Los violadores no son enfermos: reproduciendo la cultura de la violación 2

Ana María Gutiérrez  Ibacache

OPINIÓN: «Yo pienso que nosotras no necesitamos sentir más miedo. Necesitamos hacer que el miedo sea innecesario» (MacKinnon, 2014:124)

Desde que tengo consciencia de mi cuerpo de mujer, y específicamente a partir de losana doce años que fue cuando sufrí el primer agarrón en la calle (un hombre se sintió con el derecho de tocarme sin que yo lo quisiera),  es que uno de mis más grandes miedos, antes que la muerte incluso, es que me violen. Esa posibilidad para las mujeres siempre está presente y desde niñas nos educan para que seamos conscientes de ello, para que nuestros cuerpos, vestimentas y comportamientos no provoquen ni tienten a posibles agresores, porque claro eso es más factible que enseñar a los hombres a no violar. Lo que aquí relato es lo que se entiende como la cultura de la violación, que es la manera en que una sociedad se manifiesta hacia la violación y otros tipos de violencia sexual, bajo un prisma de aceptación validado social y culturalmente (Kearse, 2013). Somos reducidas a un objeto sexual mediante la cosificación de nuestros cuerpos y se nos culpabiliza cuando nos violan porque seguramente estábamos borrachas, drogadas, usábamos ropa provocativa o se nos ocurrió regresar muy tarde a casa. Todo esto limita nuestra autonomía en el espacio público.

«la cultura de la violación es la manera en que una sociedad se manifiesta hacia la violación y otros tipos de violencia sexual, bajo un prisma de aceptación validado social y culturalmente»

La cultura de la violación se ha propagado en sociedades patriarcales, en las que las violaciones no son hechos aislados sino que se repiten en diferentes países (violaciones grupales y de todo tipo), afectan a niñas y mujeres de todas las edades, y son cometidas por agresores sexuales, violadores, no por enfermos. La violación grupal de una joven española por cinco hombres en la fiesta de San Fermín el año 2016, y la sentencia de los tribunales hace poco días, da cuenta de ello, los cinco acusados abusaron sexualmente de la joven, pero el tribunal cree que la agresión no fue una violación, aunque reconoce que la chica fue coaccionada y sometida. Incluso uno de los magistrados discrepa del veredicto y señala que debería absolverse a los acusados, el mensaje es claro: impunidad total. Tres días después Chile se conmociona, una niña de un año y siete meses muere producto de la violación y agresiones causadas por un tío político de la menor. Por último, hoy se conoció en los medios de comunicación de una joven que fue violada y asaltada por cinco hombres a la salida del metro en Santiago, muy similar al caso de España, ¿casualidad?. De acuerdo a la filosofa española Celia Amorós una mujer sin un hombre es reducida a una “mujer pública”, perteneciente potencialmente a cualquier varón que desee poseerla.

«Los hombres que violan a mujeres y niñas, se sienten con el derecho de violentar y agredir a las mujeres porque la sociedad les ha dicho que eso es normal, son comportamientos que se han naturalizado, la justicia española en pleno SXXI eso es lo que demuestra»

Normalmente se suele plantear en estos casos y otros, que los violadores están enfermos, esta afirmación sólo disminuye el nivel de culpabilidad real que tienen ante conductas y agresiones de este tipo. Los hombres que violan a mujeres y niñas, se sienten con el derecho de violentar y agredir a las mujeres porque la sociedad les ha dicho que eso es normal, son comportamientos que se han naturalizado, la justicia española en pleno SXXI eso es lo que demuestra. De acuerdo a la doctora argentina Eva Gilberti “los violadores no son enfermos. Salvo situaciones excepcionales de hombres compulsivos que clínicamente son diagnosticados con una severa alteración hormonal, la gran mayoría de los violadores son gozadores del abuso de poder. Disfrutan antes y después de la violación porque sienten placer al aprovecharse de quien no puede defenderse o de quien le teme”.

Los medios de comunicación plantean que los violadores son enfermos y que por lo mismo, muchas veces, no están conscientes de sus actos, esto en la práctica solo reproduce la cultura de la violación y la revictimización de mujeres y niñas agredidas sexualmente, dejando a los agresores sexuales como seres imposibilitados de ser responsabilizados por sus acciones. Los violadores están plenamente conscientes de sus actos, lo que queda en evidencia en el caso de la violación grupal en España. Las conversaciones de whastapp que sostuvieron los violadores y sus amigos cómplices, en el grupo llamado La Manada, señalan «Follándonos a una entre cinco» y también envían el video de la violación. Grabación que fue utilizada por uno de los magistrados Ricardo González para cuestionar a la víctima, diciéndole en su cara «está claro que, dolor usted no sintió».

PARA MÁS INFORMACIÓN:

Amorós, Celia (1990). Violencia contra las mujeres y pactos patriarcales. En V. Maquiera y C. Sánchez (Ed.), Violencia y sociedad patriarcal. Madrid.

Kearse Amber (2013). Rape Culture: Un análisis psicosocial.  Universidad de Chile.

MacKinnon, Catharine (2014). Feminismo inmodificado: Discursos sobre la vida y el derecho. Argentina: Siglo Veintiuno Editores.

Puleo, Alicia (2015). “Ese oscuro objeto del deseo: cuerpo y violencia”, Investigaciones Feministas 122(6) 122-138.

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  1. Este problema tiene que terminar de una vez por todas. Y para ello hay que re-educar a los hombres. Cambiar el sistema plenamente y transformar el pensamiento judeo-catolico-musulman en el que el hombre es superior a la mujer. Basta ya de Machismo Patriarcal.

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