OPINIÓN: «Con la bandera de la justicia en alto, esos críticos, muy bullosos, afirman que sólo aceptarían un acuerdo de paz con la guerrilla, sí y sólo sí, sus líderes van a la cárcel, de lo contrario, ¡todo para el carajo! […]  Armamos bandos de guerra para defender o atacar la paz. Irónico».

Jennifer Montoya

FARC

He visto a víctimas de las FARC diciendo que perdonan a los guerrilleros que les causaron dolor. He visto y oído a esas víctimas pidiendo que se firme un acuerdo de paz. Una petición legítima, ¿saben? Al fin y al cabo, ¡han sido ellas las que han sufrido los azotes de la guerra! Son ellas las que llevan las cicatrices en sus cuerpos y en sus almas.

Por otro lado, se escuchan alegatos enardecidos y discursos monoargumentales de quienes se oponen al proceso de paz. Ciudadanos urbanos que siempre han trabajado detrás de un escritorio, en la comodidad de la ciudad, con una casa segura donde llegar todas las noches, con colegios para enviar a sus hijos y sin el miedo a un hostigamiento, a un enfrentamiento entre militares y guerrilleros o a un cilindro bomba.

Con la bandera de la justicia en alto, esos críticos, muy bullosos, afirman que sólo aceptarían un acuerdo de paz con la guerrilla, sí y sólo sí, sus líderes van a la cárcel, de lo contrario, ¡todo para el carajo! Qué fácil es azuzar la guerra cuando, ni yo, ni los míos, tienen que enfrentarse al enemigo.

¿Es acaso mi país tan violento que cuesta tanto querer que se finalice un conflicto? ¿Estamos tan naturalizados con la guerra que nos da igual que las noticias vuelvan a estar marcadas por militares y guerrilleros muertos, desplazamiento de compatriotas y derribamiento de torres de energía? No lo entiendo.

Lastimosamente, la finalización de un conflicto, como tantas otras decisiones en el país, se politiza. Armamos bandos de guerra para atacar o defender la paz. Irónico.

El hecho de eliminar a un grupo armado a través de un medio pacífico es una ganancia para todos, ¡claro! Sobre todos para aquéllos que durante cincuenta años, en las montañas colombianas, han vivido de frente la guerra que los citadinos no hemos visto. Pero, como siempre, eso no importa.