Siria en guerra: la resistencia de Bachar al Asad 8

MUNDO: Hace ya cuatro años que Siria vive inmersa en una cruenta guerra civil que enfrenta al gobierno laico del Partido Baaz frente a rebeldes islamistas de mayoría sunní. Sin embargo, a pesar de que los principales medios de comunicación vendieron la contienda como una lucha entre la tiranía de Bachar Al Asad y el heroico pueblo sirio, lo cierto es que la realidad del país ha resultado ser mucho más compleja que esa propaganda simplista. La resistencia del presidente sirio durante toda la guerra, a pesar de tener enfrente a poderosos enemigos internos y externos, demuestra que el régimen cuenta aún con un gran apoyo entre la sociedad siria, y que el intento de acabar con este último exponente del panarabismo secular no obedece en absoluto a ansias democratizadoras sino a una estrategia geopolítica en la que tanto occidente como el islamismo tienen intereses comunes.

Miguel Candelas Candelas

Gran manifestación en apoyo del presidente sirio Bachar Al Asad en la ciudad de Damasco. Fuente: Globedia.

Gran manifestación en apoyo del presidente sirio Bachar Al Asad en la ciudad de Damasco. Fuente: Globedia.

Desde la pasada primavera de 2011, hace ya más de cuatro años, Siria vive inmersa en una cruenta guerra civil cuyo saldo supera ya el centenar de miles de muertos. La contienda, que enfrenta al gobierno panarabista, socialista y laico de Bachar Al Asad frente a los rebeldes sirios (una extraña amalgama de opositores financiada desde el exterior y en la que el islamismo conservador sunní es el elemento esencial), estalló al calor de la mal llamada “primavera árabe”, que en realidad debería haberse denominado “primavera verde”, ya que supuso el triunfo político del islamismo militante sunní. Aprovechando el incipiente descontento de algunos sectores de la sociedad siria con el gobierno del Partido Baaz, grupos opositores sirios (representados ideológicamente en su mayoría por la Hermandad Musulmana desde hace más de medio siglo) se alzaron en armas contra el gobierno laico en algunos núcleos del país como Hama o Homs, dando lugar a la formación del autodenominado “Ejército Libre de Siria”, que inmediatamente se fortaleció con la llegada de varias unidades militares que habían desertado del ejército gubernamental. Seguidamente, la rebelión se extendió a los suburbios de ciudades todavía más importantes como Aleppo, y sobre todo a amplias zonas rurales del interior del país, donde el islamismo conservador vinculado a los terratenientes ha sido tradicionalmente muy poderoso y hostil a las políticas secularizadoras y socialistas del baazismo. Sin embargo, el gobierno de Bachar Al Asad no se quedó de brazos cruzados, y las tropas del gubernamental Ejército Árabe Sirio pronto lograron asegurar la capital Damasco y la franja litoral mediterránea, donde se encuentran las estratégicas provincias costeras de Latakia y Tartous, y ello fue posible gracias en gran parte al apoyo de la importante sociedad urbana laica y de las minorías religiosas cristianas y alawitas que habitan dichas regiones, las cuales se han mantenido leales a Al Asad desde un principio ante el peligro que supondría para su propia supervivencia una victoria militar de los rebeldes islamistas sunníes.

Y es que dentro de la heterogénea amalgama de facciones que componen dicho bando rebelde, el elemento islamista radical ha ido adquiriendo paulatinamente la hegemonía, lo que quedó plasmado sobre el campo de batalla cuando los yihadistas de Jabhat Al Nusra tomaron el control directo de la ciudad de Raqqa, localidad donde actualmente el Estado Islámico ha situado su capital. Por su parte, en el plano internacional Rusia, China, Irán y el Hezbollah libanés mostraron su apoyo al gobierno sirio, mientras que los Estados Unidos, las potencias occidentales, la reislamizada Turquía, las petromonarquías del Golfo Pérsico y el terrorismo yihadista, se alinearon con los rebeldes. Fruto del apoyo de estos últimos a dicha rebelión, y unido al caos reinante en el vecino Irak desde la invasión angloamericana de 2003, los islamistas radicales sunníes pudieron hacerse con grandes porciones de territorio, recursos, así como obtener financiación y apoyo mediático, lo que terminó eclosionando en la proclamación del autodenominado “Estado Islámico” (Daesh) el verano del pasado año y en las terribles matanzas sectarias, asesinatos políticos y destrucciones de patrimonio artístico que vienen perpetrando desde entonces. Como vemos, una vez más Occidente se ha aliado con el conservadurismo teocrático y con el islamismo más integrista para destruir al único régimen laico que todavía queda en la región. Sin embargo, al margen de haber contribuido indirectamente a la creación de un monstruo como Daesh, el cálculo occidental fue erróneo también en lo que respecta a la supuesta debilidad y aislamiento de Al Asad, ya que no contaron en ningún momento con el gran respaldo popular que aún tiene el régimen panarabista sirio, que desde que inició la modernización del débil estado sirio en los años 60, se ha apoyado en amplios sectores de la sociedad como los trabajadores, las clases medias, los sectores laicos y las minorías religiosas como los cristianos, los drusos o los alawitas (esta última la rama del chiísmo de la que forma parte el propio presidente).

1 – La propaganda occidental e islamista contra Bachar Al Asad

Fruto de este apoyo de la mayoría de los ejes de poder geopolítico y geoeconómico mundial a los rebeldes islamistas, los principales medios de comunicación globales mostraron un relato de los acontecimientos muy maniqueo y sesgado. Tanto los medios occidentales (CNN, BBC, France 24, RTVE) como los islamistas sunníes (Al Yazeera, Al Arabiya) han planteado el conflicto sirio desde sus inicios como una mera prolongación de la primavera árabe, en la lucha de un pueblo sojuzgado y oprimido por la tiranía del presidente sirio. Dichos medios de comunicación no dejaron de asegurar que el gobierno de Bachar Al Asad no resistiría mucho tiempo, ya que solamente recurría a la represión, se encontraba aislado y tenía enfrente a todo el pueblo sirio y al conjunto de la comunidad internacional, así que del mismo modo que Ben Ali, Mubarak, Saleh y Gadafi habían caído en Túnez, Egipto, Yemen y Libia respectivamente, Al Asad terminaría siendo depuesto también.

Si esta fue la estrategia general de la propaganda de guerra contra Bachar Al Asad, en lo que respecta a la táctica propiamente dicha, los medios utilizaron el relato como arma de persuasión para modificar la opinión pública a favor de los rebeldes. Un relato favorecido por el clima de opinión favorable creado ya anteriormente durante la intervención militar en Libia contra Muammar el Gadafi, y que por lo tanto, siguió su misma estructura. Un hilo conductor en el que del mismo modo que los libios habían tenido que recurrir a las armas para liberarse del yugo de su malvado dictador y lo habían logrado gracias a la ayuda desinteresada de las democracias occidentales y de la comunidad internacional, ahora era el turno del pueblo sirio, el cual llevaba décadas oprimido, tiranizado y esclavizado por la minoría de los alawitas, y que por fin, se había levantado en armas contra la dictadura para ser dueño de su propia libertad. Un relato como vemos lo suficientemente maniqueo y generalista que permitía que pudiese ser justificado tanto por ideologías derechistas (lucha contra un dictador socialista, aliado de Rusia y China) como izquierdistas (lucha del pueblo contra la élite, la ciudadanía en armas por la libertad) en el seno de las principales sociedades occidentales. En los medios islamistas por su parte, el relato central es el mismo, pero su idea-fuerza principal varía, ya que en este caso se insiste en que el gobierno de Al Asad es “kafir”, es decir infiel y ateo, un argumento que lleva siendo utilizado por el Islam político para acabar con el socialismo árabe desde los tiempos de la Guerra Fría.

Estados Unidos y Arabia Saudí lideran el eje geoestratégico que trata de derribar al régimen laico sirio. Fuente: El Universal.

Estados Unidos y Arabia Saudí lideran el eje geoestratégico que trata de derribar al régimen laico sirio. Fuente: El Universal.

A su vez, para fortalecer el relato, este fue rodeado de diversas armas persuasivas como el mito, el enemigo único, la proyección de unanimidad, basadas todas en el imaginario geopolítico dominante. En primer lugar, el mito del altruismo de un Occidente desinteresado, que solamente busca la democratización de los pueblos oprimidos. En segundo lugar, la canalización del enemigo único en la persona de Bachar Al Asad, el presidente sirio que sistemáticamente en los medios ha sido acusado de utilizar armamento químico contra los rebeldes, de masacrar a su pueblo, de perpetuarse en el poder y de dirigir una dictadura totalitaria. En tercer lugar, la proyección de unanimidad trata de mostrar como el bando rebelde es la totalidad del pueblo sirio, mientras que el bando gubernamental solamente representa a la élite dirigente. Finalmente, las tres armas narrativas están enraizadas en el imaginario geopolítico dominante, el cual en los medios occidentales por su parte representa a la superpotencia Estados Unidos y a sus aliados como los gendarmes del mundo, en contraposición con Rusia y China, grandes potencias totalitarias y expansivas, que siempre suponen un peligro para la paz mundial. En los medios islamistas por su parte, el imaginario geopolítico obviamente es distinto, y se enfoca en las virtudes de la “Primavera Árabe” que están devolviendo a los pueblos árabes a la senda del Islam verdadero, en contraposición a los heréticos chiíes de Irán, Líbano y Siria, que pactan con los cristianos y ateos. Curiosamente, uno de los éxitos de la propaganda occidental sobre Siria es que en nuestras sociedades ignoremos la propaganda islamista sobre Siria, ya que descubrir que de lo que realmente los opositores acusan a Al Asad es de infiel, tal vez podría hacernos replantearnos muchas cosas.

2 – La evolución histórica de Siria y la compleja realidad del conflicto

Pero contrariamente a ese relato maniqueo y simplista que los medios de comunicación tanto occidentales como islamistas nos han vendido, lo cierto es que en realidad la situación del conflicto sirio es muchísimo más compleja, la cual solo puede comprenderse si se conoce la historia contemporánea siria y se analiza la evolución de las luchas de poder en un país cuya seña principal de identidad es la multiconfesionalidad, ya que a diferencia de otros países árabes, en Siria conviven desde hace siglos más de 15 comunidades religiosas, entre las que destacan musulmanes (sunníes, alawitas), cristianos (ortodoxos, católicos), drusos e incluso judíos. Y es que Siria fue junto a Irak la cuna de la civilización, una tierra por donde pasaron una gran cantidad de pueblos como mesopotámicos, fenicios, persas, griegos, romanos, árabes, kurdos y otomanos, dejando cada uno de ellos su particular legado. Damasco fue la capital del primer gran califato islámico, el de los Omeyas (los cuales además se refugiaron en Al-Ándalus tras su derrocamiento por los Abassidas, lo que fue el origen del califato de Córdoba) y también el centro de poder de Saladino. Posteriormente los turcos otomanos conquistaron la región y la convirtieron en una provincia de su Imperio, hasta que tras el final de la I Guerra Mundial, el territorio sirio pasó a formar parte de la administración colonial francesa, lo que provocó la entrada de la cultura francófona y de su ideología laica republicana.

En 1946 el país finalmente logra obtener su independencia de Francia tras una serie de revueltas nacionalistas, y a partir de entonces, la política interna siria va a girar en torno a dos polos antagónicos: el panarabismo socialista y el islamismo conservador. El panarabismo socialista, cuya principal fuerza política será el Partido Baaz (creado justamente en Siria años atrás por el cristiano Michel Aflaq y el musulmán Salah-Al-Din Al-Bitar, aunque posteriormente su influencia se extendió también a Irak), una formación nacionalista panárabe, socialista y laica, cuyo ideario político ha buscado desde su fundación la superación de todas las tensiones religiosas creando una unidad en torno a la lengua árabe, independientemente de las creencias religiosas de cada individuo. Para ello, el panarabismo en Siria ha tratado de edificar un Estado moderno y secular, fuertemente intervenido económicamente, que garantice la visibilidad de las distintas confesiones del país, que acabe con las estructuras feudales en la sociedad y que cohesione al conjunto de los sirios eliminando las desigualdades. Por ello, el socialismo es un elemento básico del panarabismo, lo que provocó que poco a poco los líderes baazistas buscasen el asesoramiento de la Unión Soviética y tejiesen lazos con los comunistas, sobre todo en la corriente dominada como “neobaazismo”. En cambio, el islamismo conservador justamente ha buscado lo contrario. Se trata de un movimiento hegemonizado por la “Hermandad Musulmana”, organización nacida en Egipto pero en seguida exportada a Siria, que surge como reacción tradicionalista, oligárquica e islamista a la modernización y al laicismo del panarabismo socialista. Para los islamistas conservadores la clave de la identidad siria es el Islam, y por ello, el estado debe ser monoconfesional y estar regido por la Sharia (la ley islámica), por lo que el secularismo baazista siempre ha sido el principal enemigo a batir, al que acusan de infiel o socialista. Por ello, si el Baaz siempre ha estado vinculado a los trabajadores, la pequeña burguesía urbana y las clases medias laicas, la Hermandad Musulmana lo ha estado a los terratenientes rurales y al clero islámico.

En 1963 el Partido Baaz toma el poder gracias a un golpe de Estado por parte de unas fuerzas armadas que se habían formado bajo la administración colonial francesa y que además se encontraban muy influenciadas por la modernización que había experimentado la URSS gracias al comunismo. Desde el gobierno, y bajo las presidencias de Salah Yadid y posteriormente de Hafez Al Asad. emprenden una serie de reformas administrativas, económicas y sociales que crean un Estado fuerte e intervenido (anteriormente las instituciones sirias eran muy débiles), y permiten así la cohesión de la sociedad en base a un nacionalismo sirio multiconfesional. Asimismo, las reformas económicas y laicas de corte socialista permiten la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y la emancipación de las mujeres, lo que se traduce en el surgimiento de unas nuevas clases medias urbanas muy vinculadas al baazismo. Como reacción a dichas políticas modernizadoras y secularizadoras del Estado, la Hermandad Musulmana ha organizado rebeliones armadas contra el gobierno del Baaz a lo largo de los años, siendo las más importantes la de 1979-1982 (en las que llegaron a proclamar un califato islámico en la ciudad de Hama) y la actual de 2011-2015 (en la que son la parte esencial, al menos ideológicamente, de los llamados rebeldes sirios).

Para comprender esta última rebelión hay que retroceder en el tiempo hasta 2007, cuando el gobierno de Bachar Al Asad (que sucedió a su padre Hafez en el año 2000), fruto de las consecuencias económicas de la retirada de las tropas sirias del Líbano y del aislamiento internacional al que se veía sometido el país, se ve obligado a emprender algunas reformas liberalizadoras (prácticamemente impuestas por el Fondo Monetario Internacional) contrarias a la idiosincrasia socialista del Partido Baaz. Ello provoca que se vean perjudicados algunos sectores populares (especialmente campesinos, afectados ya de por si por la sequía que sufría Siria desde algunos años) que tradicionalmente habían respaldado al baazismo, si bien es cierto que las medidas beneficiaron a otros sectores de la sociedad, como las clases liberales urbanas). Fruto de esta pérdida de apoyos en algunos sectores sociales, unido a la reislamización de la sociedad desde las últimas décadas debido a la propaganda de las petromonarquías teocráticas del Golfo Pérsico, la Hermandad Musulmana se ve reforzada en sus planteamientos y en el 2011, al calor de la “primavera árabe”, le llega su oportunidad, y la alianza entre el islamismo político y los sectores descontentos con las últimas medidas de Bachar Al Asad cuajan en la rebelión de 2011 y en la formación del denominado “Ejército Libre Sirio”. Dicho bando rebelde además, logra consolidar posiciones territoriales en Homs, Hama, Aleppo o Raqqa al verse reforzado por los combatientes yihadistas pertenecientes a organizaciones terroristas como Jabhat Al Nusra o más recientemente Daesh, si bien es cierto que estas distintas facciones rebeldes comienzan desde muy pronto a enfrentarse entre sí por el botín de guerra, lo que se traduce en un recrudecimiento aún mayor de la violencia.

Mapa militar que muestra el estado del frente de guerra en Siria a fecha de enero de 2015. Fuente: Manaz.

Mapa militar que muestra el estado del frente de guerra en Siria a fecha de enero de 2015. Fuente: Manaz.

Sin embargo, una gran mayoría de la sociedad siria continuaba y continúa aún apoyando al gobierno baazista, y ese ha sido sin lugar a dudas, el gran error de cálculo tanto de los rebeldes sirios como de las potencias occidentales e islámicas que les apoyan. Como ya he destacado, la característica esencial de la población de Siria es su diversidad religiosa, y el respeto a todas y cada una de las confesiones ha sido la base de la política laica del Partido Baaz durante más de medio siglo. Por ello, si la génesis del Estado sirio es su multiconfesionalidad, difícilmente los ciudadanos sirios van a apoyar a un proyecto político como el de los rebeldes sirios (prácticamente en su totalidad musulmanes sunníes) que si triunfa militarmente convertirá a Siria en un país islámico regido por la Sharia. Por ello, a pesar de que el Partido Baaz y el presidente Bachar Al Asad se vean desgastados por tantos años de ejercicio del poder, una gran mayoría de la sociedad siria todavía sigue apoyándoles porque son la única garantía del mantenimiento del laicismo en Siria y de la supervivencia de las distintas religiones (ya que los rebeldes islamistas han asesinado ya a grupos pertenecientes a diversas minorías religiosas como cristianos, alawitas o drusos). De hecho, uno de los lemas principales del bando rebelde sirio es “Los alawitas a la tumba, los cristianos a Beirut”. Además, contrariamente a lo que ha sostenido la propaganda occidental e islamista, el poder en Siria no lo detenta solamente la minoría alawita (la rama del chiísmo a la que pertenece la familia Asad) sino que debido a la propia ideología laica del baazismo, los principales cargos gubernamentales, administrativos y militares se encuentran repartidos entre los diferentes grupos religiosos, precisamente en aras de garantizar la estabilidad de la homogénea sociedad siria. De hecho, también es falsa la consideración de Siria como una “dictadura de partido único”, ya que el poder político está articulado en base a una gran coalición nacionalista y más o menos de izquierdas articulada ya en tiempos de Hafez Al Asad y denominada “Frente Popular Progresista”, y en la que están integradas, además obviamente del Partido Baaz, formaciones como el Partido Comunista Sirio, el Movimiento de los Socialistas Árabes, la Unión Socialista Árabe de Siria o el Partido Social Nacionalista Sirio (este último un partido que está experimentando un auge importante, ya que la soledad de Siria como último bastión del socialismo árabe está provocando una cierta mutación del panarabismo laico al pansirianismo laico, es decir, que una gran parte de los ciudadanos que siguen apoyando a Al Asad comienzan a considerarse a si mismos como sirios antes que árabes). Además, la nueva constitución aprobada en 2012 (ya en plena contienda bélica) limita el poder del Partido Baaz y abre la puerta a un mayor pluralismo político, por lo que el régimen sirio va profundizando en su democratización. Esto demuestra cómo además de un amplio apoyo social, el Estado secular sirio también cuenta con un amplio apoyo político.

3 – El contexto internacional y las rivalidades geopolíticas en Oriente Medio

Pero si bien la comprensión del conflicto sirio debe basarse en un análisis de la especificidad político-social de Siria, no menos importante es el contexto geopolítico. A nivel Internacional, Siria goza de una situación privilegiada geoestratégicamente, enclavada entre Europa, Asia y África, por lo que su control siempre ha sido codiciado por parte de los grandes imperios, y en la actualidad ello no es una excepción, lo que provoca que el conflicto civil sirio haya sido alentado por parte de poderosas potencias extranjeras, y que tanto un bando como otro, se vean respaldados por diferentes países. En este sentido, para desmontar también gran parte de la propaganda occidental contra Bachar Al Asad, hay que entender como Siria ha sido desde el triunfo del baazismo un Estado enfrentado a tres grandes poderes geopolíticos: Estados Unidos, Israel y el islamismo.

En primer lugar, el elemento socialista y anticolonial del Baaz influyó decisivamente en la política exterior de Siria durante la Guerra Fría, enemistándola con Estados Unidos y las viejas potencias coloniales (Francia y Reino Unido) y convirtiéndola en una gran aliada de la Unión Soviética, país del que obtuvo una importante ayuda económica para el desarrollo de las principales infraestructuras del Estado. En segundo lugar, el elemento panarabista del Baaz llevó al apoyo de la causa palestina, lo que provocó obviamente el enfrentamiento militar con Israel (en las guerras arabo-israelíes de 1948, 1967 y 1973), y además a partir de la caída del nasserismo en Egipto, Siria quedó como el eslabón principal de la resistencia frente al sionismo (eje al que posteriormente se sumaron Irán y Hezbollah en el Líbano). Finalmente, el elemento laicista del Baaz lo ha situado siempre en la diana de los países y movimientos islamistas, enemistándolo con Arabia Saudí, Qatar y las demás petromonarquías del Golfo Pérsico o en la actualidad con los nuevos gobiernos islamistas de Túnez, Libia o Turquía (a lo que se suma las ya de por si siempre complicadas relaciones entre turcos y sirios, consecuencia de los siglos de dominación otomana), para los que el gobierno sirio siempre ha sido sospechoso de ser infiel, ateo y filocomunista.

No es de extrañar por ello, que en la actualidad sean justamente occidentales, sionistas e islamistas los que lleven a cabo la mayor campaña económica, mediática e incluso en algunos casos militar contra el gobierno de Bachar Al Asad. Estados Unidos, Reino Unido y Francia han enviado armamento a los rebeldes sirios, parte del cual ha recaído directamente en manos de grupos terroristas, contribuyendo así a la creación del Estado Islámico (de hecho el propio senador John McCain se reunió hace unos pocos años con yihadistas). Israel ha continuado bombardeando posiciones del ejército sirio bajo el pretexto de defender su seguridad nacional, pero curiosamente, no ha atacado nunca zonas en poder de los rebeldes. En cuanto a los países islamistas, han financiado a los rebeldes sirios en grandes proporciones, permitiendo la consolidación de sus posiciones militares, y al mismo tiempo, han utilizado su poderosa fuerza mediática (controlan los principales medios de comunicación de masas del mundo árabe como Al Yazeera o Al Arabiya) para lanzar una campaña antisiria en el resto de sociedades del Magreb y de Oriente Medio, mientras que Turquía, directamente ha convertido a su país en un paso privilegiado para todos los yihadistas europeos que desean entrar en Siria para hacer la Yihad frente al gobierno “infiel” de Damasco.

El presidente sirio Bachar Al Asad junto a su esposa Asma votando en las elecciones presidenciales de 2014. Fuente: Telegraph.

El presidente sirio Bachar Al Asad junto a su esposa Asma votando en las elecciones presidenciales de 2014, donde fue reelegido por el 88,7% de los votos. Fuente: Telegraph.

No obstante, a pesar de dicho posicionamiento de las principales potencias regionales y globales contra el gobierno de Siria, Bachar Al Asad también ha podido contar con la ayuda de otras fuerzas internacionales. A nivel regional, el gobierno sirio se ha visto respaldado por los otros miembros del ya mencionado eje de la resistencia frente a Israel (Irán ha continuado ayudando energéticamente a Siria, con lo que Al Asad ha podido mantener los suministros básicos en las zonas gubernamentales, mientras que el Hezbollah libanés, ha enviado a sus bien armadas milicias a combatir junto al Ejército sirio, lo que ha permitido impedir que ciertos enclaves estratégicos cayeran bajo el poder de los rebeldes y del Daesh). A nivel global, Al Asad ha sido respaldado por Rusia (país que dispone de una estratégica base naval en el puerto sirio de Tartous, pero que ya anteriormente mantenía buenas relaciones con Siria desde el siglo XVIII para la protección de las comunidades cristianas ortodoxas del país, intensificando posteriormente la relación bilateral en los tiempos de la URSS, y en la actualidad continuando siendo coherente en dicha política exterior de amistad con el gobierno sirio para frenar el auge del islamismo), China (Estado que trata de impedir la expansión imperial atlantista hacia Oriente) y países de la nueva izquierda latinoamericana como Venezuela, Bolivia o Ecuador (que apoyan diplomáticamente a Siria y han realizado envíos de suministros al gobierno para tratar de paliar la escasez de alimentos que la guerra está provocando). A nivel mediático, todos estos actores tratan de compensar la agresiva propaganda occidental a través de medios de comunicación como los canales RT (ruso), Telesur (latinoamericano) y Al Manar (libanés), y gracias a ellos hemos podido tener acceso también a la voz del bando de Bachar Al Asad.

En resumen: Occidente ha cometido un grave error al pensar que la situación siria era equiparable a la de otros países sacudidos por las mal llamadas “primaveras árabes”. Con el objetivo únicamente de defender sus intereses geoestratégicos en la región, Estados Unidos y sus aliados pensaron que ya que estaban cayendo muchos gobiernos de Oriente Medio a raíz de las revueltas, si avivaban un poco las luchas de poder en Siria podrían tumbar al gobierno baazista de Bachar Al Asad y colocar en su lugar a un régimen pro-atlantista (aunque para ello hayan tenido que terminar aliándose con el fundamentalismo islámico). Sin embargo, la situación en Siria era muchísimo más compleja, y tal como ha señalado el experto en Oriente Medio Pablo Sapag, la variable decisiva del multiconfesionalismo no fue tenida en cuenta a la hora de tomar partido en el conflicto sirio. Por ello, a pesar de todo el apoyo militar, económico y propagandístico brindado a la rebelión islamista sunní (los sectores laicos son absolutamente marginales y minoritarios dentro de la variada amalgama de facciones que constituye el bando rebelde), el control territorial de Damasco y las demás principales ciudades del país, así como la franja litoral mediterránea, continúa en manos del Ejército Árabe Sirio tras cuatro años de guerra civil. Además, la reelección del presidente Bachar Al Asad en 2014 por una amplia mayoría popular (88,7%), demuestran empíricamente la fortaleza que aún ostenta el socialismo árabe dentro de la sociedad siria, y sin duda, desmonta el relato propagandístico de los medios occidentales e islamistas. Lo triste de esta historia, es que quién está pagando el pato es el pueblo sirio, que lleva cuatro años desangrándose en una guerra civil sin fin por culpa de una rebelión alentada por las principales potencias occidentales, las petromonarquías islámicas del Golfo Pérsico y el Estado sionista de Israel. Además, siguiendo aquella máxima de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” dichas potencias han acabado armando militar y discursivamente a los sectores más islamistas y reaccionarios de la sociedad siria (incluyendo a yihadistas), y la consecuencia directa de ello ha sido la eclosión del temible Daesh, que desde hace un año domina un tercio del territorio de Siria, otro tanto en Irak y amenaza directamente a las poblaciones occidentales, esas que paradójicamente desde hace cuatro años, nos creímos las mentiras de la propaganda de guerra e ingenuamente llegamos a pensar que en Siria lo que se libraba era una lucha entre la tiranía gubernamental y la libertad popular. El futuro por tanto es incierto y poco esperanzador para un país asolado por más de cuatro años de guerra, pero a diferencia de Afganistán, Irak y Libia (donde el islamismo ha conquistado el poder con el apoyo militar y mediático occidental y se ha apoderado de casi todas las esferas de la sociedad), en Siria por el momento resiste el nacionalismo secular, y por lo tanto, un último bastión laico en un Oriente Medio que en la actualidad parece condenado a abrazar solamente doctrinas políticas teocráticas y conservadoras. La resistencia de la Siria de Bachar Al Asad nos permite ver por lo tanto que aún existe una vía al laicismo para dichas sociedades, y que el mundo árabe es plural, diverso y multiconfesional.

MÁS INFORMACIÓN:

ALCOVERRO, Tomás. 2007: Espejismos de Oriente. Destino. Barcelona.

ÁLVAREZ-OSSORIO, Ignacio. 2009: Siria Contemporánea. Síntesis. Madrid.

CORM, Georges. 2009: Historia de Oriente Medio. Península. Barcelona.

DIRHAM, Susan. 2014: Valorando el laicismo en Siria. Europa Laica. Damasco.

SAPAG, Pablo. 2013: La larga resistencia siria a la primavera verde. Sociología Crítica. Online.

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  1. La mitad de la población desplazada de sus casas o refugiada en otros países. Más de 250.000 muertes desde el inicio del conflicto. El 90% de ellas causadas por la represión brutal y las acciones militares indiscriminadas contra la población civil de las zonas no controladas por la dictadura. Más de 11.000 personas torturadas y asesinadas en las cárceles de la dictadura fascista (según datos de hace un año) de este héroe “antiimperialista”. El artículo ignora deliberadamente la magnitud de la represión y el castigo sobre la población civil llevado a cabo por las fuerzas de la dictadura y sus aliados. Sacrifica todo esto a una melancólica visión geopolítica postguerra fría y recurre, para legitimar la dictadura, al supuesto y más que discutible socialismo; panarabismo y laicismo del régimen en oposición a una “falsa” e “inducida” revuelta popular (“primavera verde”). Ni una mención al asedio de Yarmouk, a los bombardeos indiscriminados, a la represión, la tortura, etc. Izquierda pauloniana.

    • Solo un detalle a tu apreciación. Cuando en televisión aparece un bombardeo “indiscriminado” del gobierno a un barrio periférico de Damasco no es mas que la respuesta de la artillería y la aviación a ataques aleatorios que los rebeldes mediante morteros realizan al centro de la capital. Tristemente, los civiles fallecidos por esa respuesta son los daños colaterales que aparecen en las noticias, nadie menciona el nido de morteros o lanzacohetes instalado por los rebeldes en callejones rodeados de población civil. La pena de esto es que el estado sirio no tiene medios suficientes como para que su respuesta a los ataques sea proporcional. Al final, los civiles siempre son los perjudicados.

  2. Y llamar “amplia mayoría popular” al resultado (88,7) de un simulacro de elecciones presidenciales realizadas en 2014 en el contexto de la guerra, con millones de personas desplazadas o refugiadas, bajo el control de las fuerzas de seguridad de la dictadura o muertas, es de cínicos.

  3. Digo yo, porque usted, señor sergio viña, no se va con su democracia y sus terroristas atlantistas a bombardear escuelas y hospitales a arabia saudita, a qatar o a jordania, llevese su democracia atlantista, defensor de terroristas, de paso lo atienden en los altos de golan sus amigos ladrones de petroleo sangriento, es decir, la basura judia de israhell!
    Conteste una cosa, si puede, porque les procupa tanto la democracia en siria, ya vio como quedo libia, o como destruyeron irak, gracias a mentirosos como usted!

  4. Más claro echarle agua, interpretas al revés y ya está, eeuu ha tenido una derrota más importante que la de Vietnam en Siria, y la propaganda occidental se melló los dientes en sus operaciones como la esta teniendo en su propio territorio con DONALD TRUMP, Las cosas están cambiando desde que Rusia y China fueron capaces de decir NO en el consejo de Seguridad de la ONU a la agresión militar a Siria y la presión fue de tal magnitud que algunos como Turquía no resistieron la presión principalmente por el problema de los refugiados y tuvieron que ponerse del lado correcto. Así están las cosas.

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