El gran laboratorio político Responder

DEMOCRACIA: La renovación de representantes en 13 autonomías y en todos los ayuntamientos el 24 de mayo hizo evidenciable un cambio en el mapa electoral y las instituciones políticas (…) y darán inicio a un nuevo proceso político que puede acabar con la composición bipartidista del poder: los resultados del laboratorio de cambio político en que se ha convertido España en el último tiempo.

Eduardo Alvarado Espina

Una urna electoral durante los comicios presidenciales franceses de 2007 | Fuente: Rama

Una urna electoral durante los comicios presidenciales franceses de 2007 | Fuente: Rama

Las elecciones llevadas a cabo en España en 2011 no tuvieron ningún grado de incertidumbre. No fueron ni competitivas ni de cambio. La debacle del PSOE era una crónica anunciada y el triunfo del PP –en casi todo el país– era algo que cualquier analista político podía pronosticar sin temor a equivocarse.

Esto no es lo que ocurre cuatro años después. La emergencia de un partido que reivindica el espíritu del 15M –una izquierda más plural–, como es Podemos y el acelerado crecimiento de otro partido de derechas, como Ciudadanos, hace de estos comicios unos en que aventurar resultados es casi un juego de azar. No obstante, sí se pueden observar algunas modificaciones en el comportamiento político de la ciudadanía las que, junto con un contexto electoral más competitivo, permiten intuir que las elecciones municipales y autonómicas, esta vez, no seránni rutinarias ni intrascendentes. Sus resultados pueden ser la constatación institucional de «un proceso de transición», es decir,  una etapa política donde conviven lo viejo y lo nuevo.

España es una sociedad heterogénea, atravesada por varios cleavages que explican el comportamiento político y electoral de sus ciudadanos (Maravall, 2008). Esto no ha cambiado mucho, hasta ahora. A estas «clásicas» rupturas de carácter religioso, territorial, ideológico y de clases se suman algunas que estaban latentes en la sociedad española, pero que no eran determinantes para el proceso político. Hablamos de una ruptura generacional y otra de élites/ciudadanía. En primer lugar, la ruptura generacional entre mayores y menores de 55 años, al momento de escoger a qué partido apoyar, es muy marcada. Los jóvenes escogen con claridad a los «nuevos partidos frente a los viejos» (CIS, 2015). Si estas preferencias se traducen en una mayor participación de la juventud tendríamos un triunfo de las nuevas formaciones políticas, particularmente en grandes ciudades como Barcelona y Madrid. Y es altamente probable que dicha participación se produzca con gran fuerza, algo que ya adelantan algunas mediciones demoscópicas (Metroscopia, 2015).

Por su parte, el segundo cleavage, que es la división entre élites y ciudadanos, se impone con la crisis económica (Barreiro, 2015). Es la base del discurso con que irrumpe Podemos hace poco más de un año –casta/ciudadanos–, el cual parece haber calado en los sectores económicamente más castigados de la población (CIS, 2015). Un discurso que queda refrendado con el dato empírico del aumento de la desigualdad y los vergonzantes casos de corrupción, mayoritarios en el actual partido de gobierno. Es altamente probable que las clases media y baja urbanas acudan a las urnas a castigar a los partidos del bipartidismo.

Pero, también hay otros factores que resultan interesantes para poder intuir lo que sucederá en las elecciones de este 24 de mayo.

Diversos estudios sociológicos han demostrado que la población española se identifica con el centro-izquierda. El 70% se ubica, en una escala de 1 a 10 donde 1 representa la extrema izquierda y 10 la extrema derecha, en el 4,5 (Maravall, 2008; Barreiro, 2010; CIS, 2015). Esto, entre otras cosas, explica que el Partido Popular ocupe durante las campañas electorales un discurso de defensa de los distintos aspectos que definen al Estado de Bienestar, eludiendo pronunciarse sobre aquellos que sí les definen ideológicamente como un partido de derecha neoliberal. Lo que también explica que escoja temas transversales –menos ideológicos– para no verse perjudicado por el voto de cercanía ideológica, que beneficia a las formaciones de izquierda (Barreiro, 2002). Sus temas preferidos han sido, hasta ahora, la corrupción y el terrorismo. Esta vez, eso sí, han introducido un componente discursivo que nunca ha dado resultado positivo para quien lo usa: el miedo. Esta apelación al miedo, que ha sido muchas veces practicada por dictadores y gobiernos autoritarios, se expresa siempre como una dicotomía refrendaria, el caos o yo. Sus efectos por lo general no son otros que una mayor movilización en contra del gobernarte y/o su partido.

Otro factor a considerar es la abstención electoral. Los sondeos previos han evidenciado un más que probable aumento en la participación. Algunos ya pronostican (Metroscopia) que la participación será cinco o seis puntos superior a la de 2011. Esto es importante porque un suceso como éste provocaría la derrota de la derecha en estos comicios. La abstención ha perjudicado constantemente a la izquierda, ya que «los ciudadanos progresistas son más propensos a la abstención que los conservadores» (Barreiro, 2002). Por lo cual, si hay una mayor movilización de la ciudadanía la tendencia es a pensar que cada punto porcentual más, favorecería a la izquierda antes que a la derecha. Aunque, la lógica del voto ideológico no explica por sí misma el nivel de participación de los españoles en cada elección, ya que existen otros mecanismos causales que pueden predominar antes que el ideológico (Lago y Montero, 2010). En este sentido, también pueden colaborar, aunque de manera superpuesta, el desgaste del gobierno y el bandwagon o efecto del «caballo ganador». Sin duda que estos mecanismos serán parte fundamental del análisis si se produce una alta participación electoral.

Por último, la corrupción es otra cuestión determinante. Como queda patente en los estudios y análisis sobre las preferencias de los españoles por procesos más participativos o representativos (Font, et al., 2012), la honestidad de los políticos es un aspecto crucial para que los ciudadanos definan sus preferencias. Al menos para aquellos que tienen un mayor conocimiento de los procesos políticos (Fraile, 2007). La corrupción ha sido la base en la que se ha articulado la crítica de Podemos y Ciudadanos a los dos grandes partidos del bipartidismo, demostrando ser un acierto a la luz de todos los elementos de prueba que pesan en contra de socialistas y populares en este asunto, eso si, afectando mucho más a los dirigentes del Partido Popular. Este tema transversal será muy importante en la preferencia de los votantes.

Como bien señaló Schattschneider (1960) «aquel que define en qué consiste la política gobernará el país, porque la definición de las alternativas es la elección de los conflictos, y la elección de los conflictos determina el poder». Quienes se encuentran en el poder, los gobernantes, tienen mayor facilidad para escoger el campo de batalla político. En este sentido, el gobierno de Rajoy ha insistido, sin mucho éxito, en estas elecciones locales y autonómicas, en definir la política como un debate de gestión económica. No ha tenido más opción, ciertamente, que agarrarse a datos macroecónimos que no concuerdan con la opinión mayoritaria de la ciudadanía. Este intento no le ha traido un gran rédito, al menos no si observamos las proyecciones de resultados en las encuestas. En cambio, los nuevos partidos han consolidado sus opciones electorales al conseguir definir qué es la política. Los mensajes transmitidos por Podemos son los que han calado con mayor fuerza «en grupos que tienden a una alta abstención, como la clase baja, la juventud y las personas de izquierdas» (Lago y Montero, 2010; Gómez y Trujillo; 2011). De este modo, el gobierno no ha conseguido escoger los conflictos que definen la política. Por el contrario, ha sido Podemos el partido que, durante el último año, ha logrado definir cuales son los conflictos que permiten conquistar el poder.

Alea iacta est –la suerte está echada–, ahora serán los ciudadanos los que decidan cómo se compondrán las asambleas autonómicas y los ayuntamientos en unas elecciones que, suceda lo que suceda, sellarán un escenario político muy distinto al que se conoce actualmente. Un escenario que seguramente obligará a pactos postelectorales complejos de entender. No cabe duda de que habrá cambios, por ello este domingo serán muchos los ojos que estarán atentos a lo que suceda en España, porque sus distintos cleavages y la posible incorporación a las instituciones de dos partidos que rompen y ponen en jaque al bipartidismo, la convierten en el gran laboratorio político de los últimos años.

MÁS INFORMACIÓN:

Barreiro, B., 2002. La progresiva desmovilización de la izquierda en España: un análisis de la abstención en las elecciones generales de 1986 a 2000. Revista Española de Ciencia Política, Issue 6, pp. 183-205.

Barreiro, B., 2015. La rebelión de las masas, Madrid: El País.

CIS, 2015, Barómetro de abril, estudio 3080.

Font, J., Navarro, C., Wojcieszak, M. & Alarcón, P., 2012. ¿«Democracia sigilosa» en España? Preferencias de la ciudadanía española sobre las formas de decisión políticas y sus factores explicativos. Madrid : CIS.

Fraile, M., 2007. La influencia del conocimiento político en las decisiones de voto. Revista Española de Investigaciones Sociológicas, Issue 120, pp. 41-74.

Gómez Fortes, B. & Trujillo Carmona, M., 2011. Los excluidos también pueden votar: abstención y exclusión social en España, Madrid: Fundación Alternativas.

Lago, I. & Montero , J. R., 2010. Participación y resultados electorales en España. Revista Española de Investigaciones Soiológicas, Issue 130, pp. 97-116.

Maravall, J. M., 2008. La confrotación política. Madrid: Taurus.

Schattschneider, E., 1960. The semi-Sovereign People. New York: Holt, Rinehart, and Winston.

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