan como los defensores autoproclamados de la humanidad. El resultado es que muchas veces Occidente queda inmune a tales críticas.

No es nada sorprendente, por lo tanto, que haya una larga tradición filosófica que se opone a la importancia ontológica y epistemológica de los valores universales. De Spinoza a Nietzsche, a Foucault y Deleuze, se han hecho muchos esfuerzos para poner en tela de juicio la supuesta naturaleza trascendental de valores tal como el bien o el mal.  Al igual que la verdad objetiva, se argumenta que no existe la moral objetiva y dentro de todo intento de establecerla se ocultan intereses subyacentes de poder. Incluso en el ámbito político, como señala Chantal Mouffe, es posible argumentar que los «pilares de la democracia», es decir, la libertad y la igualdad, son dos términos mutuamente excluyentes y por lo tanto inalcanzables en sus concepciones más puras. Más libertad conduce consecuentemente a niveles más altos de desigualdad, mientras que el camino hacia más igualdad implica controles más fuertes sobre las libertades individuales.  Así pues, con respecto a los Derechos Humanos, tal vez la pregunta más pertinente no es tanto si existen o no, sino cómo se utilizan como instrumento del poder. Es decir: ¿cómo el concepto de Derechos Humanos funciona discursivamente? ¿Qué pretende legitimar o deslegitimar? ¿Qué identidades se constituyen y qué efectos se producen en términos de políticas concretas?

Quizás la característica más perniciosa de la doctrina de los DDHH es que parte de un grado de abstracción que nos distancia de los elementos particulares e inmanentes de la realidad (Deleuze). Los conflictos se reducen a una metanarrativa compuesta de un armazón de valores; valores artificiales si bien se hacen pasar por una doctrina a priori de valores universales, objetivos y transcendentales. La abstracción satisface a la imperativa insaciable moral de las sociedades liberales, pero es propicia para la explotación y puede utilizarse de manera instrumental por quienes ocupan puestos de poder. Centrar la atención en los derechos humanos implica a menudo la omisión de toda una rama de factores: los procesos históricos complejos; los factores socio-económicos, o incluso las estrategias geopolíticas que forman de manera oculta las realidades de las personas que viven en estos países.  Así pues, puede tener el efecto de neutralizar, eclipsar o disfrazar lo político a favor del juicio moral. En suma, los Derechos Humanos tienen la capacidad de ocultar más de lo que revelan.

El discurso del presidente del Parlamento Europeo en la ceremonia de entrega del Premio Sájarov es inquietante, lamentablemente, por todas estas razones. Schulz enmarca el conflicto de la RDC en los términos de las víctimas y los agresores. Por un lado, hay referencias a «las mujeres y niñas que son víctimas de la violencia sexual» y quienes demuestran los efectos de «cuerpos lesionados y almas rotas», mientras que, por otro lado, los «perpetradores» merecen nuestro desprecio por sus violaciones «inhumanas y brutales». Los crímenes en estos casos son atribuidos a las soldados que «son mandados a cometer violaciones por sus comandantes».  Al ser construido como una crisis esencialmente africana, de ello se desprende que la solución debe ser africana también.  Schulz pide al Gobierno de la República Democrática del Congo y a los Gobiernos de los otros países involucrados que asuman sus responsabilidades y hagan todo lo posible para detener inmediatamente las violaciones, poner fin a la impunidad de los violadores y garantizar a las mujeres acceso a la justicia.

Sin embargo, lo que queda fuera del discurso de Schulz fue toda mención  al catalizador de la violencia de la RDC, los «minerales de conflicto», los que han venido alimentando la inestabilidad y que han provocado la catástrofe. Tampoco se mencionan las corporaciones europeas que explotan desde hace décadas la situación para su propio beneficio. Parece que por enmarcar el conflicto en términos de los derechos humanos, Schulz puede adoptar tanto una postura moralista como esquivar algunos temas críticos para explicar la crisis que aún están viviendo en la RDC.  Por supuesto, no es que el presidente no sea consciente del vínculo entre los minerales de conflicto y la violencia, ha hecho declaraciones al respecto anteriormente, sino que esta vez pasa por alto el asunto.  En consecuencia, la UE se presenta como un observador objetivo, un espectador que condena la violencia y ejerce su deber como guardián moral de denunciarla, pero que no se compromete a las medidas significativas para ayudar a poner fin al trágico conflicto.

Resulta que pese a los indicios en sentido contrario, la realidad es que la respuesta de la UE frente al conflicto en la RDC y el tema de los minerales de conflicto ha sido decididamente débil. Mientras que en Estados Unidos, una legislación aprobada en 2010 —más vale tarde que nunca— obliga a las empresas registradas en su territorio a que comprueben sus cadenas de suministro. En cambio, la UE aún no ha aprobado una legislación que controle de manera eficaz la importación de estos minerales. De hecho, la propuesta actual redactada por la Comisión Europea y la propia Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo se queda muy corta en aspectos muy importantes. En primer lugar, la propuesta delinea una esquema esencialmente voluntario, lo cual significa que las empresas no serían atadas a obligaciones formales; en segundo lugar, la propuesta cubriría solamente una pequeña parte de los bienes importados puesto que los prefabricados —los artículos producidos en masa tales como los teléfonos móviles— no están incluidos; en tercer lugar, solo se incluirían cuatro minerales: el oro, el tungsteno, el tantalio y el estaño; es decir, otros minerales como el coltán, encontrado en abundancia en RDC y componente de los mismos aparatos electrónicos, queda fuera de la lista.

Así queda de manifiesto el problema de los Derechos Humanos.  Resulta muy fácil hablar de ellos de forma abstracta y pasar por alto la realidad compleja que vive un país, cuando en realidad lo que hace falta son medidas concretas que pueden tomarse para ayudar aliviar el sufrimiento. De esta manera, el de Derechos Humanos es realmente un concepto vacío que solo existe en el abstracto.  El caso de la RDC es un ejemplo, tratado, obviamente, de manera bastante superficial en este artículo, pero sirve para arrojar un poco de luz sobre la ingenuidad de apelar a los valores abstractos.  Que la Unión Europea tiene una gran responsabilidad de hacer todo lo posible para poner fin al sufrimiento en la RDC es seguramente evidente.  Pero condenar y ofrecer premios en el nombre de los DDHH no conduce de ninguna manera a las medidas concretas para solucionar los problemas.  Se puede criticar la inacción de la UE con respecto al tema de los minerales de conflicto, y por lo tanto la hipocresía de sus ceremonias de DDHH. Sin embargo es la idea de que realmente existen los valores morales abstractos, el espejismo del sujeto universal, y la consecuente evasión de la política la que en última instancia se tiene que derrumbar.

*Según el sitio de web del Parlamento Europeo, el Premio Sájarov «recompensa a personalidades excepcionales que luchan contra la intolerancia, el fanatismo y la opresión» y los galardonados «dan testimonio del coraje que es necesario para defender los derechos humanos y la libertad de expresión».

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