En Colombia no se sabe hacer gobierno – oposición

Gonzalo de Francisco/@GdFrancisco

Un tema que permite identificar la diferencia en el desarrollo político entre los países latinoamericanos y el primer mundo, es la forma en que se concibe el ejercicio de gobierno – oposición. En los países latinoamericanos es evidente que este aspecto de la democracia no es asumido como parte esencial de la misma. Esto es así en la medida en que se asume el acceso al poder como algo que es necesario aprovechar y llevar hasta sus máximas consecuencias, incluido en ello la negación de la existencia del contrario, con lo cual, paradójicamente, implica asumir inclusive posturas no democráticas.

Este es hoy el caso de Colombia. La emergencia en los últimos años de sectores sociales de ingresos medios, concentrados en los grandes centros urbanos, ha dado origen a un elector que está dispuesto a votar unas veces por la derecha y en otras por la izquierda. El sentido de pertenencia a los partidos históricos, el Liberal y el Conservador, se volvió cosa del pasado ya que en la actualidad son minoría, aún manteniendo presencia en el Congreso.  Es ya un hecho constatable que no tienen candidatos presidenciales.

Lo relevante es que la histórica rivalidad entre estas dos colectividades nunca logró desenvolverse en un ejercicio democrático de gobierno – oposición. Hasta la mitad del siglo pasado su importancia en la construcción de la nacionalidad colombiana (se era colombiano porque se era liberal o conservador), se fundamentó en una rivalidad marcada por una inmensa y atroz violencia. No lo fue por la alternancia en el ejercicio del poder, ya sea a nivel nacional o en el nivel local. De hecho, en muchas localidades, lo que hubo fue el exterminio físico o el destierro del rival.

Lo paradójico es que la solución a esa violencia, aplicada a grandes rasgos en la segunda mitad del siglo pasado, implicó un acuerdo llamado Frente Nacional, que si bien puso fin a la violencia, implicó compartir el poder dejando a un lado toda opción constructiva de ejercicio gobierno – oposición. Para rematar, con posterioridad, los partidos establecieron el llamado clientelismo, una forma de intermediación política asociada a la participación de los congresistas en el gobierno, donde no hay responsabilidad pública por esa participación y donde, en consecuencia, no aplica el ejercicio de la oposición.

Lo lamentable es que, paralelo al desgaste de los partidos históricos en Colombia (que incluye dos partidos que emergieron del Liberal), se ha generado una polarización entre dos extremas, la derecha y la izquierda, cuyo ejercicio gobierno – oposición se desarrolla con tal nivel de radicalidad y de polarización, donde la capacidad de construir, producto de su alternancia, está reducida a cero. El desconocimiento y desprecio por el rival lleva a que no haya diálogo posible o un debate constructivo. Son dos actores políticos que no saben ser gobierno, ni oposición, porque asumen el ejercicio del poder como una opción definitiva y mesiánica, en donde el disenso no es asumido como un ejercicio dialéctico, sino como un ataque visceral que se asume no cuenta con legitimidad alguna.

Se trata de fuerzas políticas que ignoran que las más altas calidades de vida colectivas de la humanidad se han logrado, no producto de la visión de izquierda o de derecha, sino por la alternancia de ambas en el ejercicio del poder, así como producto de opciones moderadas en ambos lados. Son sociedades que con sus partidos políticos han sabido desarrollar un ejercicio constructivo, en el que saben que a veces se es gobierno, y a veces, oposición.

Politólogo de la Universidad de los Andes.  Entre 1989 y 1994 formó parte de la Consejería Presidencial para la Paz en la cual participó en las negociaciones que llevaron a la desmovilización de las organizaciones  guerrilleras M-19, EPL, Quintín Lame,

PRT y CRS. En 1994 y 1995 fue asesor para temas de paz y seguridad del Vicepresidente de la Republica, Humberto De La Calle. Entre 1995 y 1998 formó parte del equipo que puso en marcha la emisora Radionet al mismo tiempo que fue fundador del programa Paz Pública en La Universidad de los Andes.

 Entre 1998 y 2002 se desempeñó como Consejero Presidencial de Seguridad cargo en el cual puso en marcha la Estrategia para la Convivencia y Seguridad Ciudadana, y coordinó la implementación del componente social del Plan Colombia. Ha sido profesor de la Universidad de los Andes, del Universidad Externado de Colombia, Universidad del Rosario y de la Universidad Militar, en esta última en el manejo de situaciones de crisis.

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